Cuando el huracán Melissa atravesó el oriente cubano, el 29 de octubre de 2025, dejó a su paso severas afectaciones en cultivos, infraestructuras y familias productoras que vieron desaparecer en pocas horas meses de esfuerzo.
Sin embargo, entre las huellas del fenómeno meteorológico comenzaron a abrirse paso las acciones de recuperación, con el acompañamiento de organismos e instituciones que contribuyeron a devolverle la vida a la tierra.
En Santiago de Cuba, productores de varios municipios afectados recibieron insumos y recursos destinados a restañar sus capacidades productivas, como parte del proyecto Recuperación de los medios de vida agrícolas y la seguridad alimentaria de comunidades vulnerables en el oriente de Cuba, impulsado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Central de Respuesta a Emergencias y el Ministerio de la Agricultura.

Andrés La O Moreno, productor de la finca municipal de semillas Atilio, en Palma Soriano, todavía recuerda cómo esa unidad, dedicada a la producción de semillas botánicas y agámicas, además de plantas medicinales destinadas al laboratorio farmacéutico, iniciaba su campaña productiva cuando Melissa provocó severos daños.
Después del huracán quedamos devastados, perdimos prácticamente todo el sustento. La ayuda de la FAO, con los recursos que hacían falta, fue un empuje esencial para seguir adelante, señaló.
Para Gisela Pérez Vargas, esposa de Andrés y representante del programa de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar en el municipio, más allá de los recursos materiales, el donativo significó una motivación para continuar, aunque queda trabajo por hacer en la recuperación.
Asimismo, reconoció que el vínculo familiar ha sido una fortaleza en el trabajo de la tierra, porque para ellos producir también constituye una manera de servir.
El apoyo recibido permitió recuperar estructuras esenciales y retomar el programa productivo. La finca recibió materiales para reconstruir áreas semiprotegidas, insumos para proteger plantas medicinales y medios destinados a la recuperación de la vivienda.

Actualmente avanza hacia una rehabilitación cercana al 90 por ciento y proyecta ampliar las áreas bajo protección, lo que permitirá incrementar producciones y aportar más alimentos a la comunidad.
La experiencia también se repite en otras unidades productivas de Palma Soriano, como la Cooperativa de Créditos y Servicios Ernesto Che Guevara, donde el usufructuario Edgar Fría Garlobo aseguró que la llegada de esos recursos representó una oportunidad para arrancar nuevamente.
Todo estaba destruido: las casas habían perdido sus techos, los cables y árboles estaban en el suelo, y en las vegas los cultivos colapsaron, pero había que levantarse otra vez y luchar por la vida, recordó.

Explicó que las producciones se afectaron considerablemente, sobre todo el plátano, debido a las intensas lluvias y al tiempo que el ciclón permaneció golpeando la zona.
Su propiedad, dedicada principalmente a cultivos de ciclo corto como lechuga, acelga y habichuela, recibió un módulo con herramientas esenciales para continuar la labor agrícola: carretilla, manta para reparar estructuras dañadas, mochila de fumigación, rastrillos, machete y botas.
A la FAO le agradezco con todo el corazón. Estos recursos son bienvenidos para trabajar y producir en beneficio del pueblo, manifestó.
Según Neisy González Reyes, ingeniera agrónoma y jefa del departamento de Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar en Santiago de Cuba, la intervención benefició a productores del municipio cabecera, Palma Soriano, Contramaestre y posteriormente Guamá, con mangueras, mochilas de fumigación, mallas de sombreo, bandejas para posturas y semillas, elementos necesarios para impulsar la campaña de frío y garantizar producciones de ciclo corto.
La distribución directa en territorios con complejidades geográficas y de transporte permitió una respuesta más rápida para más de 30 agricultores beneficiados, quienes acudieron con sus propios medios hasta los puntos de entrega para recoger los recursos, reincorporarlos a sus labores y garantizar alimentos en el menor tiempo posible, subrayó.

Historias similares se repiten en otros puntos del territorio.
En comunidades como Guamá, donde Melissa tocó tierra por la zona de Aserradero, la recuperación avanza entre caminos difíciles y paisajes que aún muestran las marcas del impacto.
Allí, en la finca El Cañón, comienzan a aparecer nuevamente las primeras cosechas de boniato y plátano, mientras bajo estructuras semiprotegidas vuelven a crecer cultivos como el ajo porro.
La productora Niuvis Bouvaire, administradora de esa unidad, refirió que para quienes vivieron ese momento no fue fácil, pues significó enfrentar un paisaje irreconocible; pero rápidamente se dio paso a la recuperación y hoy exhiben resultados con el compromiso de producir durante todo el año para la familia, trabajadores y el pueblo.
En La Prosperidad, Adrián Díaz también conoce el significado de empezar de nuevo. Reconoce el apoyo de organizaciones y entidades locales, así como la voluntad y fuerza de su familia y trabajadores, en aras de partir desde cero luego de años dedicados de estar pegado a la tierra.
Actualmente entrega producciones a la casa de abuelos, el círculo infantil, la granja urbana y la cooperativa de su comunidad.

De igual forma, en Papayo, consejo popular de ese costero municipio, Orbenis Lara Montero señaló que todavía existen limitaciones, porque trabajan prácticamente con lo poquito que encuentran, pero carecen de bastantes recursos para trabajar en la agricultura.
De ahí que el donativo recibido tenga un impacto directo, pues beneficia al campesino, centros sociales de la localidad y al pueblo mediante producciones a precios accesibles.
La recuperación agrícola en Santiago de Cuba continúa. La experiencia dejada por Melissa confirma que las acciones anticipatorias permitieron proteger capacidades productivas y reducir pérdidas, mientras la ayuda inmediata aceleró el regreso de los agricultores a sus campos.
En cada semilla entregada, en cada sistema de riego reparado y área recuperada no solo se restablece una finca: también se recupera la posibilidad de alimentar comunidades, sostener familias y demostrar que, incluso después del golpe de un fenómeno natural, la tierra puede volver a responder cuando encuentra manos dispuestas a trabajarla. (Nelson Hair Melik Marrero y Dayron Chang Arranz, ACN)
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