El pelícano pardo sobre el río Las Casas de Isla de la Juventud (+Fotos)

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ACN - Cuba
Ana Esther Zulueta I Fotos: Yoan Pérez González
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25 Enero 2026

Nueva Gerona, 25 ene (ACN) Como cicatriz de agua que acompaña la vida diaria de los pineros, el río Las Casas divide en dos esta ciudad cabecera de Isla de la Juventud, donde cada invierno se despliega el espectáculo que atrae miradas y comentarios: los pelícanos pardos. 

    Con sus alas extendidas, el Pelecanus occidentalis occidentalis —descrito por Linnaeus en 1766— es la especie que habita las aguas cálidas del mar Caribe y precisamente en esta estación del año se hace más visible sobre el principal afluente de la casi bicentenaria Nueva Gerona (1830).

   De pronto, uno de esos ejemplares se lanza en picada desde varios metros de altura, rompe la superficie del río, el agua se agita y, en cuestión de segundos, el ave emerge con el alimento atrapado en su bolsa gular, esa piel inflable que lo caracteriza. 

   Bajo la mirada, a veces fascinada, de los transeúntes que cruzan el puente de hierro, la escena se repite una y otra vez, como un ritual que parece eterno, porque ellos no son visitantes ocasionales, han hecho de este paraje y sus alrededores un espacio de caza y descanso,  simplemente flotando en pequeños grupos sobre la corriente. 

   Símbolo de las costas americanas, al Pelecanus occidentalis occidentalis —de 1,2 a 1,5 metros de longitud— le singulariza el plumaje predominantemente pardo y la cabeza blanca que se torna amarilla en época de cría, el largo pico, acompañado de la bolsa gular, herramienta distintiva y eficaz para capturar peces en abundancia.
   Este es un escenario natural donde la vida urbana se entrelaza con la riqueza de la fauna costera, entre las especies más visibles y emblemáticas, además de la gaviota, destaca precisamente este ejemplar, una de las ocho variedades de pelícanos existentes en el planeta, cada una con rasgos únicos y adaptaciones específicas a su entorno.

   Se trata de aves que anidan en colonias, generalmente, en cayos deshabitados y manglares, donde encuentran refugio seguro para el cuidado de las crías en el que ambos padres participan de la incubación de los huevos con la piel de sus patas, un rasgo singular entre las aves marinas. 

   Los más viejos cuentan que hace décadas los pelícanos eran menos presentes, amenazados por la contaminación y la disminución de peces, pero hoy, tras la recuperación de sus poblaciones en el Caribe, vuelven a ser protagonistas del paisaje pinero como símbolo de resistencia y adaptación.


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