La Habana, 5 oct (ACN) El Ministerio del Interior (Minint) alertó hoy que la venta o entrega de bebidas alcohólicas a menores de edad constituye una conducta que compromete la salud, la seguridad y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, y puede generar responsabilidades administrativas, familiares o penales.
En un mensaje publicado en su perfil de la red social Facebook, la institución subrayó que la protección de la infancia frente al consumo de alcohol no es únicamente una responsabilidad familiar, sino que involucra a vendedores, instituciones y a toda la comunidad.
La Constitución de la República de Cuba reconoce la protección especial que merecen niñas, niños y adolescentes y establece la obligación de garantizar su desarrollo integral, principio que se relaciona con el deber de la familia y las instituciones de prevenir situaciones que dañen su salud o formación.
El Código de las Familias —Ley No. 156/2022— refuerza la responsabilidad de madres, padres y representantes legales en la supervisión, orientación y protección de los menores frente a hábitos perjudiciales.
Por su parte, el Código Penal —Ley No. 151/2022— permite valorar penalmente diversas conductas relacionadas con la utilización, inducción o exposición de menores a comportamientos perjudiciales, precisó el Minint.
La responsabilidad concreta dependerá de cada caso: la edad del menor, la conducta del adulto, la frecuencia de los hechos, el lugar donde ocurrieron y las consecuencias producidas, indicó la fuente.
No toda entrega de alcohol configura automáticamente un delito, pero eso no significa que sea una conducta aceptable o carente de consecuencias, advirtió el organismo.
El texto señaló que quien atiende un establecimiento, cafetería, mercado, bar o cualquier punto de venta no puede desentenderse de la edad de quien compra o recibe alcohol.
Ante la duda sobre la edad, corresponde actuar con prudencia: solicitar la identificación cuando proceda, negarse a realizar la venta y evitar que un adulto compre para entregársela al menor, precisó.
Los establecimientos deben impedir que sus espacios se conviertan en lugares de acceso fácil para el consumo de menores, lo que exige vigilancia, capacitación del personal y una actitud firme frente a estas prácticas.
El mensaje también advirtió sobre la normalización del consumo en el hogar, donde en ocasiones familiares o personas cercanas ofrecen alcohol al menor durante fiestas o celebraciones bajo el argumento de que es más seguro o que permite "enseñarle a beber".
La familia debe ser el primer espacio de protección, no el lugar donde se inicia o se normaliza el consumo, subrayó el Minint.
Madres, padres y cuidadores deben conversar con los menores de forma clara, sin burlas ni amenazas, y explicarles que el alcohol puede afectar su cuerpo, sus decisiones y sus relaciones.
La prevención también debe enseñarles a reconocer la presión de los amigos, a pedir ayuda y a alejarse de situaciones de riesgo.
Si un niño o adolescente llega a consumir alcohol, presenta signos de intoxicación o se encuentra en una situación de peligro, los adultos deben buscar atención médica inmediata y comunicar el hecho a las autoridades competentes cuando corresponda.
Proteger a niñas, niños y adolescentes no es tarea de una sola persona, sino un compromiso legal, familiar y humano, concluyó el Minint.
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