La promesa rota: cuando occidente negó las armas a Las Villas

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Foto cortesía de la fuente
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08 Febrero 2026

Santa Clara, 8 feb (ACN) Meses antes del alzamiento en armas de Las Villas contra el colonialismo español el 7 de febrero de 1869, mientras en Santa Clara se cosían banderas y se fundían plomos, dos patriotas de la región central emprendieron un viaje crucial hacia La Habana con el objetivo de obtener apoyo para los mambises que ya se batían en Oriente desde finales de 1868.

   Miguel Gerónimo Gutiérrez y Eduardo Machado —presidente y secretario, respectivamente, de la Junta Revolucionaria de Las Villas— buscaban en la capital cubana lo que no tenían en su provincia: armas, recursos y el apoyo de otros terratenientes y hacendados.

   Hedy Hermina Águila Zamora, historiadora de Santa Clara, relató a la ACN que el destino de ambos era la oficina de José Morales Lemus, jefe de los reformistas en el occidente de la isla y figura clave en los círculos de poder habaneros.

   Lemus, aseguró, simpatizaba con la causa independentista, pero con la condición de que la guerra no tocara los ingenios cercanos a La Habana.

   La reunión fue tensa, cargada de pragmatismo político; Morales Lemus prometió enviar pertrechos a través del puerto de Granadillo, una vía discreta ubicada en la costa del actual municipio villaclareño de Encrucijada.

   Les dio esperanzas, les hizo creer que la ayuda llegaría, señala Águila Zamora, pero tras la promesa vino la advertencia de que bajo ningún concepto las fuerzas villareñas debían avanzar hacia el oeste.

   Esa condición no era casual, analiza la historiadora, pues el occidente era el corazón azucarero de Cuba, con grandes dotaciones de esclavos y hacendados influyentes; Lemus representaba esos intereses y su apoyo tenía límites geográficos condicionados por intereses de clase.

   De regreso a Santa Clara, Gutiérrez y Machado transmitieron la noticia de que la ayuda estaba en camino; durante meses, entre noviembre de 1868 y febrero de 1869, los conspiradores de Las Villas organizaron el alzamiento contando con aquella promesa de los capitalinos.

   Movilizaron a miles de hombres con la certeza de que las armas llegarían, describe Águila Zamora; fue un acto de fe en medio de la conspiración.

   Pero febrero llegó y los barcos no aparecieron en Granadillo, ni en ninguna parte; las escasas 200 armas con las que contaban —la mayoría escopetas viejas— eran insuficientes para los más de cinco mil alzados de la región central.

   La promesa de La Habana se evaporó justo cuando más se necesitaba, subraya la investigadora, fue la primera gran decepción estratégica de la guerra en las zonas aledañas a Santa Clara. 

   El incumplimiento de Lemus no fue solo una traición logística, sino sobretodo política; su actuación reveló la fractura dentro del independentismo y la unidad nacional, argumenta Águila Zamora.

   Mientras el oriente y el centro se jugaban la vida, el occidente protegía su riqueza; la Junta Revolucionaria de La Habana nunca envió los recursos, y los villareños lo supieron en el momento más crítico.

   Este episodio, según la historiadora, marcó el destino posterior de la campaña; la falta de armas condicionó toda su estrategia y los obligó a depender de lo que pudieran capturar al enemigo, a moverse con más hombres que fusiles, y finalmente, los impulsó a marchar hacia Camagüey, en busca de apoyo oriental.

   Los principales líderes de Las Villas murieron en la Guerra de los Diez Años, muy jóvenes y sin poder regresar a combatir en su tierra natal; las fuerzas cubanas fracasaron sin poder contar nunca con el respaldo real de La Habana. 

   A 157 años de aquella promesa incumplida, el episodio sirve como recordatorio de que la unidad independentista no fue perfecta, y de que algunas batallas se perdieron, desde el inicio, en las decisiones de quienes prefirieron guardar sus recursos antes que arriesgarlos y sumarse a la lucha por la libertad de toda Cuba.


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