Rodeada de la flora y fauna espirituanas nació hace poco más de 14 años, Sandrita, quien ama a sus animales, las flores y familiares del poblado de Gavilanes.
Esa comunidad intramontana está a 14 kilómetros de Pedrero y al doble de Fomento. Son caminos agrestes que se recorren a pie, en mulos y caballos y con el transporte adecuado.
Tal resulta el mundo de la protagonista de estas líneas, enamorada desde que abrió los ojos del monte, el río, las lomas, el sonido de las aves cantoras y el verde del entorno, confabulado con el azul intenso del cielo.
Supe de ella primero a través de su abuela Haydee Arista, una amiga del vecindario, quien emigró de la serranía hacia la capital, pero no olvida sus ancestros.

Con Sandra Lianet Pino Marín contacté entonces --un trienio atrás-- vía móvil, ya fuese por llamadas directas o el WhatsApp. Sólo fue ahora en el calendario en curso cuando la jovencita -- el 4 de julio del 2027 cumplirá 15-- visitó La Habana y finalmente nos conocimos y conversamos.
Toda esta historia partió de la sencillez de una petición y el cumplimiento de tal reclamo. Cuando su Abu pudo ir a verla, al regreso solo le encargó que le pidiera a la periodista hojas blancas, las cuales un tiempo después ella recibió y reciprocó el gesto haciendo unos dibujos para mí.
Una segunda temporada
Aunque no es de mucho platicar, al menos conmigo a quien veía en vivo por primera vez, Sandrita se mostró cariñosa y sonriente.
Como todos los de su generación, semeja un lince con el celular en mano y me mostró bellas imágenes del paisaje de su natal localidad y a sus principales mascotas.
En el 2023 tenía pasión por su caballo Spirit, ya con unos años y algunas dolencias propias de la raza que se lo llevaron. Siguió rodeada de la vaca Sofía, los gatos, los perros...
Sin embargo, no se olvidó de montar y ejercita la equitación con su nueva yegua Muñeca, a la cual acicala como antaño hacía con otros juguetes.
Sobre su lomo se mueve por el pueblo y recorre los seis kilómetros que la separan de la finca donde laboran sus padres.
Ellos --Yanelis Marín Ramírez y Roberto Pino Díaz-- son una pareja dedicada a la tierra, fundamentalmente cultivan café, frutales varios y plátanos, así como a la cría de animales con énfasis en la rama porcina.
Ambos ven por los ojos de Sandrita, a quien miman quizás en demasía. Claro, resulta la más chica de la casa. Tiene otras dos hermanas mayores por la parte materna, ambas radicadas en el extranjero. Así que “la peque” constituye el centro del hogar y los afanes de futuro.
Hasta ahora Gavilanes ha sido su espacio y le reconoce sus bondades, a la cabeza de los cuales sitúa al privilegiado entorno natural.
De un vistazo cuenta de las viviendas de los lugareños, algunas de placa como la suya; de la bodega, la escuela primaria y ahora secundaria básica también Eladio Rodríguez Méndez, donde ella cursa el noveno grado; la farmacia-cuerpo de guardia y el Museo Frente de Las Villas, en cuyo exterior se alza una escultura en homenaje al Comandante Ernesto Che Guevara.
El Che posee un espacio especial en la vida de la familia Pino Marín, pues la entrevistada es nieta de Gonzalo Pino (89 años), quien fuera arriero por esos lares a las órdenes del Guerrillero Heroico.
Luego de escuchar atenta sus palabras, le pregunté sin más dilación: ¿A qué quieres dedicarte? Fue una indagación reincidente, pues tres años antes igual quise saber al respecto.
En aquella fecha me habló de su inclinación por ser Amazonas, lo que resultó natural por su afición por los equinos, pero también admitió la pasión por la pintura. Todavía guardo las hojas con los dibujos que me fueron regalados.
Tuve entonces la certeza de que ella podría ser una jinete pintora o una cultora de las artes plásticas que cabalgaba.
Quizás por el real fatalismo geográfico de residir distante de los lugares donde podrían ser fomentadas sus preferencias, me detuve a pensar si se mantendría en sus opciones a seguir de acuerdo con los gustos previos compartidos.
Y para mi sorpresa, al insistir en indagar: Sandrita se confesó en la actualidad interesada en la veterinaria, lo que resulta lógico dada su cercanía a la fauna, en una elección muestra de madurez.
Pero, agregó con presteza, me sigue gustando mucho cabalgar y dibujar.
No sé cuándo nos volvamos a ver -- seguimos en comunicación vía on line-- aunque ya fui invitada oficialmente a los 15, en julio entrante, lo cual acontecerá en el círculo social del caserío, donde también fueron celebrados los tres lustros de sus dos hermanas: Erika y Rocío. El porvenir dirá.
Aunque siempre esperé verla por los predios habaneros, no sé si coincidiremos en el lomerío y de nuevo un encuentro conlleve a que la saga periodística, tenga otra temporada, como sucede en la literatura y el cine, en la cual develaremos si esta jovencita resultó ser Amazonas, pintora o veterinaria; o si apostó por todas sus predilecciones al mismo tiempo.
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