Fidel y el reto ineludible de las transformaciones económicas

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ACN - Cuba
Orlando Ruiz Ruiz
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07 Julio 2026

Muchos se sorprenden hoy, incluidos los que llegan al punto de escandalizarse, ante los cambios que en Cuba han sido necesarios asumir en el modelo socialista, por los avatares de una crisis económica que el bloqueo estadounidense -multiplicado al nivel del absurdo y la barbarie- ha llevado a límites frente a los cuales se impone encontrar salidas que hagan viable a corto plazo la recuperación financiera de la nación.

   Es cierto que las decisiones adoptadas bordean el riesgoso límite que implica aplicar medidas como la extensión de la propiedad privada y la libre presencia de las reglas del mercado, pero la dura realidad de la escasez de alimentos y las carencias de casi todo lo básico que sufre la mayoría de los cubanos, lejos de ceder se hace más aguda, a pesar de los malabares económicos de la dirección del país hechos hasta ahora para solucionarlo.

   Existen aludidos expuestos por algunas personas dentro de la población que se ufanan en propalar la idea de que Fidel nunca hubiera dado este paso; otros, sustentados en ciertos "fundamentos teóricos", arguyen que "el socialismo se acabó en Cuba" y que "el Comandante en Jefe no estaría de acuerdo con los cambios que se hacen hoy en la economía".

   Lo cierto es que el propio Fidel, como resulta harto conocido, dejó claro en su testamento político que Revolución es -precisamente- "cambiar todo lo que debe ser cambiado"(...) "Es sentido del momento histórico"(...) "Es luchar con audacia, inteligencia y realismo". 

    En uno de sus más trascendentales y abarcadores discursos, pronunciado en la clausura del encuentro mundial de solidaridad con Cuba, efectuado en el teatro Carlos Marx, el 25 de noviembre de 1994, el máximo líder expresó: "En Cuba hemos hecho profundos cambios políticos. ¿Habrá país que haya hecho más cambios políticos que nosotros? ¿Qué es una revolución, sino el más profundo y extraordinario cambio político?".

   Al referirse a las transformaciones económicas aplicadas en los años 90, como consecuencia del "período especial", reflexionó: "Nosotros veníamos llevando a cabo excelentes planes antes de que ocurriera la catástrofe socialista, excelentes planes en todos los sentidos; estábamos llevando a cabo un proceso de rectificación de errores y tendencias negativas —de viejos errores y nuevos errores, de viejas tendencias y nuevas tendencias—, y trabajando intensísimamente, cuando empieza a producirse toda esa debacle.

    "Nuestro país se vio envuelto en aquel momento en un doble bloqueo y, sin embargo, había que salvar la patria, había que salvar la Revolución y había que salvar el socialismo —nosotros le llamamos salvar las conquistas del socialismo, porque no podemos decir en estos momentos que estamos construyendo el socialismo, sino que estamos defendiendo lo que hemos hecho, estamos defendiendo las conquistas que hemos alcanzado", agregó. 

   Fidel explica cómo este era "el objetivo fundamental en un mundo que había cambiado de manera radical, en que todo el poder del imperio se volvía contra nosotros; porque, por ejemplo, a China, gran país, inmenso país, que defiende las ideas del socialismo, no le ponen condiciones; a Viet Nam, maravilloso y heroico país, no le ponen condiciones.   

    "No hay hoy bloqueo contra ellos -aclara-, pero sí bloqueo contra nosotros. Pónganse ustedes en el lugar de nuestro Partido y de nuestra dirección. Y en esas condiciones tan difíciles como no existieron nunca, jamás, salvar la patria, salvar la Revolución y salvar las conquistas del socialismo.

   "En las condiciones de la Cuba de hoy, sin capital, sin tecnología y sin mercados, no podríamos desarrollarnos, de ahí que todas las medidas, cambios y reformas que vamos haciendo, en un sentido y en otro, tienen el objetivo de salvaguardar la independencia, la Revolución —porque la Revolución es la fuente de todo— y las conquistas del socialismo, que quiere decir preservar el socialismo o el derecho de seguir construyendo el socialismo cuando las circunstancias lo permitan. 

   "Hacemos cambios, pero sin renunciar a la independencia y a la soberanía; hacemos cambios, pero sin renunciar al verdadero principio del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, que, traducido al lenguaje revolucionario, es el gobierno de los trabajadores, por los trabajadores y para los trabajadores", sentenció. 

   "No es el gobierno de los burgueses, por los burgueses y para los burgueses; no el gobierno de los capitalistas, por los capitalistas y para los capitalistas; no el gobierno de las transnacionales, por las transnacionales y para las transnacionales; no el gobierno del imperialismo, por el imperialismo y para el imperialismo.

   "Esa es la gran diferencia, cualesquiera que sean los cambios y las reformas que llevemos adelante. Si algún día renunciáramos a esto, habríamos renunciado a la razón de ser de la Revolución", concluyó. 


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