La Habana, 11 sep (ACN) Hace 151 años, el 11 de septiembre de 1875, el padre Benito Viñes Martorell elaboró su primera predicción sobre la trayectoria de un huracán y envió el texto a los periódicos de la capital.
Por su trascendencia y desde entonces, el hecho ocupa un lugar cimero en la historia, comentó el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe, coordinador de la Comisión de Historia de la Sociedad Meteorológica de Cuba.
La obra científica de Viñes Martorell resultó en primer lugar de su talento y de la decisión de sus superiores al destinarlo a Cuba, territorio del trópico insular, en una época de elevada ciclo génesis en la cuenca atlántica, añadió Ramos Guadalupe en su remembranza para la Agencia Cubana de Noticias.
Recordó que este sacerdote jesuita (1837-1893), meteorólogo y astrónomo, nacido en Catalunya en 1837, llegó ser director del Real Observatorio del Colegio de Belén, en La Habana, y su previsión tuvo una repercusión sobresaliente para la historia de la ciencia en cuestión, con fechas del 11 y 13 de septiembre de 1875.
En 1877 enunció las leyes de la traslación y la rotación ciclónica, aplicables en todo el trópico, y también fue el primero en realizar expediciones meteorológicas en la región del Caribe, señaló al referirse a sus méritos en el aniversario 130 de su fallecimiento, el 23 de julio de 1893.
Viñes Martorell arribó a Cuba en marzo de 1870 y de inmediato se hizo cargo del observatorio del colegio de Belén, donde promovió el reinicio de las observaciones meteorológicas, el cálculo, elaboración y publicación de los datos climatológicos estadísticos, de acuerdo con otras fuentes.
Todo ello a partir de las observaciones registradas y el desarrollo de estudios regulares acerca de la meteorología tropical y el estado del tiempo en La Habana.
La utilización de las observaciones sobre la dirección de los ciclones y los análisis respectivos le valieron para redactar obras de gran importancia para la ciencia, sobre todo en la construcción de los aparatos denominados ciclonoscopios de las Antillas.
Estos últimos servían para orientar a los capitanes de los buques que se hallaran en el Caribe o en el golfo de México, con vistas a determinar la existencia de los huracanes.
Su obra trascendió, pues sus ideas y teorías las tomaron en cuenta casi todos los meteorólogos en el mundo durante la primera mitad del siglo XX.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
