Cual padre generoso, Fidel ganó el cariño de niños y niñas

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ACN - Cuba
Aída Quintero Dip | Fotos: Centro de Documentación ACN
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27 Abril 2026

   En sus años de liderazgo al frente de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro demostró alta sensibilidad hacia la infancia para la cual, desde el mismo triunfo de la Revolución, se crearon programas de beneficio social que tributaron a su desarrollo integral con el propósito de convertirla en una etapa feliz de la vida, una faceta digna de destacar en el año del centenario de su natalicio.

   Esa dimensión revolucionaria, ética y humana de Fidel alcanzó señales inconmensurables cuando, sin desatender su responsabilidad ante un país asediado por el más poderoso imperio se dedicó en cuerpo y alma a la lucha por el retorno al seno de su familia de un niño secuestrado por sus parientes en los Estados Unidos.

   El mundo observó con admiración y asombro la actitud de un estadista preocupado y ocupado en la primera línea del combate para que Elián González, de solo seis años, volviera a los brazos de su padre y al entorno en que había vivido, su natal Cárdenas, en la provincia de Matanzas.

   Como todas las acciones que asumió o promulgó el invicto líder a favor del bienestar de las más jóvenes generaciones, ese hecho caló profundamente en el alma de los niños y las niñas de la nación que lo admiraban, respetaban y querían como a un verdadero y generoso padre.

   Una pequeña de entonces y ahora jurista y madre de Elisa María: Solanch Sanz Suárez evoca aquellos históricos días en que la efervescencia patriótica del pueblo se hizo sentir en grado sumo, conmovió y dio una lección de lo que era capaz de hacer Cuba por uno de sus hijos.

   El protagonismo de esta santiaguera fue crucial en la Batalla de Ideas liderada por el Comandante en Jefe.

   Cuando comenzó ella tenía la misma edad que Elián y sentirse parte de esa lucha por el retorno del infante al seno de su familia y a su tierra, era como exigir su propio derecho a una infancia feliz en esta tierra libre y soberana.

   La joven jueza destaca que, con su participación y guía en esa cruzada Fidel enseñó al pueblo, y especialmente a las nuevas generaciones, que los valores, los principios éticos y las ideas son la base de cualquier proceso revolucionario.

   Cada jornada de esos días memorables generó un contexto idóneo para que los jóvenes asumieran decisivas misiones, además de crecerse y demostrar que la Revolución podía contar con ellos para cualquier empeño. Ahí está la dimensión humana e impronta política del invicto Comandante, reitera.

   Quien fuera oradora de 10 Tribunas Abiertas de la Revolución y panelista en dos Mesas Redondas, en los primeros años del 2000, afirma que no es posible pensar en la Batalla de Ideas, sin pensar necesariamente en la grandeza del pensamiento fidelista y de su capacidad de movilizar y aunar a las masas, con esa especial fuerza para vencer obstáculos y salir adelante.

   Valora que haber tenido la posibilidad de representar el sentir de 11 millones de cubanos, y sobre todo de los niños, niñas y adolescentes, fue un gran reto, pero la confianza de Fidel en los pinos nuevos le ayudó a asumirlo como pionera comprometida con el destino de su país.

   En el IV Congreso pioneril, al cual tuvo el honor de ser delegada, le cautivó el instante en que a coro lo interrogaron: “Fidel, Fidel, qué tiene Fidel que los imperialistas no pueden con él”, a lo que respondió con modestia y certeza: “Los tengo a ustedes”, recuerda Solanch con brillo en la mirada.

   Confiesa que no se le olvida la forma tan cariñosa con que dialogaba con ellos, por lo que, ahora que ha partido físicamente, prefiere rememorarlo en una noche sentado en el suelo rodeado de pioneros cuando empezó a conversar sobre los animados de Elpidio Valdés y la Historia de Cuba, con una sencilla elocuencia que impactó a todos.

   Como Solanch, hay muchos infantes cubanos que tuvieron contacto directo con Fidel y aquellos momentos dejaron profundas huellas en sus vidas; el mismo jefe de Estado que transformaba cada encuentro con niños y niñas en una fiesta de cariño, complicidad y alegría mutua.

   No podía ocultar la felicidad de tenerlos cerca, tanto en congresos de la organización, a los cuales acudía con placer y escuchaba atentamente cada intervención; en visitas a campamentos de verano, donde disfrutaban de las vacaciones o en los Palacios de Pioneros, repletos de opciones para su bienestar y círculos de interés que facilitaban su inclinación hacia profesiones y oficios.

   Pero también estaban presentes, como buenos hijos e hijas de esta heroica tierra, en desfiles y concentraciones populares, en respuesta a convocatorias de la Patria, con la alegría que les distingue.

   Precisamente el 10 de abril último se celebró el aniversario 65 de la creación de los círculos infantiles, una obra clave para que las madres trabajadoras pudieran dedicarse a sus faenas como obreras, técnicas o profesionales confiadas en que sus retoños quedaban en buenas manos en esas instituciones.

   Iguales funciones cumplieron los seminternados de Primaria diseminados por la geografía nacional. Asimismo, en el campo de la salud los esfuerzos fueron loables, con hincapié en la Atención Primaria de Salud con el Programa Materno Infantil y programas de inmunización pediátrica para protegerlos de enfermedades.

   La fundación de la organización que los representaba desde el 4 de abril de 1961, devenida Organización de Pioneros José Martí, también correspondió a esa capacidad de Fidel para comprender la necesidad de una agrupación para canalizar sus inquietudes, que los preparara para la vida y los formara como buenos patriotas y seres humanos de bien.

   Los infantes cubanos no se ocultaban para prodigarle afectos a Fidel, quien significaba para ellos la constante búsqueda de soluciones a los problemas y la infatigable voluntad de pensar y hacer por Cuba, por lo que seguir su ejemplo es continuar haciendo esa hermosa Revolución que les legara, no solo en concepto, sino también en el cotidiano quehacer.


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