El 17 de mayo de 1946 fue asesinado el líder campesino Niceto Pérez García, mientras laboraba en el campo acompañado de su hijo de siete años, cerca de su vivienda, situada en el realengo El vínculo, hoy perteneciente a la provincia de Guantánamo.
Ordenado por el terrateniente Lino Mancebo, el crimen enardeció a la nación, pero quedó impune a pesar de las denuncias probadas por juristas honrados, la opinión pública y el respaldo de organizaciones como la Federación Estudiantil Universitaria implicadas en una lucha sin descanso, cuyos reclamos llegaron hasta el presidente Ramón Grau San Martín.
Grau se dignó a recibir a la viuda con las palabras hipócritas que lo caracterizaron, fue amable y le donó 100 pesos a la señora mientras prometía hacer que se cumpliera la ley. Esto no ocurrió nunca.
Sabe Dios cuándo empezaron a llamar Niceto al niño nombrado Aniceto por sus padres, pero con el primer apelativo pasó a la historia nacional este hombre convertido en símbolo de un sector decisivo en la nación y, sin embargo, subestimado y víctima de la explotación de transnacionales y geófagos.
Mucho caminó Niceto para encontrar un sitio más o menos adecuado y vivir con su familia, pues nació el 20 de marzo de 1908 en la zona rural de Güira de Melena, perteneciente al municipio de San Antonio de los Baños, occidente del país.
Le pareció que en ese realengo había encontrado lo necesario y allí vivió 20 años.
Los terrenos pertenecían de manera técnica al Estado, de acuerdo con una ley y la Constitución del 40 que había prohibido los latifundios, aunque todavía no se instrumentaba. Nada de eso era respetado ni por oligarcas ni ricos.
Lino Mancebo ambicionaba aquellas tierras vecinas a una propiedad suya y le ordenó a Niceto el desalojo, a lo cual el campesino se opuso y nucleó a su alrededor otras personas en la misma situación que él, víctimas de ese y otros abusos.
Ya en 1934 habían ocurrido los sucesos del Realengo 18, tratados por el periodista y combatiente internacionalista Pablo de la Torriente Brau, en los cuales el campesinado cubano probó su capacidad de combate, aun viviendo en zonas intrincadas y pobres.
Ninguna amenaza acobardó a Niceto, quien defendió su derecho y llegó a afirmar que para expulsarlo de esa tierra habría que matarlo.
Eso fue lo que hicieron los Mancebo, padre e hijo, en la incursión hecha hasta el predio del labriego, acompañados por dos gendarmes de la Guardia Rural.
El día del crimen a los ejecutores no les bastó el balazo único que segó su vida, saquearon los sembrados por cosechar y dejaron sin alimentos a la familia, en un acto de miseria humana incalificable.
Moribundo Niceto, trasmitió a su esposa quiénes fueron los autores del atentado y ella no descansó pidiendo el castigo a los malhechores. Ellos, con su dinero, hicieron que no valieran nada las comprobaciones de abogados que esgrimieron la verdad, comprobada en proceso y se impusieran los engaños.
En vida Niceto luchó por él y por su familia, junto a un movimiento de campesinos que unía a representantes de las 128 familias residentes en El vínculo, que desde abril de 1944 sufrían la persecución y las amenazas de desalojo de los Mancebo.
Un mes antes de que se ordenara su muerte, el líder había hecho una denuncia contra el acto ilegal del poderoso, pero no recibió respuesta de las autoridades.
La Confederación Nacional de Campesinos de Cuba levantó inmediatamente una campaña para lograr el esclarecimiento del crimen y llegar a la verdad; que imperara el decoro en el dictamen final, que ejerció presión sobre el Gobierno. Al final ocurrió lo de siempre en una república que desde su surgimiento traicionó los sueños de Martí y de otros patriotas.
Aunque Lino Mancebo fue ajusticiado por un comando revolucionario en 1947, la causa de Niceto no fue olvidada.
En memoria de Niceto se firmó la Primera Ley de Reforma Agraria el 17 de mayo de 1959 y luego se ratificó la efeméride como Día del Campesino Cubano.
La Revolución triunfante en enero de 1959 convirtió esa Ley en la primera creada por un proceso iniciado entonces de manera cabal a favor del pueblo.
No solo se trataba de hacer justicia para ese gremio, sino también de resguardar la memoria de ese cubano sencillo y humilde como representante de lo más aguerrido del sector campesino y agrícola cubano. Y se ha logrado.
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