Nueva Gerona, 12 feb (ACN) Los muros del antiguo Presidio Modelo aún guardan ecos de aquel canto rebelde que, hace 72 años, desafió la presencia del dictador Fulgencio Batista en la entonces Isla de Pinos desde 1978 Isla de la Juventud.

Hoy, la Marcha de la Libertad vuelve a traspasar la historia, para recordar a las presentes generaciones de cubanos el coraje de los jóvenes moncadistas negados a rendirse incluso tras las rejas.
El 26 de julio de 1953 marcó el inicio de la epopeya, cuando un grupo de combatientes, bajo el liderazgo de Fidel Castro (1926-2016), asaltaron los cuarteles Guillermón Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, principales fortalezas militares en la otrora provincia de Oriente, para redimir a Cuba de la ignominia.

Apresados y procesados judicialmente por la causa 37, 26 de aquellos revolucionarios sobrevivientes a la masacre, fueron confinados en el reclusorio nacional para hombres.
Cuentan los anales que, durante una visita oficial de Batista al reclusorio el 12 de febrero de 1954, Juan Almeida (1927-2009) se subió a un muro y, al distinguir al dictador en el centro de la comitiva, avisó a sus compañeros.
Lo que no imaginó el tirano era que, en ese mismo instante, los presos se atreverían a entonar el himno que desafiaba la dictadura; ese acto, fue considerado una afrenta directa al régimen.

Inmediata y brutal fue la respuesta, Fidel fue conducido a una celda individual, donde permaneció hasta su excarcelación el 15 de mayo de 1955, mientras Ramiro Valdés, Oscar Alcalde, Ernesto Tizzol e Israel Tápanes —una vez trasladados a celdas de castigo durante 15 días— estuvieron sometidos a torturas y vejámenes.
En tanto, a Agustín Díaz Cartaya, preso número 3842 y autor del himno, lo ingresan en la sección destinada a enfermos mentales, donde sufrió severos martirios.

Hace dos décadas, en el actual Monumento de la República de Cuba, se colocó una tarja de mármol que perpetúa la imagen de Díaz Cartaya junto al texto de la marcha que los moncadistas entonaron a coro.
Esa composición la encargó Fidel Castro el 19 de julio de 1953 a su autor, en la finca Santa Elena, durante la práctica de tiro previa a los asaltos a las fortalezas militares de la tiranía en el oriente del país.
La Marcha de la Libertad, devenida en Marcha del 26 de Julio, no es solo un himno: es el símbolo de la resistencia y convicción de un pueblo que supo transformar su voz en bandera y su canto en memoria eterna.
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