La Olimpiada Mundial de Ajedrez, el evento más importante entre selecciones nacionales en el juego ciencia tendrá lugar en Samarcanda, Uzbekistán, del 15 al 28 de septiembre, con la participación de 194 países.
Esto nos brinda la posibilidad de abordar un tema que puede resultar interesante, pues se conoce bastante sobre los cubanos que subieron al podio en citas bajo los cinco aros, pero se habla poco de los trebejistas cubanos que obtuvieron preseas en las Olimpiadas del llamado deporte-mente.
En total suman ocho los ajedrecistas que representaron al Verde Caimán y que conquistaron medallas en estos certámenes, distribuidas en tres de oro, igual cantidad de plata y dos de bronce.
Justo en el debut de los cubanos en Buenos Aires, 1939, José Raúl Capablanca y Graupera, monarca del orbe de 1921 a 1927, en su última competencia oficial, conquistó la presea áurea en el asiento principal.
El mejor trebejista de nuestro archipiélago en todas las épocas obtuvo 11.5 puntos de 16 posibles en la fase clasificatoria, gracias a siete victorias y nueve tablas, para un 71.6 por ciento (%); mientras el entonces monarca del orbe, el ruso nacionalizado francés Alexander Alekhine tuvo un rendimiento superior con 78.1 %.
Pese a ello el metal más codiciado entre los defensores de la primera silla fue a manos de Capablanca, pues la etapa valedera para hacerse de alguna presea era la final y en ese tramo el cubano finalizó invicto con seis triunfos y cinco divisiones del punto, lo que le permitió archivar 8.5 rayitas en 11 partidas, para un 77.2 % de rendimiento.
En similar segmento, Alekhine archivó 7.5 de 10 para un 75 %, en tanto el letón Vladimirs Petrovs, con 9.5 de 13, resultó el tercer mejor tablero.
Pasaron casi seis décadas para que otro criollo lograra hacerse de una presea áurea, cuando en la Olimpiada de Elistá, Kalmikia, en 1998, el GM matancero Reinaldo Vera González-Quevedo resultó el mejor tercer tablero con un 77.8 % de rendimiento, al obtener siete puntos de nueve posibles.
Menos tiempo transcurrió para que llegara la tercera medalla de oro en Khanty Mansiysk, Rusia, 2010, donde igualmente en la tercera silla la WGM Yaniet Marrero López sumó siete rayitas en las ocho partidas que jugó, para un 87.5 % de rendimiento.
Así se erigió en figura clave para que nuestras féminas rubricaran su desempeño más sobresaliente en estas citas con un sorprendente cuarto peldaño que, por el momento, parece irrepetible.
Dos años antes en la ciudad alemana de Dresde, la WGM santiaguera Oleiny Linares Nápoles se adjudicó una presea plateada en la mesa cuatro con un deslumbrante resultado de nueve unidades, en 10 cotejos, para un 90 % de rendimiento.
En Tromso, Noruega, 2014, el GM holguinero Isam Reynaldo Ortiz Suárez consiguió un metal del mismo color que Oleiny en el cuarto tablero, al sumar seis puntos en ocho cotejos, para un 75 %.
Luego, en Bakú, Azerbaiyán, 2016, el GM Leinier Domínguez Pérez, que actualmente representa a Estados Unidos, se adueñó de la medalla de plata, entre los defensores de la primera silla con 7.5 rayitas en 10 partidas para un 75 %, solo aventajado por el georgiano Baduur Jobava, que logró ocho de 10 posibles.
En cuanto a las preseas de bronce, el decano de los grandes maestros cubanos, Silvino García Martínez, ganó una entre los jugadores de reserva en la Olimpiada efectuada en Buenos Aires, Argentina, 1978, donde acumuló 8 puntos en 11 enfrentamientos, que le reportó un 72.7 de porcentaje.
Otra medalla de similar color guarda celosamente la WGM Zirka Frómeta Castillo quien, en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, 1986, rindió para un 75 % en el tercer tablero, al sumar nueve puntos en 12 partidas. Entre sus triunfos sobresalió el que se anotó a costa de la entonces subcampeona mundial, Elena Akhjmilovskaya, ya desaparecida.
Por tanto, en su periplo de 87 años por estos certámenes, Cuba archiva ocho preseas individuales en las Olimpiadas Mundiales de Ajedrez, repartidas en tres de oro, igual cantidad de plata y dos de bronce.
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