La Habana, 1 may (ACN) Cuando apareció por primera vez en un acto público, algunos se escandalizaron y leyeron el cartel en alta voz omitiendo la última palabra, pero nadie pudo negar que era, desde la A inicial hasta la S final, el sentir de millones de cubanos.
La frase, originalmente gritada como un misil de coraje hace 25349 días por uno de los hijos más patriotas de esta isla, nació rebelde, creció rebelde y con esa misma convicción rebelde se resistió a los censores puritanos.
Ahora que los enemigos de la patria amenazan la paz y emplazan sus baterías mediáticas de intimidación y mentiras como preludio de las que disparan balas y bombas, el mismo cartel se empina entre la muchedumbre y pareciera escucharse la voz de su autor cantándoles la respuesta común de dignidad.
Este primero de mayo volvió a caminar sostenido por decenas de manos, iluminó con sus letras gigantes avenidas de La Habana y cuando llegó al Malecón se volteó hacia el norte, cual empinada cúspide, para ser leído sin necesidad de anteojos a 90 millas y se paró firme ante la embajada imperial.
"Hazme una foto aquí", pidió una joven que posó junto al cartel, por el lado de la palabra final. "Este cartel sí suena", dijo un hombre ataviado con un pulóver rojo y la frase: La patria se defiende.
"Nunca mejor dicho eso", aseguró alguien tras deletrear cada palabra con sus ojos, y hubo también gestos de aprobación con el dedo pulgar hacia arriba y movimientos de cabeza.
Si hubiera que escoger el cartel más popular, ese seguro clasificaba entre los mejores tres este viernes en La Habana. Era difícil pasar indiferente, el imán del mensaje atraía las miradas y conectaba virilidad, historia y convicción patriótica.
Lo más ocurrente sucedió casi al final del acto donde se había congregado más de medio millón de personas, una señora que pasó bailando al ritmo de Arnaldo y su Talismán leyó en voz alta la frase y preguntó con los mismos decibeles en la garganta: ¿Cómo habrán traducido los yanquis la última palabra?
Desde que el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque la pronunció bajo las balas el 5 de diciembre de 1956 la frase dispara directo al pecho simbólico de los enemigos, lo mismo en el escenario virtual que físico, cuando se dice completa: ¡Aquí no se rinde nadie, cojones!
Más cubana en estos tiempos, imposible.
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