El Templete: “Detén el paso, caminante…”

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ACN - Cuba
Luz Marina Fornieles Sánchez
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17 Marzo 2026

Casi 200 años se cumplirán en breve de la apertura de una emblemática edificación del Centro Histórico de La Habana Vieja: El Templete, consistente en una pequeña capilla dórica de estilo neoclásico.

   Su edificación comenzó en 1827. Lo mandó a erigir el Gobernador y Capitan General, Francisco Dionisio Vives. Su arquitecto resultó el coronel Antonio de la Torre y avanzó la obra bajo la dirección del Regidor Francisco Rodríguez y Cabrera.

   En su dirección de Tacón número 1 e/ Obispo y O'Reilly se inauguró el 19 de marzo de 1828. Consta el inmueble museable, además de un diminuto jardín, un monumento de homenaje al Almirante genovés Cristóbal Colon y en su columna conmemorativa hay una inscripción en latín, casi borrada por el paso del tiempo pero que aún se puede leer:

   “Detén el paso, caminante, adorna este sitio con un árbol, una ceiba frondosa, más bien diré signo memorable de la prudencia y antigua religión de la joven ciudad (…)”

   Fue en esos predios, precisamente, donde el 16 de noviembre de 1519 cuando a la sombra de un gigantesco vegetal --ya no es el actual, sustituido por otros a causa del transcurrir de las centurias-- y a nombre de los Reyes de España, se celebró la primera misa, el primer cabildo y se declaró la fundación de la Villa, bautizada como San Cristóbal de La Habana.

   Cual culto a la remembranza del nacimiento de la capital y su definitivo emplazamiento, esa locación está enclavada en la Plaza de Armas, que en la época colonial fue el centro de la vida oficial y pública de la urbe.

   A esos avales de perdurabilidad de existencia se suma una tradición anual de la que constituye testigo en cada jornada, cuando se espera el advenimiento de otro cumpleaños de la capital cubana: coterráneos y visitantes cerca de la medianoche dan tres vueltas a la ceiba, echan monedas en sus raíces y piden un deseo.

   Celebración multitudinaria cada 12 meses, aunque en su versión del medio milenio, en el 2019, rebasó a todo lo imaginado, incluidos los fuegos artificiales que se avistaron por doquier. Reinó una alegría colectiva, la ocasión lo merecía.

   Un ambiente casi encantado resulta la cercanía del mar, su brisa, el olor a salitre, las calles adoquinadas y los restantes valores de la zona, declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad el 14 de diciembre de 1982.

   Forman parte de este panorama también el Palacio de los Capitanes Generales, hoy Museo de la Ciudad, considerada la más importante edificación colonial de ese añejo entorno citadino y uno de los centros museables de gran relevancia en Cuba.

   Rodean esos dominios otras mansiones y notorios vecinos como el Castillo de la Real Fuerza, la más vieja fortaleza abaluartada de Hispanoamérica; y el barroco Palacio del Segundo Cabo.

   Por esas arterias e inmuebles desanda el recuerdo perenne de la figura del Doctor Eusebio Leal Spengler (1942-2020), cuya obra mayor devino el rescate de los tesoros acunados allí por siglos.

   Como nadie resultó éste capaz de preservar el legado de su antecesor: Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964). No en balde lo bautizaron como el novio de La Habana y queda en el recuerdo como quien preservó para estas y otras generaciones mucha historia por conocer y conservar.

   Se reitera entonces la invitación a los viajeros a encaminar sus pasos a la Plaza de Armas, en especial hacia El Templete, inaugurado hace casi 200 años, precisamente, donde se fundó la Villa de San Cristóbal, que en noviembre próximo celebrará su cumpleaños 507. (Luz Marina Fornieles Sánchez, ACN)


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