Sonia Valdés Sardiñas, especialista de segundo grado en Estomatología General Integral, imparte clases en la Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, pero desde hace tres años alterna con la crianza de abejas Meliponas, en las cuales descubrió un mundo intenso, ordenado, lleno de magia y placer, del que no pretende separarse jamás.
Ella relató a la Agencia Cubana de Noticias que conoció la vida de esos insectos, cuando notó que los árboles del patio de su casa no producían las frutas esperadas, y alguien le recomendó el uso de abejas meliponas para garantizar la polinización.
A las también conocidas como abejas de la tierra llegó de casualidad, después que una colega le regaló tres colmenas y le dio las instrucciones básicas para el correcto desempeño.
Reconoce que al inicio fue muy difícil, porque no sabía prácticamente nada, pero, como buena amante de la ciencia, comenzó a estudiar e intercambiar con expertos en esa variedad de insectos en Cuba.
Así poco a poco fomentó sus conocimientos y hasta ahora no reporta pérdidas ni daños considerables.
Sonia asegura que la creación, desde Cienfuegos, en julio del 2025 del grupo de Whatsapp Mujeres melipocultoras de Cuba aumentan los lazos familiares, en tanto que junto a madres, esposas e hijas poco a poco el resto de los integrantes se suman a la labor.
“Uno de los momentos más interesante es el manejo dentro de los recintos, esto atrae mucho la atención de grandes y chicos, primero por curiosidad, luego por interés, y al final logra motivarlos a iniciar la cría.
“El trabajo da resultados, ya tenemos en el grupo adolescentes y jóvenes con sus colmenas propias, muy disciplinados e interesados en proteger este insecto en peligro de extinción y del que depende la vida en el planeta Tierra.
“Unas 80 féminas con disímiles oficios y profesiones, residentes en diferentes provincias, conformamos el grupo para intercambiar ideas, experiencias y socializar los logros, también mostramos las dudas y hasta los errores que podemos cometer, todo con el noble propósito de crecer en los saberes”.
La también Máster en Atención Comunitaria de Salud Bucal dice que la agrupación femenina resulta una vía rápida y eficaz para visibilizar a las mujeres, pues muchas provienen de zonas muy apartadas o son simplemente amas de casas, con muy poca vida social.
Ese trabajo incide en aspectos de su existencia, tanto personal como laboral, porque llevó hasta su grupo de profesionales la dinámica de actuar como un colectivo unido. Además, puertas adentro de su casa hay cambios visibles: la atención a las colmenas la realiza junto a su esposo, según un cronograma establecido semanalmente.
“La administración del colectivo convoca encuentros por diferentes motivos, ya sea el aniversario del grupo o por el 20 de mayo, Día Mundial de las Abejas, y todos inician con una conferencia, charla o talleres y hasta allí van las criadoras, quienes son reconocidas por lo que hacen. Esto realza la autoestima e incide en el empoderamiento femenino”.
Otro de los aspectos que Sonia considera muy importante es la cultura ecológica necesaria en este quehacer para lograr la salud correcta, así como la reproducción de los animales hay que conocer sobre la flora y fauna que rodea los meliponarios, porque del entorno depende la vida de esos insectos.
Todo esto es maravilloso, asegura con sano orgullo: ver cómo con la cría de ese diminuto animal conocemos la integralidad de la naturaleza, la importancia que tienen todas las especies para el perfecto equilibrio ambiental y de qué manera cuidarlas.
Considera imprescindible resaltar que muchas integrantes avanzan más allá de la cría, ya dedican tiempo a otros menesteres entre ellos: la creación de velas a partir de la cera de las colmenas, o el innovador uso de un compuesto de tierra y agua para sellar los aposentos, sin omitir las destrezas que algunas tienen en la reparación y construcción de las “casitas” de las abejas.
“Las iniciativas son tantas y disímiles que preparamos un recetario con los productos que generan, los cuales son muy nutritivos y con muchas propiedades curativas”.
Sonia atesora varios reconocimientos profesionales en el sector de la salud, pero convertirse en una melipoproductora deviene propósito actual, aunque para eso necesita reajustar su cotidianidad porque las 24 horas del día no le alcanzan, afirma mientras sonríe.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
