Duele la muerte cuando se ensaña con los buenos (+Fotos)

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez
1522
18 Enero 2026

Hay noticias que el corazón se resiste a procesar, aunque el oficio nos obligue a la síntesis y al rigor, partió José Manuel Valido Rodríguez,  compañero y amigo. 

   Se nos ha ido a la eternidad el hombre que no solo leía la realidad, sino que la sentía; aquel que, con la precisión de un cirujano y la lealtad de un hermano, te alertaba de cualquier distorsión antes de que el error se hiciera costumbre. 

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   Duele la muerte cuando se ensaña con los buenos, cuando arranca de cuajo una vida noble que aún tenía mucho que decir y mucho que hacer.

   Hoy los chats de WhatsApp y Messenger no son solo archivos digitales; son santuarios, ahí guardo sus palabras, sus consejos que llegaban como ráfagas de luz. 

   Maldita sea la muerte que intenta silenciar a quien siempre tuvo la voz clara, pero se equivoca la parca: a los guerreros de su estirpe no se les entierra, se les siembra.

   Te veré en lo profundo de La Timba, ese barrio que llevabas en el ADN y del que hablabas con el orgullo del que conoce sus raíces. 

   Ahí, entre el asfalto y la gente, donde se forjó ese carácter que te hacía parecer "de otra galaxia", pero con los pies bien puestos en la tierra.

   Me queda esa imagen tuya, casi niño, junto a Fidel en la EIDE Mártires de Barbados, me la mostraste con el entusiasmo de quien sabe que la historia no es algo que se lee, sino algo que se vive.

   Fuiste ese hombre total: el que bailaba con la pasión de un eterno enamorado junto a la compañera de su vida, el padre orgulloso de Diana Valido, — siempre planto bandera por ella con el coraje de un padre, aún recuerdo la historia que me hiciste, cuando te conté la mía— el que sudaba en los ejercicios físicos y se conectaba con el mundo a través de las redes con la naturalidad del que no tiene nada que ocultar y mucho que enseñar, el habanero que no tenia miedo.

  Aún resuena en mi memoria aquella llamada, cuando yo apenas daba mis primeros pasos en la Agencia Cubana de Noticias (ACN), tus palabras fueron un bautismo de fuego y ética: « Oye, tú puedes, acuérdate de dónde venimos, disciplina, habla poco, confío en ti».

   Hoy no hay titulares que alcancen, solo queda este silencio respetuoso, el que se le tributa a los grandes, a los que pelearon todas las batallas, las públicas y las íntimas. 

   Te escribo y te escucho, hermano, sé que me escuchas y me lees, te veo en el baile de casino— eras un trompo bailando— , en la peña de la pupila insomne, en el latido de  cada despacho de prensa bien escrito  y en el amor de tu familia, te quedas, aquí estas. 

   Hasta siempre, guerrero. en el corazón te llevamos.