Miembro de la Marina de Guerra Revolucionaria, el joven René Rodríguez Hernández, de 27 años, forma parte de la dolorosa lista de los más de tres mil 470 hijos de este pueblo víctimas del Terrorismo de Estado establecido por el imperio de los Estados Unidos contra la isla, que ha traído lutos y lágrimas a la familia y que aún se mantiene con la pretensión de derrotar a una Revolución legítima y soberana.
En singular combate resultó muerto el valiente marinero, armado únicamente con su carabina M1 y su experiencia de guerrillero en el III Frente Oriental Mario Muñoz, en la Sierra Maestra; cuando, como integrante de la guarnición que protegía la industria, repelía una lancha artillada que ametrallaba la refinería de petróleo Hermanos Díaz, en la bahía de Santiago de Cuba, a unos 963 kilómetros de La Habana.
René, quien había contraído matrimonio solo tres meses antes con Noelia Bayard, estaba de guardia en Punta Gorda y pudo disparar unos 15 tiros antes de caer con el cráneo destrozado, debido a los proyectiles de ametralladora de grueso calibre y un cañón de 55 milímetros con los que la lancha pirata lo acribilló en la madrugada de aquel día, en que, además, hirieron gravemente al miliciano de apenas 19 años, Roberto Ramón Castro, quien cubría la posta de la Socapa.
Tan criminal sabotaje, ocurrido el 13 de marzo de 1961, tenía un objetivo clave: paralizar la producción de combustibles de esta cardinal industria y desestabilizar el abasto en el territorio oriental, cuando ya EE.UU. había decidido lanzar su invasión militar mercenaria, que en una primera instancia debía ejecutarse por esta región del país, según los planes concebidos por la CIA y el Pentágono.
De acuerdo con el diario Revolución, los impactos abrieron un boquete con más de cuatro pulgadas de ancho en la torre atmosférica de la planta de destilación y varias perforaciones en otros tres tanques, disparos que provocaron también un incendio sofocado en menos de media hora por los trabajadores de la refinería; gracias a tan gallarda actitud no ardió la instalación y parte de la ciudad.
Con el propósito de destruirla e interrumpir su proceso productivo, vital para la región oriental, la lancha rápida artillada con grueso calibre procedente de buque-madre Bárbara J., perteneciente a la CIA, penetró en la rada santiaguera encubierta por las brumas del amanecer y atacó las áreas de la “Hermanos Díaz”, mas la actitud resuelta de quienes protegían ese objetivo económico evitó que los daños fueran mayores.
Ese día el canciller Raúl Roa denunció el ataque terrorista en la ONU, mientras al resumir la conmemoración por el aniversario del ataque al Palacio Presidencial del 13 de marzo de 1957, cuando se pretendía ajusticiar al dictador Fulgencio Batista; el Comandante en Jefe Fidel Castro calificó de insólita la agresión a la segunda urbe cubana, en un país dedicado al trabajo, que no estaba en guerra con nadie.
“Que haya penetrado una nave de guerra artillada, a ametrallar una industria nacional, mientras se está hablando de que Cuba constituye un peligro para la seguridad del continente, es un hecho escandaloso”, señaló Fidel.
El Comandante en Jefe denunció que fue perpetrado por una nave militar entregada por los únicos que podían darle esa nave militar a los terroristas; el gobierno de Washington, y partiendo de las bases desde donde único pueden partir, de las organizadas por esa propia administración.
"Estamos condenados a que en los puertos nos asesinen cientos de obreros, a que nos quemen nuestras casas, a que violen constantemente el espacio aéreo nacional, a que envíen cargamento tras cargamento de explosivos para sabotear nuestras industrias (...) el derecho a matar a nuestros obreros, a asesinar a nuestros niños, el derecho a destruir nuestras industrias a cañonazos (...) atacaron una industria y asesinaron a un marino e hirieron a un miliciano", reveló.
Esta refinería había pertenecido al consorcio norteamericano Texaco y fue la primera de las tres existentes en la mayor de las Antillas que se nacionalizó, en agosto de 1960, por negarse a refinar petróleo crudo procedente de la Unión Soviética, lo cual se correspondía también con la política del gobierno yanqui para crear una crisis de desabastecimiento de combustible en la territorio nacional.
Después de que en marzo de 1960 el entonces Presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, ordenara a la Agencia Central de Inteligencia de su país, preparar una fuerza militar mercenaria para invadir a Cuba, aumentaron las llamadas por ellos acciones encubiertas, con el fin de crear en la población un estado de incertidumbre y temor favorable a sus intenciones de derrotar la Revolución con apoyo interno.
Detalles de este criminal sabotaje fueron resumidos en un informe del inspector general de la CIA, Liman Kirk Patrick, de octubre de 1961, que fuera desclasificado por la Casa Blanca en los primeros meses de 1998, constituyendo una prueba más de la práctica de Terrorismo de Estado del imperio frente a su vecina ínsula y su proceso revolucionario, política que sigue vigente 65 después.
El ataque a la refinería santiaguera tenía un doble objetivo: dificultar al máximo la vida del pueblo de la isla, al provocar molestas interrupciones del servicio de la electricidad y el combustible, a fin de dejar a los cubanos sin fuentes de energía ni transporte, un proceder criminal que el imperio, con su mandatario de turno Donald Trump, sigue aplicando hoy con mayor agresividad. (Aída Quintero Dip, ACN)
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