Eimy Lucía Pérez López llegó al Hospital Pediátrico Provincial José Luis Miranda de Villa Clara con solo 18 días de nacida, casi sin poder respirar ni tragar por sí sola.
Ocho meses después, la pequeña del municipio de Placetas sonríe en la Sala de Terapia Intermedia, en la cual un equipo multidisciplinario le salvó la vida y da seguimiento a un caso excepcional: un hemangiopericitoma en el cuello, diagnóstico poco común en edades tempranas.
Su historia resume el espíritu de una institución que, desde hace más de seis décadas, es guardiana de la esperanza de miles de niños de la región central de Cuba.
Esa casa de salud, que funciona ininterrumpidamente desde el 31 de julio de 1960, transitó de ser una obra inconclusa de la dictadura batistiana a convertirse en centro de referencia nacional para especialidades como oncohematología, neurocirugía y cirugía neonatal.
La niña de Placetas requirió 11 días de ventilación mecánica en Neonatología, una traqueostomía y el diagnóstico de un hemangiopericitoma, tumor vascular que afecta a aproximadamente un caso por cada millón de habitantes.
“Eimy se ha convertido en la alegría del hospital; usted llega y sabe que todo está bien, porque ella está sonriendo en su cama”, declaró a la Agencia Cubana de Noticias la doctora Yusiley Marcelo Harman, vicedirectora de Asistencia Médica de la entidad.
Y es que el hospital mantiene servicios de primer nivel, pese al recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos. En 2025, la institución alcanzó una supervivencia general del 99.6 por ciento y un 99.5 en Neonatología.

Logros y sobrevida: indicadores de excelencia
Los resultados del hospital en el calendario anterior reflejan el trabajo sostenido de su colectivo. Se atendieron 108 mil 592 consultas, de las cuales 60 mil 890 fueron de urgencia. Ingresaron nueve mil 255 pacientes, de ellos 733 casos graves.
Considerada “de primer mundo” por su calidad, la Sala de Neonatología atiende a pacientes de toda la región central, que incluyen derivaciones de Cienfuegos, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila. También a veces de Camagüey, Matanzas y otras provincias.
“Nosotros tenemos doctores en ciencia tanto de enfermería como de medicina, y una maestría propia de la institución en atención integral al niño”, explicó Anabel Machado Pérez, jefa del Departamento de Registros Médicos.
Dispone la instalación de un plan de formación de máster y doctores en ciencia con proyección a 12 y cinco años, respectivamente. Además, la maestría atrae a especialistas de otras provincias.
La supervivencia en atención al grave alcanza el 96 por ciento. “La Sala de Terapia Intensiva de este hospital es una de las mejores del país en cuanto a calidad de la atención y en cuanto a resultados”, enfatizó la doctora Marcelo Harman.
Durante los últimos meses, la institución ha recibido inversiones de tabacaleros y mipymes del sector no estatal dirigidas a la reparación de salas como Neurocirugía y Terapia Intermedia, la reanimación del sistema de climatización y el robustecimiento del parque tecnológico.
“Los tabacaleros nos ayudaron mucho en la climatización; aquí pusieron más de 20 aires acondicionados y splits en varios lugares donde nos hacían falta para mejorar los servicios”, declaró la vicedirectora.
“Mi hijo estuvo grave, pero los médicos hicieron todo lo posible y se salvó. A veces hay que esperar por algunos insumos, pero cuando los consiguen, todo se resuelve; y el trato humano es lo que más agradezco, porque no tienen comparación esas almas tan nobles de los galenos”, comentó Marlén Reyes, madre de un infante dado de alta recientemente.

Ciencia, tecnología y humanismo en la atención
La Sala de Terapia Intermedia, en la cual Eimy permanece ingresada, cuenta con 12 camas y 19 enfermeros, y recibe pacientes pediátricos con traqueotomías, gastrostomías y otros estados que demandan cuidados adicionales.
Lidia Esther Collado Cabañín, doctora en Ciencias de la Enfermería y jefa del servicio, explicó que el cuidado de Eimy es profesional, pero “ya también familiar”. Se realiza cura diaria de la zona de la traqueostomía y aspiraciones de secreciones cada vez que deviene necesario.
Como resultado de su tesis doctoral, en la sala se implementan tecnologías educativas —nueve audiovisuales, dos manuales y un reloj cuidador— para preparar a los familiares en el manejo de estos niños en sus casas.
“Generalmente cuando estos niños van hacia el hogar, nos quedamos con ese lazo afectivo que el tiempo no permite borrar”, afirmó.
Elizabeth López, madre de Eimy, agradeció la atención recibida: «No solo lo propiamente médico, sino de forma muy especial el trato humano y la empatía con nosotras ha permitido una recuperación tan favorable. La niña hizo un paro respiratorio a los pocos días de nacida, a pesar de eso la reanimación fue maravillosa y no quedaron secuelas. ¿Qué más puedo decir? Solo dar las gracias a estos especialistas y a esta Revolución tan grande.
A pesar de que la situación electroenergética ha sido un poco difícil, realmente nosotros no tenemos ningún servicio cerrado. Todas las consultas se han mantenido, aunque algunas han tenido que reestructurarse en cuanto a frecuencia o cantidad de turnos diarios”, aseguró Marcelo Harman.
“Para este país, incluso en las peores condiciones materiales como consecuencia de la acción imperialista, se sigue priorizando la atención de los pacientes pediátricos y el programa materno infantil”, enfatizó.
El Hospital Pediátrico Provincial José Luis Miranda, con sus 273 camas y más de 400 profesionales, sigue siendo ese lugar donde la ciencia se funde con el cariño y donde, como en el caso de Eimy, la vida siempre encuentra una sonrisa.
Su historia de 66 años de entrega a la infancia cubana es una prueba de que, a pesar del bloqueo, la esperanza no se rinde.
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