El Cafetal, donde se unieron las banderas insurrectas de Las Villas

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ACN - Cuba
Y. Crecencio Galañena León | Fotos cortesía del entrevistado
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07 Febrero 2026

  Santa Clara, 7 feb (ACN) Amanecía el 7 de febrero de 1869 cuando los primeros grupos comenzaron a llegar a la finca El Cafetal, propiedad de José González en la actual demarcación del villaclareño municipio de Manicaragua; no venían solo de Santa Clara, llegaban también de Sancti Spíritus, Trinidad, Cienfuegos, Sagua la Grande y Remedios; era el segundo día del levantamiento y esta vez se trataba de unir a toda la provincia de Las Villas bajo un mismo grito.

   Hedy Hermina Águila Zamora, historiadora de Santa Clara, describe para la ACN el escenario: era una propiedad a dos leguas de Manicaragua y cinco de Santa Clara, lo suficientemente apartada para concentrar fuerzas, pero estratégicamente ubicada en el corazón de la región; aquí no solo se alzaban hombres, se alzaba la identidad de la región central de Cuba como territorio insurgente.

   La bandera que había ondeado un día antes en San Gil, poblado cercano a Santa Clara, volvió a desplegarse, pero ahora ante una asamblea multitudinaria; según registros de la época firmados por el patriota Eduardo Machado, superaban los cinco mil alzados; otros cronistas llegaron a contar entre siete y ocho mil.

   Águila Zamora señala que la paradoja era dramática porque tenían miles de hombres, pero apenas doscientas armas, la mayoría escopetas viejas.

   En medio de ese tenso optimismo, se organizó la Junta de Gobierno: Miguel Gerónimo Gutiérrez asumió la presidencia; Antonio Lorda, la vicepresidencia; Machado, la secretaría; para comandar las tropas, designaron a Joaquín Morales Enríquez y, como jefe de Estado Mayor, al polaco Carlos Roloff, cuya experiencia militar era vista como un activo invaluable.

   

Este alzamiento del 7 de febrero fue distinto en escala y propósito al del día 6, explica la historiadora; mientras el Grito de San Gil fue un acto de villaclareños, ahora se juntaban las seis jurisdicciones históricas de la zona, era la prueba de que la insurrección había prendido en toda la región central.

   Sin embargo, la sombra de la desunión apareció pronto, pues Gutiérrez abogaba por marchar hacia Camagüey para unirse a las fuerzas orientales y obtener armas, mientras que Machado y Roloff preferían avanzar al occidente, liberar esclavos y expandir la rebelión; “era el dilema estratégico de toda revolución: consolidar o expandir”, analiza Águila Zamora.

   Al final, prevaleció la idea de Gutiérrez; una razón poderosa los llamaba al este: la invitación a participar en la Asamblea de Guáimaro; partieron entonces hacia Camagüey no solo como combatientes, sino como constituyentes, llevaban consigo la legitimidad de un pueblo alzado, afirma la investigadora.

   Hoy, ese lugar de Manicaragua donde se dio ese segundo grito sigue siendo testigo silencioso de un día en que Las Villas dejó de ser una región sumisa y se convirtió en un frente de guerra por la independencia de la nación.


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