La Villa de Santa María del Puerto del Príncipe --hoy Camagüey- cumple su aniversario 512 este 2 de febrero, como una de las primeras siete fundadas por los colonizadores españoles en Cuba y América.
Es la capital de la mayor provincia cubana y comparte apelativo con ese territorio oriental, cuyo centro histórico resulta el más extendido entre todas las urbes del país. Se localiza a 550 kilómetros de La Habana por carretera y solo a una hora de vuelo.
Se le conoce por varias designaciones como la Ciudad de los Laberintos, porque tiene un singular e irregular trazado vial, por lo que a los visitantes contemporáneos se les recomienda auxiliarse de los anfitriones para no perderse o echar mano a un mapa local.
También se le llama La Villa Andariega, pues cambió su ubicación inicial en tres ocasiones. Nació en Punta del Guincho, Nuevitas, al norte de esos dominios. Después se situó en la ribera del río Caonao hasta su definitivo asentamiento entre los afluentes Tínima y Hatibonico.
Allí vieron la luz primera prestigiosas personalidades como el Mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz; el eminente descubridor del agente transmisor de la fiebre amarilla, Carlos Juan Finlay; la destacada escritora, Gertrudis Gómez de Avellaneda y Arteaga, y Nicolás Guillén, el Poeta Nacional.
Su apelativo actual lo debe al cacique Camagüebax, quien acogió amablemente a los conquistadores peninsulares, los cuales reciprocaron su gesto dándole muerte.
Orgullo de sus naturales, la parte más añeja de la localidad fue declarada Monumento Nacional en el siglo pasado y Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2008.
Mezcla de toques vetustos y de modernidad descuellan en su perímetro, donde existen numerosas iglesias, calles, callejuelas, callejones con plazas y plazuelas, e instituciones de diversos perfiles, con énfasis en las culturales, entre estas últimas la Casa de la Trova Patricio Ballagas.
Tal disposición de las edificaciones arquitectónicas, resulta única en Cuba y con semejanza a otras ciudades andaluzas de épocas remotas.
Y cómo no mencionar otro rasgo distintivo de Santa María del Puerto del Príncipe, los tinajones, esas panzudas vasijas de barro que pululan aún por doquier y usadas antaño para almacenar agua para beber. Se decía desde entonces que los viajeros que saciaban su sed en esos recipientes corrían el riesgo de estar siempre predestinados a retornar por esos predios.
Lo común entre los edificios de su rico patrimonio lo constituye el color rojizo presente en esos inmuebles y recipientes aportados por el barro, cualidad siempre ponderada por el mismo Guillén, quien nunca dejó de regresar a su Camagüey natal.
Ese villorrio colonial resultó, como otros de las diferentes regiones geográficas del patio, del interés de los piratas y corsarios, entre ellos Jacques de Sores (1555) y Henry Morgan (1668), quienes a su paso quemaron, robaron y se hicieron de cuantiosos botines.
Siguió el territorio prosperando hasta la actualidad y exhibe desde tiempos inmemoriales una rica historia de hitos de los que devino sede, como ser testigo del nacimiento de la primera obra literaria cubana redactada de 1604 a 1608: Espejo de Paciencia, del canario Silvestre de Balboa Troya Quesada, escribano del Cabildo.
Asimismo, su cementerio abierto en 1814 tiene la condición de ser el más antiguo de la nación aún en funciones. Su población presenció, además, la hazaña realizada en 1933 por los hispanos Mariano Barberán y Joaquín Collar, con su vuelo directo Sevilla- Camagüey.
Más cercana en fecha cobró vida la Universidad local (1967), la primera institución de su tipo creada por la Revolución.
Quienes presumen de ser originarios de estos lares, llenos de leyendas válidas para otro artículo independiente, se conocen por tres gentilicios: camagüeyanos, por estar así naturalizados; principeños por lo de Puerto Príncipe; y agramontinos por el apellido del guerrero mambí Agramonte, héroe de la gesta independentista de Cuba.
La antaño Villa de Santa María se muestra exuberante mediante la interrelación de un pasado conservado, aunque no al nivel de la espirituana Trinidad, con la contemporaneidad de su panorama urbano y cultural, y relevantes aportes en otras esferas como las ciencias, el deporte y las actividades económicas y productivas, entre ellas el turismo.
Sus oriundos son los ideales anfitriones para quienes frecuentan el territorio y optan por estancias, pasadías y recorridos antes o después de disfrutar del balneario de Santa Lucía, a 110 kilómetros de la ciudad capital.
A 512 años de su fundación, la bravía Camagüey no olvida sus ancestros ni su pasado andariego y glorioso. Con tales avales hace por su presente y futuro.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
