“La presencia de Fidel en la ciudad corre con el viento. La gente siente una calma chicha y se va a la calle.” Así describe la prensa el impacto del Comandante en Jefe en el alma de la urbe de Matanzas cuando llegó en octubre de 1996, con la voluntad de acompañar ante la amenaza del huracán Lili.
El octavo ciclón de la temporada de ese año trascendió como un verdadero rompecabezas para los meteorólogos, por su trayectoria errática y se consideró como uno de los más destructivos de finales del siglo XX en Cuba, porque desplazó su centro sobre el territorio nacional a lo largo de 300 kilómetros de tierra firme.
En el semanario Girón del 25 de octubre de 1996 se comunica en referencia al comportamiento del Lili días antes: “Su movimiento tan controvertido afectó con vientos y lluvias a siete provincias y al Municipio Especial de Isla de la Juventud. En Matanzas ocasionó perjuicios prácticamente en todos sus territorios. (…) En suelo matancero los mayores daños se localizan en Pedro Betancourt, Calimete, Ciénaga de Zapata, Jagüey Grande, Colón y Los Arabos.
Sin embargo, queda la satisfacción de que, con todo y los daños, no hubo que lamentar la pérdida de una sola vida humana.”
Ante la amenaza de los embates de ese fenómeno hidrometeorológico llegó Fidel a estos dominios, momento atesorado en la memoria de quienes coincidieron con él, así lo confirma Odalys Oriol Miranda Suárez, entonces directora del periódico Girón:
“Estábamos un grupo de periodistas con el Consejo de Defensa Provincial activado, en la sede del Gobierno de Matanzas, y en eso llega Fidel porque era Matanzas el territorio que más amenazaba el huracán según los pronósticos.
Era Yadira García la primera secretaria del Partido en la provincia en aquel momento, y Víctor Ramírez el presidente del Gobierno; y en esa oportunidad el líder dialogó con todos nosotros.
Hay fotos que recuerdan esa memorable estancia, pero lo que más me mantiene ligada a ese momento y que a casi 100 años del natalicio del Comandante podemos contar, es que justo cuando él hablaba por teléfono con el doctor José Rubiera, jefe del Instituto de Meteorología, para que le explicara qué pasaba, qué posibilidades tenía de impactar directamente sobre Matanzas, cuando yo miro al Comandante, detrás estaba la imagen de él tirándose del tanque de la victoria en Girón y esa es la memorable foto que logra Lázaro Paredes de esa presencia de Fidel allí.
Fue una linda oportunidad porque él preguntaba todo, sabía de todo, se entendía en un lenguaje muy coloquial y nos iba transmitiendo todo lo que decía Rubiera; él era muy empático, muy buen comunicador, y ese día en esencia estuvo con nosotros y los miembros del Consejo de Defensa para salir a donde hiciera falta”.
Refrendó la prensa que el Comandante recorrió los municipios de Cárdenas, Jovellanos, Jagüey Grande y Calimete; caminar, compartir, dialogar, ser parte era principio de actuación del líder histórico, el mismo que ratificó en otros instantes en Matanzas, por ejemplo, cuando el huracán Michelle impactó el territorio en 2001, y también de ese recorrido el 5 de noviembre hay huellas que calaron en los habitantes y la identidad local.
Precisamente frente a la dirección existe un sitio dedicado a la historia de la entidad, diseñada y fundada por Fidel; resalta una fotografía que muestra al Comandante en un campo donde abundaban las frutas derribadas por el viento del Michelle -comenta Humberto Suárez Sotolongo, director de la actual Empresa Agroindustrial Victoria de Girón.
Con orgullo menciona que él los visitó en 13 ocasiones, y cuando uno mira esa imagen que capta un momento complejo por los daños al centro, se puede leer sentido de pertenencia, sensibilidad, análisis, pero se puede leer, además, optimismo.
Todos los cubanos tienen anécdotas sobre ciclones; que en la cuenca del Atlántico la temporada abarca desde el primero de junio hasta el 30 de noviembre es mensaje frecuente en los medios de difusión; la Revolución enseñó al pueblo a eliminar vulnerabilidades y sobre todo a proteger la vida ante los huracanes, y el mayor maestro, el mayor acompañante también en ese frente sin dudas fue Fidel, quien al prevenir, proyectar y actuar, era el del ímpetu más sostenido, el de las rachas más fuertes.
