En la intersección de las calles Luis Estévez y Martí, en el corazón de Santa Clara, una casa se convertirá esta noche en destino de peregrinación para la Marcha de las Antorchas.
No es un monumento oficial de mármol, sino una vivienda familiar: la del abogado Benito Besada.
La esquina emerge como un eslabón crucial y poco difundido de la historia, en el año del centenario del natalicio de Fidel Castro, el lugar donde 76 años atrás, un joven jurista recién graduado preparó su primera gran confrontación forense y política.
Hoy, la antorcha en memoria de José Martí se detendrá aquí, frente a esa vivienda, para tributar también a Fidel. En declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias, Vladimir Hernández Meneses, jefe del Departamento Ideológico de la Unión de Jóvenes Comunistas en Villa Clara, confirmó que este será uno de los dos puntos significativos del recorrido, cargado de simbolismo en este 2026.
La relación entre Fidel Castro y Benito Besada Ramos se forjó en las aulas de la Universidad de La Habana. Allí ambos estudiaron Derecho. Esa camaradería estudiantil se transformó en solidaridad profesional en un momento decisivo.
En noviembre de 1950, Fidel, con 24 años y recién inscrito en el Colegio de Abogados, fue detenido junto a su compañero Benavides Santos en Cienfuegos.
Ambos eran líderes de la Federación Estudiantil Universitaria y participaban en protestas contra medidas del Ministro de Educación. Trasladados a Santa Clara para ser juzgados, el proceso se fijó para el 14 de diciembre de 1950.
Fue entonces cuando Besada, ya ejerciendo en Santa Clara, se convirtió en su apoyo clave. En la madrugada del 13 de diciembre, Fidel y Benavides llegaron casi al amanecer a su hogar, visiblemente cansados.
Besada los acogió, ofreció desayuno y, como colegial experimentado, se adelantó a la Audiencia para sondear el ambiente del tribunal y trazar la estrategia defensiva.
Esa noche, Fidel durmió bajo el techo de su amigo, descansando, según el mito popular, sobre un libro que marcaría el tono de lo que vendría: "¡Yo acuso!", de Émile Zola.
Al mediodía del 14 de diciembre, los tres se presentaron en la Sala de Justicia de la antigua provincia de Las Villas para la vista de la Causa 543/50. Benito Besada asumió la defensa formal de Benavides.
Cuando el presidente del tribunal preguntó a Fidel quién lo defendería, su respuesta fue contundente: "Yo asumiré mi defensa".
Lo que siguió no fue una defensa jurídica al uso. Fidel, vistiendo la toga, transformó el estrado en una tribuna política. Según el relato del propio Besada, publicado años después: "pronunció una alocución violenta; apasionada denuncia contra la política corrupta del régimen de Prío; la falta de garantías constitucionales; la malversación de nuestras riquezas...".
Su alegato fue un "valiente ¡yo acuso!", que apenas se refirió a los cargos en su contra para emplazar directamente a los gobernantes.
Besada, desde la mesa de la defensa, confesó su preocupación. Incluso, intentó moderar a su amigo halándole discretamente la manga, temiendo que su encendido discurso perjudicara el fallo.
El impacto en la sala fue absoluto: "Jamás en la Audiencia de Las Villas se había hablado en esos términos", recordaría Besada. Contra todo pronóstico, el tribunal, visiblemente impresionado, dictó sentencia absolutoria.
Al salir, Fidel se dirigió a su amigo con una frase que resumía su convicción: "No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas".
Por décadas, el expediente de la Causa 543 permaneció olvidado en los archivos de la Audiencia. Fue el periodista villaclareño Aldo Isidrón del Valle quien, en una acuciosa investigación, lo rescató para el patrimonio nacional en la década de 2010.
La pista inicial la había dado el propio Fidel en 1977, durante un discurso en Santa Clara, donde mencionó de pasada aquel juicio de su juventud. Isidrón del Valle localizó la carpeta rosada, y el hallazgo fue tan significativo que fue presentado a Celia Sánchez en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
Hoy, una tarja en la esquina de Luis Estévez y Martí señala el lugar exacto de la casa de Besada. Más que un dato anecdótico, aquella estancia representa un momento de transición íntima y política: el paso del estudiante al profesional, la primera vez que el futuro Comandante en Jefe empleó las leyes como arma de denuncia masiva, y la prueba de una amistad que se puso a prueba en la coyuntura del deber.
Al celebrarse el centenario del natalicio de Fidel Castro, la Marcha de las Antorchas en esta urbe del centro del país adquiere una profundidad histórica singular. El recorrido no solo conecta el Parque de los Mártires con el Parque Vidal, también tiende un puente entre el joven abogado de 1950 y las nuevas generaciones de 2026.
Esta noche, la luz de las antorchas que se encenderá en esos dominios en memoria de Martí, se detendrá a iluminar la fachada donde una noche durmió Fidel. Es un recordatorio de que los líderes no emergen por generación espontánea, sino que se forjan en el estudio, la amistad leal, el valor civil y la confrontación temprana con la injusticia.
La casa de Benito Besada, un santaclareño que fue cómplice, amigo y testigo de excepción, se erige así en un símbolo terrenal y accesible de ese tramo fundacional de la biografía revolucionaria.
Al pasar frente a ella, la juventud villaclareña rendirá tributo a un hecho y se conectará con la humanidad de un joven que, desde Santa Clara, comenzó a cumplir la promesa hecha a Martí.
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