La Habana, 17 oct (ACN) Apegado a un refrán muy popular y a las probabilidades de un pelotero después de fallar par de turnos al bate, una de ellas con una conexión que casi pica entre dos, Cuba sueña con un puesto en el podio de la VI Copa del Mundo de Béisbol para menores de 23 años, con sede en Nicaragua del 6 al 15 de noviembre próximo.
El adagio esgrimido por los optimistas da un voto a la tercera vez en cualquier intento para conseguir un buen resultado, y lo mismo sucede con un bateador que lleva de 2-0: está al darla, suelen decir quienes quieren mantenerlo en juego.
Cuba acumula par de participaciones en mundiales beisboleros de esa categoría, con un cuarto lugar como mejor ubicación en la cita de 2021, que debió ser un año antes, pero la pandemia de COVID-19 obligó al aplazamiento en el calendario competitivo.
Fue aquella cita, organizada en México, del 23 de septiembre al 2 de octubre, el debut de los isleños en citas globales sub-23, tras fracasar dos veces en sus pretensiones clasificatorias por América.
Al año siguiente volvieron a ganarse el cupo en el torneo continental y la selección viajó hasta el otro lado del mundo, a Taipéi de China, con la ilusión de mejorar la actuación precedente, mas sucedió lo contrario y terminó en un décimo puesto que todavía se siente cual ponche con un cambio de velocidad.
De vuelta a América, sede de las primeras tres ediciones (2016, 2018 y 2021), Cuba aparece en el que muchos entendidos consideran el grupo clasificatorio más difícil, pero los jugadores, el cuerpo técnico y los aficionados siguen animados por la misma pretensión de colgarse una presea, la misma que en los últimos tiempos ha resultado esquiva en cualquier evento internacional de este deporte.
La aún joven competencia, de apenas seis citas del orbe, confirma a Japón como el máximo ganador de títulos, con la mitad de los otorgados en sus vitrinas; a ese trío de pergaminos dorados (2016, 2022 y 2024), los nipones añadieron una plata en 2018.
México y Venezuela también saben lo que es alzar el trofeo, tras dominar las copas de 2018 y 2021, respectivamente, y en ambos casos suman otra presea, de plata los primeros y broncínea los segundos.
Corea del Sur exhibe igualmente par de podios, con el subtítulo en 2022 y un tercer lugar en la edición inaugural (2016).
Otros que se jactan de haber llegado una vez hasta el último juego de un campeonato del orbe de esta categoría son Australia y Puerto Rico, quienes quedaron en ambas ocasiones por debajo en el marcador.
El medallero histórico se completa con Colombia, Taipéi de China y Nicaragua, dueños de un metal bronceado cada uno.
De los nueve países que han conseguido al menos una medalla en copas mundiales sub-23, cinco pertenecen al continente americano, y si no hay más es porque Estados Unidos se ausenta debido a los fichajes profesionales de sus mejores jugadores con esa edad.
A Nicaragua irán los cubanos con la misma convicción de siempre, cargando una historia de éxitos en el béisbol de la que cada vez quedan más anécdotas y menos trofeos, y ahora con la sabia popular empujando el deseo de revertir las imágenes más recientes.
Es la tercera ocasión de un equipo cubano en mundiales sub-23 y como el bateador con dos outs entregados en igual cantidad de viajes al plato, va por un jonrón que renueve esperanzas y confirme que esta isla, flaca y larga, nunca renuncia al tatuaje de las dos rayas de cal en su piel beisbolera.
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