Cuba en Juegos Centroamericanos: México y La Habana abren camino

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ACN - Cuba
John Vila Acosta Foto Archivo
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07 Julio 2026

 Aquel octubre de 1926 el Estadio Nacional recibió a tres delegaciones: Guatemala, Cuba y México, la sede, aunque pudieron ser nueve de acuerdo con el número de invitados, para celebrar la edición pionera de los Juegos Centroamericanos (las tres primeras se llamaron así), reconocidos como la competición regional más antigua avalada por el Comité Olímpico Internacional (COI).

   Gracias a la iniciativa de la Sociedad Olímpica Mexicana, que buscaba elevar el nivel competitivo de los países de la región, la cita ya era un hecho, 271 hombres, ninguna mujer (aunque el reglamento permitía su presencia en voleibol, natación y tenis), pugnarían por los primeros premios y la gloria de subir los colores de la bandera a los más alto de los escenarios competitivos.

   Según refleja un artículo de la revista digital Cubahora, el pulso de Cuba se sintió con fuerza en dos frentes: béisbol y esgrima, en el primero de ellos con triunfos rotundos en los tres partidos ante México: 12 0, 10 3 (en seis entradas) y 8 2, además de provocar un gesto casi teatral, cuando, al término del primero, el público invadió el terreno contra sus propios seleccionadores.

   En esgrima, Ramón Fonst volvió a demostrar porqué fue el primer campeón olímpico latinoamericano (París 1900 y San Luis 1904) y no solo compitió, gobernó, con títulos en florete, espada, sable, 24 victorias, una derrota y solo siete toques recibidos, dominio que hoy parece exagerado en un contexto deportivo totalmente diferente, en el cual las distancias se han acortado entre los más potentes y los supuestamente más débiles.

   Resalta el reporte de prensa que en la natación el cubano Leonel “Bebito” Smith fue como un pez, al ganar los 400 y 800 metros libres, una faena que luego repetiría en La Habana 1930, mientras otra nota recogió la participación cubana en las reclamaciones en tiro, registradas décadas después en la edición inicial del libro Los Juegos regionales más antiguos, publicado con motivo de la edición de La Habana 1982.

   Del ámbito internacional lo más sobresaliente resultó el clavadista anfitrión Federico Mariscal, quien firmó tres oros entre trampolín y plataforma para convertirse en figura imprescindible de la cita, que finalmente dominó la delegación del país de los aztecas, al cosechar 25 preseas de oro y un total de 67 metales, mientras Cuba le escoltaba con foja de 14 doradas y botín de 44 preseas de otros colores.

   Cuatro años después La Habana se convertiría en el epicentro del deporte regional, con ocho países en liza, 10 deportes y más de 600 representantes que incluyeron por vez primera a mujeres en la especialidad de tenis de campo.

   Refiere el sitio digital del semanario Trabajadores que, si en la justa inicial México plantó bandera en la cima, en esta ocasión los anfitriones aprovecharon su condición de sede para dominar por naciones en un programa de competencias con atletismo, baloncesto, béisbol, fútbol, natación, clavados, esgrima, tiro, voleibol y tenis, en tanto en calidad de exhibición se desarrolló el polo a caballo y la pelota vasca.

   Esta vez, los dueños de casa se hicieron fuertes en béisbol, atletismo, tenis, natación, tiro, esgrima y fútbol, para una cosecha de 30 preseas: 12 de oro, ocho de plata y 10 de bronce solo entre estas disciplinas, para apuntalar un acumulado general de 28-19-21 y 68 gemas totales.

   En el nivel individual descollaron en los Juegos Darío Álvarez con títulos en 800 y 1500 metros planos, el nadador Leonel Smith, ganador en 400 y 1500 metros libre, además del premio mayor en el relevo 4 x 100 estilo libre junto a Gonzalo Silverio, Cosme Carol y Pablo La Rosa, quien también se impuso en los 100 metros de los estilos libre y espalda.

   Las primeras citas en México 1926 y La Habana 1930, consideradas hitos fundacionales de esta importante competición, consolidaron un certamen que, de un cuatrienio a otro, creció en cantidad de países y disciplinas y sumó a las mujeres con total justeza para ofrecer mayor colorido y sentar las bases de lo que acontecería tiempo después. (John Vila Acosta, ACN)


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