Regina Balaguer, Maestra de Juventudes y soñadora del ballet

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ACN - Cuba
Dayessi García Sosa
98
17 Octubre 2026

Camagüey, 17 oct (ACN) Hay reconocimientos que llegan para celebrar una trayectoria y, al mismo tiempo, abren nuevos caminos para quien los recibe, como Regina Balaguer, directora del Ballet de Camagüey y merecedora recientemente del Premio Maestro de Juventudes.

   Conferida por la Asociación Hermanos Saíz (AHS) como parte de las celebraciones por su aniversario 40, para la homenajeada, tal distinción constituye uno de esos momentos en los que el orgullo se mezcla con la humildad y la responsabilidad de seguir formando a quienes darán continuidad a la cultura cubana.

   La noticia la sorprendió, aunque los años de entrega al ballet, la labor pedagógica y la defensa de una tradición artística exigente avalan su quehacer, el reconocimiento llegó acompañado de una emoción difícil de resumir.

   Fue una sorpresa inmensa y, a raíz de la noticia, he recibido muchas felicitaciones, palabras muy sinceras y agradables de muchos conocidos, amigos, estudiantes, y para mí ha sido una satisfacción y al mismo tiempo algo que aún creo que estoy asimilando, porque ser Maestra de Juventudes son palabras muy grandes, confesó Balaguer a la Agencia Cubana de Noticias.

   En su voz se advierte la modestia de quien entiende que la verdadera dimensión de una obra no se mide únicamente por los aplausos ni por los premios, sino también por las huellas que deja en los demás.

   Ser Maestra de Juventudes implica mucho más que una distinción, dijo, significa asumir el compromiso de acompañar, enseñar e inspirar a las nuevas generaciones como lo he hecho hasta hoy.

   Balaguer reconoce en el galardón una celebración de los años de trabajo y de la experiencia acumulada, pero también una exigencia renovada. 

   Cada reconocimiento, considera, compromete aún más con el ejercicio de la profesión y, especialmente, con la formación de los jóvenes llamados a sostener la enseñanza del ballet y la cultura en el país.

   No se trata solo de transmitir una técnica, de corregir una postura o de alcanzar la precisión, formar bailarines supone cultivar la disciplina, la sensibilidad, la perseverancia y el respeto por una manifestación artística que requiere entrega absoluta. 

   Supone, también, preparar a quienes deberán defender ese legado y contribuir a que Cuba conserve el lugar que ha conquistado por la fuerza de su cultura.

   En esa misión se inscribe buena parte del significado de Regina Balaguer al frente del Ballet de Camagüey, una de las compañías emblemáticas de la danza escénica cubana. 

   Su responsabilidad trasciende la dirección cotidiana de un conjunto artístico: implica cuidar una tradición, acompañar el crecimiento de sus bailarines y procurar que el rigor técnico dialogue con la sensibilidad y las inquietudes de cada nueva semilla.

   Dirigir una compañía de ballet exige una mirada capaz de atender los detalles y, al mismo tiempo, imaginar horizontes.

   Demanda firmeza para tomar decisiones, paciencia para sostener los procesos de formación y convicción para defender un proyecto artístico en el que cada integrante resulta imprescindible, y justo en ese equilibrio se reconoce a una mujer discreta, fuerte en sus decisiones y soñadora eterna.

   Tener a Regina Balaguer al frente del Ballet de Camagüey significa contar con una figura que asume la continuidad de la danza como una responsabilidad artística y humana, con una historia llena de sacrificios, constancia y amor por el arte.

   Será por ello que con una modestia admirable todavía asimila la magnitud de unas palabras que considera grandes, porque ser Maestra de Juventudes se demuestra cada día, en la exigencia de un ensayo, en la orientación exacta, en la confianza entregada a sus bailarines y en la voluntad de mantener viva una tradición que es más que su labor diaria, significa su vida.

   Regina Balaguer es dedicación constante, es inspiración profunda, es la muestra genuina de lo que significa amar al ballet.


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