Nueva Gerona, 27 ene (ACN) La memoria se abrió paso como un río de fuego, hoy cuando desde el museo finca El Abra hasta la antigua plaza de armas Isabel II —kilómetro cero hacia los cuatro puntos cardinales en Isla de la Juventud—, la ruta que un día recorrió José Martí se convirtió en escenario de evocación y compromiso.
En 1870, el adolescente Martí conoció la dureza del presidio político en Cuba, su padre, Don Mariano, movió influencias y gestiones con José María Sardá, ingeniero militar español que explotaba en arriendo la cantera de San Lázaro, allí, donde el joven prisionero cumplía trabajos forzados por haber llamado apóstata a un condiscípulo.

La intervención de Sardá permitió que el mozalbete de 17 años de edad fuese trasladado a la finca familiar, donde ocupó un cuarto destinado a los varones y visitantes.
Refiere la historia que cada domingo, sin falta, se trasladaba hasta la aludida plaza para responder al pase de lista, como si la ciudad misma fuese su cárcel.
Hoy, por esa misma ruta, la multitudinaria Marcha de las Antorchas sirve para revivir la historia.
Encabezada por las máximas autoridades de Isla de la Juventud, la procesión ardiente recuerda la primera experiencia nacida en la Universidad de La Habana hace 73 años, cuando Fidel Castro y la denominada Generación del Centenario encendieron antorchas para no dejar morir al Apóstol en el año del centenario de su natalicio.
Dedicada también al Comandante en Jefe Fidel Castro (1926-2016) en su centenario y a los 32 héroes cubanos caídos por la soberanía de Venezuela el 3 de enero último, la actual marcha se convirtió en colofón de homenaje en el aniversario 173 del natalicio del Maestro.
Manuel Barroso García, presidente del Movimiento Juvenil Martiano, expresó: hoy, al cerrar esta marcha de las antorchas centenaria y antiimperialista renovamos nuestra promesa con la Patria y con la historia.
No es solo memoria, es resistencia frente a las agresiones persistentes del gobierno de Estados Unidos, que intenta someter al pueblo cubano, la antorcha que alzamos no se apaga con sanciones ni con odio, se alimenta de la obra cotidiana, expuso el joven.
Agregó que la juventud recibió el llamado impostergable a estudiar con rigor, trabajar con disciplina y crear con audacia.
Que la llama de nuestras antorchas se convierta en faro para el pensamiento crítico y la solidaridad internacionalista, que cada cuadra, escuela y centro de trabajo transforme la indignación ante la injusticia en acciones fecundas, capaces de multiplicar la esperanza y sostener la soberanía, convocó.
Martí enseñó que la liberación de las mentes es condición para la liberación social y Fidel demostró que la Patria está por encima de los intereses particulares, acotó.
La marcha concluyó, pero la antorcha permanece encendida, no es solo fuego es símbolo de perseverancia revolucionaria, es la continuidad de una ruta que une pasado y presente, desde El Abra hasta el corazón de Nueva Gerona, donde Martí sigue diciendo “presente”.
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