El ave blanca y la dama azul

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ACN - Cuba
Henry Omar Pérez
84
20 Septiembre 2026

  Santa Clara, 20 sep (ACN) Entre las salobres aguas de la bahía de Cienfuegos y los muros centenarios de la fortaleza Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, las noches de luna encierran fábulas que la tradición oral de los marineros transmite de generación en generación.

   Pocas narraciones populares atrapan tanto el asombro colectivo como el mito del ave blanca y la enigmática dama vestida de azul.

   El imaginario de las comunidades pesqueras conserva este relato mitológico desde la etapa fundacional en que se levantaba la fortificación colonial, según valoró en declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias el investigador Alejandro Batista López, director de la revista Signos y especialista de la Casa Samuel Feijóo, al analizar el impacto del folclor regional.

   Al recrear los elementos simbólicos de la leyenda, Batista López explicó que la trama fantástica situaba la supuesta aparición al filo de la medianoche, momento en el cual una extraña ave albina comenzaba a describir círculos en el cielo mientras lanzaba graznidos agudos sobre las almenas.

   Con cada sonido del pájaro, según refiere la fábula tradicional, ocurría el prodigio: de entre las paredes de la capilla emergía una figura femenina ataviada con un traje azul brocado en perlas finas, cuyo velo ondulante flotaba en el aire dejando estelas celestes entre las torres de vigilancia.

   Dicha narración popular detalla que una densa bruma envolvía la estructura militar hasta ocultarla en la sombra, mientras el supuesto espectro simulaba caminar ingrávido sobre los fosos, provocando la huida de los centinelas españoles que abandonaban sus puestos de guardia.

   Cansado de lo que juzgaba como simples pretextos de su tropa para eludir la vigilia nocturna, el alférez al mando decidió asumir personalmente la ronda con el propósito de desmontar la historia transmitida por los pobladores.

   Sin embargo, siempre según el mito costero, la escena volvió a manifestarse ante sus ojos, obligando al oficial a retar con su espada a la visión en medio de la soledad nocturna tras el escape de sus soldados.

   Al amanecer, concluye el relato transmitido por los ancianos de la zona, los centinelas encontraron al alférez tendido en el pavimento con su arma partida en dos mitades, abrazado al vestido azul que guardaba en su interior los restos de una osamenta humana, tras lo cual el militar perdió la razón y fue recluido en un sanatorio.

   Para el director de la revista Signos, este tipo de manifestaciones mitológicas demuestra la riqueza inagotable del patrimonio oral campesino y marinero, capaz de transfigurar sucesos cotidianos en alegorías imperecederas de la identidad cultural cubana.


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