Santa Clara, 30 ene (ACN) El mensaje de la embajada de Estados Unidos en Cuba por el natalicio de José Martí no constituye homenaje, sino apropiación simbólica que pretende maquillar décadas de agresión con una frase pulida y una imagen en blanco y negro.
Desde el perfil oficial dicen que “la libertad se defiende y se renueva cada día”, aunque provenga de quienes han bloqueado alimentos, medicinas y sueños.
El gobierno estadounidense no solo mantiene un bloqueo económico que asfixia la vida cotidiana de los cubanos, sino que arrastra una historia de atropellos que no puede borrarse con discursos diplomáticos.

Washington carece de legitimidad para erigirse en juez de la realidad cubana, mientras en su propio territorio persisten violaciones de derechos civiles, abusos policiales y profundas desigualdades; cualquier intento de proyectarse como modelo resulta hipócrita y carente de sustento ético.
El contraste entre lo que se predica y lo que se practica es demasiado evidente para pasar inadvertido.
Durante una conferencia de prensa en el marco de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, el canciller cubano Bruno Rodríguez explicó que las acciones del representante estadounidense son contrarias a las normas del respeto mutuo entre países soberanos, principio esencial del derecho internacional.
El diplomático añadió que no se trata de incidentes aislados, sino de una política deliberada orientada a erosionar la soberanía y socavar la estabilidad interna, y subrayó que la diplomacia de Estados Unidos en Cuba ha dejado de ser representación para convertirse en intervención.
En entrevista concedida a medios internacionales, el viceministro de la Cancillería cubana Carlos Fernández de Cossío señaló que la relación actual con Estados Unidos se caracteriza por sanciones, ausencia de comunicación y falta de coordinación.
Fernández de Cossío sostuvo que este panorama refleja una política de asfixia que busca provocar dificultades económicas y sociales en la isla, y advirtió que un país inmerso en problemas de racismo estructural y violaciones de derechos civiles carece de la altura ética para impartir lecciones a Cuba; además indicó que la insistencia de Washington en criticar a La Habana es una táctica diversionista para ocultar sus propias falencias y justificar el bloqueo estadounidense económico.
Estados Unidos “persigue todo los que puedan ayudar a los cubanos”, afirmó a la prensa, Johana Tablada, jefa segunda de misión de la embajada de Cuba en México, al denunciar el endurecimiento del bloqueo y nuevas acciones que, dijo, buscan asfixiar a la isla. En un acto protocolario con motivo del 173 aniversario del natalicio de José Martí, Tablada aseguró, a nombre del embajador Eugenio Martínez —quien no asistió por causas de fuerza mayor—, que el pueblo cubano seguirá el ejemplo de su héroe nacional para defender el derecho de la isla a elegir su propio destino.
En el Centro Cultural José Martí, la diplomática subrayó que actualmente se está “criminalizando” incluso el envío de barcos con combustible y alimentos a Cuba. “¿A quién se le puede ocurrir que es un crimen que entre un barco en Cuba con alimentos, con combustible con el que nos iluminamos, con el que cocinamos, con el que nos transportamos?”, cuestionó, al sostener que las medidas estadounidenses buscan impedir cualquier operación comercial básica de la isla.
Tablada afirmó que el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos no sólo se mantiene, sino que se ha recrudecido en los últimos años, afectando directamente a la vida cotidiana de las familias cubanas.

Señaló que Washington “hace todo lo que sea necesario para empobrecer a Cuba, para desestabilizarla y recuperar su dominio”, al tiempo que persigue a terceros países, bancos y empresas que intentan mantener relaciones normales con la isla.
Informes recientes de organismos internacionales han documentado deportaciones ilegales de menores, allanamientos sin orden judicial y condiciones de detención que rozan la tortura.
El análisis que emana de estas denuncias revela un patrón histórico: la utilización de la diplomacia como herramienta de presión y desestabilización contra países que han optado por un camino de independencia y autodeterminación.
Por otra parte, la estrategia estadounidense, lejos de ser solo defensiva, se caracteriza por su firmeza en la imposición y su capacidad para disfrazar la intervención bajo gestos de aparente cercanía.
La soberanía no es negociable y la defensa de la dignidad se fundamenta en la coherencia entre principios internacionales y gestión interna; las advertencias sobre la conducta injerencista de la embajada estadounidense son un llamado a reflexionar sobre los verdaderos propósitos de la política exterior de Washington y una reafirmación del derecho de Cuba a construir su propio futuro libre de imposiciones y respetando la soberanía de todas las naciones.
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