Este viernes 30 de octubre Diego Armando Maradona, uno de los monstruos sagrados del fútbol mundial cumpliría 66 años, de no haber fallecido el 25 de noviembre de 2020.
Pocos saben que el Pibe de Oro puso sus pies en Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara. Fue una visita privada que los escasos testigos del memorable suceso aseguran que debe haberse producido en el 2000 o 2001.
Lamentablemente, al parecer, alguien extrajo la página del libro de visitas al Complejo Escultórico Ernesto Che Guevara, donde estampó su firma y unas palabras.
El astro argentino había visitado por primera vez a Cuba en julio de 1987, para recibir el premio de mejor deportista latinoamericano de 1986, que entrega la agencia Prensa Latina.
Durante su estancia fue recibido por el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien le regaló una gorra y se la autografió e inició así una gran amistad que se estrecharía aún más a partir de los constantes viajes de Maradona a este país caribeño.
Regresó en 1994 y posteriormente llegó en el 2000 para someterse a una cura de adicción a las drogas.
Fue en ese periodo de recuperación en que el legendario futbolista se dio una vuelta por la ciudad de Marta Abreu y el Che, visita que podemos reconstruir gracias a los testimonios de Enrique Águila Guerrero (Pelencho), en aquel momento director de deportes en Villa Clara, y Gilberto González García (Guayo), ex DT del Expreso del Centro, entonces comisionado provincial de fútbol.
Ambos junto a Marta Lidia Ruiz, quien en esa época era miembro del Consejo de Administración del Poder Popular en el territorio, lo recibieron en la autopista en horas de la mañana.
Venía --contó el Guayo González-- en una guagua blanca, vestido de negro, con el cabello teñido de amarillo, acompañado entre otros por un médico, sus padres; Claudia Roxana Villafañe --su pareja en aquel momento- y su hija Dalma Maradona.
Se trasladaron hacia el Complejo Escultórico, allí le dieron una detallada explicación y pasaron a los nichos. Se detuvo largo rato frente al del Che Guevara.
De ese lugar salieron a recorrer todo el museo, subieron a la Plaza con una cesta de rosas rojas grandes y Maradona y su hija las lanzaron todas frente a la carta de despedida del Che a Fidel.
Posteriormente, descendieron al salón de protocolo, se quitó la camisa y mostró su hombro derecho, donde tenía tatuado al Che.
Durante el recorrido cuando vio las imágenes del Tren Blindado pidió ir al Monumento a la Acción contra el Tren Blindado.
Luego se dirigieron a una tiendecita, donde compraron muchos objetos relacionados con el Guerrillero Heroico.
Habían rebasado la circunvalación en la carretera de Camajuaní, cuando lo invitaron a almorzar, serían aproximadamente las 12 del día.
Según el relato del Guayo y Pelencho, Maradona ofreció disculpas y dijo que deseaba marcharse porque quería ver por televisión el partido del Boca Juniors, que jugaría en horas de la tarde.
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