En Isla de la Juventud, antes Isla de Pinos, se levanta Nueva Gerona, que guarda en sus columnas y plazas la huella de casi dos siglos de historia. El origen de su nacimiento se remonta a 1826, cuando el capitán general Francisco Dionisio Vives presidió en La Habana la reunión que dio paso al Acta de Colonización.
Dos años después, en un territorio estratégico rodeado de sierras, comenzó a tomar forma la población, una de las antiguas denominaciones fundacionales, por no ser ni caserío ni villa debido al número de habitantes (poco más de 500), dedicados fundamentalmente a la agricultura y la ganadería.
El 17 de diciembre de 1830, con apenas 28 casas, un cuartel, una farmacia y cuatro tiendas, se fundó oficialmente la Colonia Reina Amalia —bautizada así en honor a la esposa del rey Fernando VII— y Nueva Gerona, el enclave pronto adquirió otra función: servir de presidio para reos comunes y políticos, sometidos a duras condiciones de vida y trabajo.
La plaza Isabel II —hoy General Lacret— se convirtió en el corazón de la nueva población, con la Comandancia, la Caja de la Real Hacienda, la iglesia, el hospital y el presidio como símbolos de autoridad y control.
Su arquitectura inicial se levantó con madera y guano de palma cana, materiales abundantes y económicos. Pero el hallazgo del barro fuerte en 1828 transformó la morfología del lugar: la industria de la cerámica roja permitió fabricar ladrillos y tejas resistentes, para dar paso a construcciones más sólidas y elegantes.
Aparecieron en el paisaje columnas enladrilladas, repetidas en casas de madera y mampostería, se convirtieron en su sello distintivo.
Este escenario fue también testigo de la presencia del joven José Martí, quien permaneció del 13 de octubre al 18 de diciembre en la finca El Abra en compañía de su padre; y de la lucha independentista, cuando el 26 de julio de 1896, una caballería mal armada liderada por Bruno Hernández Blanco irrumpió en la fiesta patronal por Santa Ana con vítores de ¡Cuba Libre!
El levantamiento, ocurrido alrededor de las ocho de la noche, quedó inscrito en la historia patria. Investigaciones recientes revelan que el patriota Ramón García, pescador de Batabanó comprometido con la causa, servía de enlace entre los complotados de este territorio y los generales Antonio Maceo y Pedro Díaz.
Ese episodio se inscribió en la estrategia de Maceo durante la invasión de Oriente a Occidente, precedida por su encuentro con los expedicionarios del Balandro Margarita en enero de 1896, cuando conoció del movimiento rebelde en la colonia penal, donde cerca de 300 patriotas tenían el perímetro de Nueva Gerona por cárcel.
Décadas más tarde y bajo el nombre de Isla de Pinos, la segunda isla más grande del archipiélago cubano sufrió la presencia norteamericana y los intentos de anexión a Estados Unidos, que se disiparon con la ratificación del Tratado Hay-Quesada de 1925, que restituyó la soberanía cubana.
Su principal arteria, testigo silente de tanta historia, presenció el 15 de mayo de 1955 la excarcelación del Presidio Modelo, de los sobrevivientes de la epopeya del Moncada, quienes liderados por Fidel Castro Ruz (1926-2016), redimieron la memoria del Apóstol en el centenario de su natalicio por una Patria libre.
Ya en los años de Revolución, jóvenes de toda Cuba llegaron para transformar un paisaje devastado por el huracán y reconstruir su infraestructura socioeconómica, hasta que en 1978 la isla mereció el nombre que hoy ostenta: Isla de la Juventud.
La revolución educacional que acompañó este nuevo desarrollo se sostuvo en dos pilares: las extensas plantaciones citrícolas y la formación de estudiantes provenientes de diversas provincias cubanas y de múltiples nacionalidades de África, América Latina y Asia, Nueva Gerona se convirtió entonces en escenario de vínculos de solidaridad y fraternidad entre pueblos hermanos.
Al amparo de esa memoria y a 195 años de su fundación —fecha que coincide con el deceso de Simón Bolívar, el Libertador de América—, Nueva Gerona continúa siendo el centro político, administrativo y cultural de Isla de la Juventud, un territorio que hoy supera los 70 mil habitantes.
Con las fachadas, retocadas y renovadas, se celebra la permanencia de una ciudad que nació entre sierras y memorias, y que aún conserva su valor histórico y patrimonial.
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