Bayamo, 1 oct (ACN) Con 75 años cumplidos, el cubano Rafael Licea Fernández, residente en esta ciudad, considera que llegar a una edad avanzada es una suerte, y afirmó tener energía y disposición suficientes para mantenerse activo.
Evocó sus inicios en el trabajo, a los ocho abriles, en la estancia de papá, siempre después de asistir a la escuela en las mañanas; mientras sábados y domingos ejercía como limpiabotas ambulante, cargando betún y tinta rápida en un cajón hecho por él mismo.
En declaraciones exclusivas a la Agencia Cubana de Noticias, explicó que entonces vivían en predios del actual municipio de Campechuela, en el suroriental territorio de Granma.
Así fue creciendo, se hizo carpintero en el taller familiar y obrero agrícola, y luego cursó la escuela de la Central de Trabajadores de Cuba en la otrora provincia de Oriente.
Más tarde desempeñó tareas del movimiento sindical en varias regiones de la zona oriental, hasta ser llamado al Servicio Militar Activo, que cumplió en el poblado de Calabazar, en La Habana.
Sobre ese periodo recordó con particular importancia la realización de una donación de sangre de persona a persona, para una embarazada, cuya familia lo visitó después varias veces, y también “me invitaron a su casa”.
El gesto solidario dejó una fuerte huella en Rafael, quien con el transcurso del tiempo sumó otros 59 aportes voluntarios de sangre, hasta que la hipertensión arterial lo obligó a dejar de donar.
De vuelta a la vida civil, Licea Fernández desempeñó por ocho años el cargo de presidente de la Organización de Pioneros José Martí en Campechuela, y durante los 11 posteriores estuvo al frente de la actividad cultural de la demarcación, donde dirigió, además, los sectores de transporte, construcción y materias primas.
Tras la jubilación, hace 14 años, fue a vivir a la ciudad de Bayamo, dedicándose “en cuerpo y alma” al cuidado de su madre invidente, hasta el fallecimiento de la misma, subrayó.
Actualmente es común verlo ocupado para que todos sus vecinos del edificio 59, en el reparto Antonio Guiteras, puedan acopiar agua: conecta la turbina, sube a la azotea a cerrar las llaves de los tanques, y tras el llenado vuelve a subir y abre los grifos.
Conocedores de sus competencias como albañil, residentes de la comunidad también le llevan muebles para reparar, barnizar o tapizar, y él se los deja “lo mejor que puede”, agregó.
Este 1 de octubre, Día Internacional de las Personas de Edad, historias como la de Rafael confirman la valía de los adultos mayores en roles de líderes y cuidadores, y su papel vital para familias, comunidades y economías.
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