El Jazz Plaza en Santa Clara abraza la leyenda de Pepe el Manco

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Fotos: Edson Benítez
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29 Enero 2026

Santa Clara, 29 ene (ACN) Durante esta semana, el Festival Internacional Jazz Plaza ha tejido sobre Santa Clara un manto vibrante de improvisación, donde espacios y centros culturales se convierten en eco de un lenguaje universal: el arte.

En el corazón de esta celebración, surgió un tributo íntimo y resonante, dedicado a quien es considerado un pilar fundamental de la identidad musical local: el saxofonista José “Pepe el Manco” Díaz Moreno.

Mientras el parque Vidal palpitaba con ritmos del mundo, un espacio más recogido en el Centro de Promoción Cultural Latinoamericano concentró su luz en el maestro, para celebrar sus 87 años de vida entregados a las siete notas.

El honor de dirigir este concierto-homenaje recayó en la agrupación Nuevas Raíces, bajo la batuta del joven talento Ariel Marrero Gutiérrez.

Su propuesta, una fusión que bebe de las raíces tradicionales cubanas para dialogar con las complejidades del jazz contemporáneo, sirvió como el puente perfecto; su música se erigió diálogo sonoro con la vasta trayectoria de Díaz Moreno, un artista que, desafiando cualquier preconcepto, forjó con su instrumento una voz tan singular como pedagógica, para nutrir generaciones de músicos en Villa Clara y más allá.

“Pepe el Manco es, sin lugar a dudas, un monumento viviente de nuestra cultura sonora; su técnica depurada, su feeling único y su entrega total al saxofón constituyen, en sí mismos, una escuela completa”, manifestó a la ACN Oscar Salabarría Martínez, comunicador oficial del Festival en el territorio.

“Este tributo dentro del Jazz Plaza trasciende cualquier formalismo; es el agradecimiento espontáneo y sentido de una comunidad hacia su guía; él representa esa columna vertebral, a veces invisible, sobre la cual se ha construido la escena musical de toda una provincia”, añadió.

El concierto fue, en esencia, un emotivo abrazo entre tiempos. Los integrantes de Nuevas Raíces, en la plenitud de su creatividad, entablaron a través de sus instrumentos un conversatorio sonoro con el espíritu del repertorio clásico y con la figura del homenajeado, quien presenciaba el acto entre el público.

No se trató de una simple revisita a sus éxitos, sino de una recreación vibrante y llena de respeto, donde el jazz actual rinde cuentas y encuentra inspiración en una de sus fuentes locales más puras. La atmósfera en la sala osciló entre la concentración reverente y la emoción contenida, que estallaba en ovaciones cálidas tras cada solo magistral.

Este gesto de reconocimiento encajó de manera natural en la filosofía del Jazz Plaza 2026 en Santa Clara, concebido desde un inicio como una fiesta integral de las artes.

“Buscamos que fuera más que una sucesión de recitales; deseamos un espacio donde el cine, la literatura, las artes plásticas y, por supuesto, la memoria de nuestros pilares, tuvieran un rol estelar”, explicó Salabarría Martínez.

La jornada del 28 de enero fue el ejemplo perfecto: mientras se honraba a Pepe el Manco, el ciclo cinematográfico Voces del Jazz ponía el foco en las creadoras del género, y otros rincones de la ciudad acogían lecturas de poetas villaclareños.

La historia de José Díaz Moreno es un compendio de perseverancia y talento en estado puro. Conocido con el apelativo cariñoso de “Pepe el Manco”, su dominio absoluto del saxofón desafió cualquier límite, erigiéndolo como una figura de respeto unánime.

Su tenacidad, como él mismo ha recordado, fue forjada en el fuego de la superación. “Comencé a tocar con muchas dificultades, pero la tenacidad me impulsó a seguir”, ha dicho el maestro, quien aprendió música de oído en su Ranchuelo natal, sin maestros formales. Su carrera, desarrollada a lo largo de décadas tanto en Cuba como en escenarios foráneos, lo perfila no solo como un virtuoso, sino como custodio de un estilo y una sonoridad profundamente autóctonos.

Para muchos, es el saxofonista emblemático del centro de la isla, un músico integral cuya influencia se expande de manera silenciosa pero perdurable.

“Contar entre nosotros con un maestro de la estatura de Pepe el Manco es a la vez un privilegio y una responsabilidad”, reflexionó en declaraciones a medios locales el también saxofonista y profesor Emilio Morales.

“Su manera de moldear la melodía, la calidez única de su tono y su swing innato son materia de estudio constante. Homenajearlo en un festival de alcance global como el Jazz Plaza es un acto de justicia y, al mismo tiempo, una forma de mostrarle al mundo que en nuestra tierra germinan gigantes”, afirmó, destacando así la dimensión formativa del maestro, quien siempre ha asegurado: “No le cobro un centavo a nadie por darle una clase; he enseñado todo lo que aprendí, no podía quedarme con eso”.

El éxito de esta segunda edición del Jazz Plaza en Santa Clara ha confirmado la sed cultural de la ciudad y su capacidad para albergar eventos de gran envergadura.

“La respuesta del público ha sido abrumadora. Existe un hambre genuino por una programación de calidad y una identificación profunda con un festival que sienten propio, que ocupa sus espacios públicos y sus centros culturales más queridos”, señaló Salabarría Martínez.

La imagen de familias completas, jóvenes y adultos mayores congregados en cada actividad pinta el retrato de una comunidad que se apropia de la fiesta.

De este modo, el concierto para Pepe el Manco trascendió su condición de acto musical aislado. Se transformó en un símbolo del alma del festival: un cruce de caminos donde lo global y lo local se funden, donde la veneración por los clásicos no obstaculiza la búsqueda de nuevos sonidos y donde el reconocimiento artístico adopta la calidez de un gesto familiar.

El maestro, que alguna vez fuera criticado por tener un sonido “como un mosquito” y que luego alcanzara la cima de su carrera junto a figuras como Orlando “Maraca” Valle —incluso ganando un premio Grammy—, personifica el mensaje central de su vida: “La música no se jubila. Mi brazo me recuerda cada día el precio, pero el sonido que sale del saxofón me dice que valió la pena”.

Mientras las últimas notas de Nuevas Raíces se desvanecían en el aire, quedaba flotando la satisfacción de un deber cumplido: el de una ciudad que sabe honrar a sus símbolos culturales.

A medida que el Jazz Plaza 2026 avanza hacia su clausura, momentos como este homenaje quedarán inscritos como parte esencial de su legado; demuestran que la verdadera fortaleza de un festival no se mide únicamente por la nómina de estrellas foráneas, sino por su capacidad para tejer historias, conectar el ayer con el hoy, y celebrar con idéntica pasión a la leyenda mundial y al maestro de barrio.

Santa Clara, en esta semana mágica, logró ser el escenario de ambas glorias, confirmando que en su suelo el jazz es, más que un género, un sentimiento colectivo y un tributo permanente a sus creadores.

La última resonancia del saxofón en el homenaje no fue un punto final, sino un eco persistente: la música de Pepe el Manco, al igual que el espíritu de este festival, perdura y se renueva en el corazón de su pueblo.


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