Bitácora de una cobertura solemne (+ Fotos)

Venezuela Honor y Gloria

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León Fotos Arelis María Echevarria
360
16 Enero 2026

 Esta mañana del 16 de enero, la orden editorial era clara: captar la emoción, no el frío protocolo. Transmitir el sentimiento de un pueblo, no solo el desarrollo de un acto luctuoso.

   ¿Pero cómo lograrlo cuando la emoción golpea directamente, cuando el sentimiento amenaza con nublar el visor de la cámara o quebrar el hilo de la voz?

   Para el equipo de prensa de Villa Clara, la cobertura del homenaje a los 32 cubanos caídos en Venezuela el 3 de enero de 2026 ha sido hoy un ejercicio profesional ejecutado con precisión casi quirúrgica y vivido con la solemne fragilidad de un ser humano.

   El parque Vidal y sus alrededores no solo congregó a un pueblo, sino también a un equipo sincronizado de narradores y cronistas. Cada medio, con su lenguaje, captaba el mismo latido acelerado derivado del dolor y la rabia de los asistentes ante la muerte injustamente provocada.

   Para Carolina Vilches Monzón, fotógrafa del editorial Vanguardia, el desafío está en el contraste. Su lente buscaba esa tensión: el puño cerrado de un joven, pero también el temblor en esa misma mano. La bandera gigante ondeando, y justo debajo, una lágrima que resbala por una mejilla curtida por el sol.

   Como a ella, a los otros reporteros gráficos del patio los editores les habían pedido la foto que duela y dignifique a la vez. Esa imagen se encontró, por ejemplo, en el gesto de una madre que, abrazando a su hijo pequeño, señalaba hacia el altar homenaje con mirada severa, como enseñando en silencio una lección imborrable.

   A unos metros, Dalia Reyes Perera, veterana periodista de la emisora provincial de radio CMHW, ajustaba sus auriculares y la grabadora. Su herramienta no era la imagen, sino el sonido vivo.

   Tengo que captar el silencio, comentó en voz baja, casi como un pensamiento. Y no se refería al silencio vacío, sino el silencio espeso, cargado, que hubo justo antes de que empezara el himno. Después vino la voz quebrada de la oradora principal, que ya no era la secretaria del Partido, sino la muchacha de sangre y carne, de corazón sentido y coraje. Esa grieta en la voz dijo más que mil discursos.

   Esa crónica radiofónica, se sabía, sería un mosaico de sonidos: el rumor de la multitud, una frase suelta de un anciano, el llanto contenido de una mujer, los acordes marciales. Un retrato auditivo del dolor colectivo.

   Mientras, el equipo de Telecubanacán se fundía con la multitud. Mariley García Quintana, la joven entrevistadora a quien no lo importó hoy estar de cumpleaños, se deslizaba no como una figura ajena al paisaje, sino como una patriota más.

   Disculpe, ¿qué le trajo hoy aquí?, preguntaba al obrero, al estudiante, al soldado…y las respuestas no eran declaraciones políticas preparadas, sino confesiones íntimas: “porque mi hermano es cooperante en Venezuela y sé que podría haber sido él”, “porque soy parte de la continuidad de Fidel Castro que vino hoy a ratificarlo” o simplemente “porque me duele Cuba”.

   Yunier Hernández Andrés, el camarógrafo, cargaba sobre sus hombros no el peso del equipo, sino la responsabilidad de traducir en planos cinematográficos una emoción cruda.

   Busco los ojos. Siempre los ojos. En un momento así, los discursos se escuchan, pero la verdad está en la mirada de la gente, afirmó mientras enfocaba hacia un grupo de estudiantes cuyos rostros juveniles mostraban la seriedad del momento.

   Ha sido esta mañana un coro de miradas, sonidos y palabras. Cada reportero desde su trinchera, tejiendo la narración completa de un día que Villa Clara no olvidará, de una cobertura solemne que también rinde tributo a la sangre cubana vilmente derramada 


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