El sabio del pitcheo cubano

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ACN - Cuba
Osvaldo Rojas Garay | Foto: Internet y de archivo
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01 Septiembre 2026

   No es la primera vez que escribo este título al referirme al caibarienense Pedro José Pérez Delgado, sencillamente no encuentro otro calificativo para este hombre de béisbol que este primero de septiembre cumpliría 90 años, de no haber partido físicamente el 7 de diciembre de 2022.

   Nuestro deporte se ha dado el lujo de contar con entrenadores de la talla de Eugenio Rafael George Lafita (voleibol) y Ronaldo Veitía Valdivié (judo), ambos miembros del Salón de la Fama de sus respectivas disciplinas; así como Alcides Sagarra Carón (boxeo) y Santiago Antúnez Contreras, el orfebre de los vallistas, entre otros.

   En ese grupo se puede incluir a Pedrito –como le llamaban cariñosamente- el único que atesoró en sus vitrinas cinco medallas en el béisbol olímpico como entrenador de pitcheo de las selecciones nacionales que se coronaron en Barcelona’1992, Atlanta’1996 y Atenas’2004 y el subtítulo en Sídney’2000 y Beijing’2008.

   Hace algunos años el reconocido árbitro Luis César Valdés Magrán me confesó que en una ocasión un mexicano le comentó: «¿Cómo ustedes se dan el lujo de ceder a uno de los entrenadores de pitcheo más grandes del mundo?».

   Un periodista del país de los aztecas escribió en la revista digital Béisbol Campechano que el villaclareño «es un libro abierto para todos los que deseen llegar lejos en el pitcheo».

   Clodomiro Valdés, quien trabajó durante varios años a su lado en los equipos Azucareros, Las Villas y Villa Clara, afirmó que Pedrito era algo así como la «biblia del béisbol».

   La sobresaliente serpentinera manicaragüense de softbol, Anisley López Gutiérrez, reconoció que le había sido muy útil el libro que Pedrito publicó en México en el año 2010, titulado «Técnica, táctica y estrategias del lanzador», que lamentablemente no salió a la luz en nuestro país.

   Rolando Macías Rodríguez, el apodado Músico de San Fernando de Camarones, estrella de los legendarios Azucareros, me contó cómo el oriundo de la Villa Blanca le enseñó los secretos del pitcheo.

   En enero de 1996, luego de su brillante actuación en la Copa Intercontinental celebrada en nuestro país, en 1995, en un diálogo con el camagüeyano Omar Luis Martínez le pregunté a qué debía su mejoría en el pitcheo y me respondió: «Al trabajo que ha hecho conmigo Pedrito Pérez».

   Integrante durante más de 30 años del colectivo técnico de la selección nacional, el caibarienense acudió a unos 55 eventos internacionales como entrenador.

   Estuvo bajo la dirección de pilotos como Servio Tulio Borges, José Miguel Pineda, Pedro Chávez, Jorge Fuentes, Higinio Vélez, Rey Vicente Anglada y Antonio Pacheco, es decir, cambiaban los managers, pero el villaclareño continuaba inamovible, tantos mentores no se pueden haber equivocado.

   Antes de convertirse en un eminente entrenador este hombre que peinaba canas desde temprana edad probó suerte en el box. Se inició en la categoría juvenil, posteriormente, entre 1957 y 1961, se desempeñó como profesional.

  Perteneció a la organización de los Bravos de Milwauke, los Medias Rojas de Boston y en las Ligas Menores integró los elencos de Wellsville, Sanford, Watterloo y Johnstown.

   Luego del triunfo de la Revolución comenzó a trabajar en su ciudad natal con niños de 13-14 años. En las series nacionales debutó como miembro del colectivo técnico del conjunto Centrales que, a las órdenes de Pedro “Natilla” Jiménez, compitió en la temporada de 1966-1967.

   Aunque alcanzó mayor renombre como entrenador, Pedrito dirigió equipos en nueve ocasiones, condujo a los Azucareros a la conquista del cetro en la X Serie (1971) y a la selección cubana a la obtención del cetro en un campeonato mundial juvenil.

      Persona de poco hablar, nunca se le subieron los “humos para la cabeza”, en una de las entrevistas que le hice declaró:

«El entrenador debe aprender mucho de los atletas, no pensar que se las sabe todas, porque cuando los atletas pasan por tus manos, siempre dejan algo que te puede servir de experiencia.    

    Yo, por ejemplo, he aprendido 10 formas distintas de agarrar la pelota para tirar el tenedor, gracias a los lanzadores; Rogelio García lo hacía de una manera, el japonés Hideo Nomo lo hacía de otra...».


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