A las puertas del aniversario 67 del triunfo de la Revolución y cuando Cuba se prepara para celebrar el centenario del Comandante en Jefe Fidel Castro, el 13 de agosto de 2026, en Santiago de Cuba se avivan los recuerdos hacia el invicto líder de quienes apenas lo conocieron, de los que quisieron tocarle las manos o darle un abrazo y de los privilegiados de tenerlo bien cerca y dialogar con él.
Entre estos últimos está el ingeniero civil René Blanco Heredia, que no ha olvidado ningún detalle a más de 30 años de su intercambio con el Líder Histórico de la Revolución, en abril de 1986, sobre el funcionamiento de la textilera Celia Sánchez Manduley, de la Ciudad Héroe.
Hoy jubilado, rememora que el 26 de julio de 1983 Santiago de Cuba fue escenario de la celebración por el aniversario 30 de la gesta moncadista, y el 27 el Comandante inauguró el gigante complejo textil, donde Blanco Heredia era jefe de la sección de control técnico constructivo de la inversión.
Tres años después de su puesta en marcha, Fidel vuelve a visitarla para analizar problemas de eficiencia en la industria y buscar colectivamente la solución, y en su condición de inversionista principal de la obra, René lo acompañó en el recorrido.
“Recuerdo que se interesó por las filtraciones del techo, una situación que afectaba al proceso productivo, pues era vital tener bien controlada la humedad y la temperatura del área de producción que incluía dos plantas: la de tejido de algodón y tejido de poliestileno”, dijo.
“Pero no se conformó, añadió, con mis explicaciones, quiso verlo con sus propios ojos y subió al techo por una estrecha escalera con una agilidad asombrosa.
“Me impresionó su forma de actuar, con tanta responsabilidad al ocuparse y analizar in situ pormenores de una fábrica de importancia para el país, en aras de hacerla eficiente y de lograr los objetivos por los cuales se había edificado. Fue una gran lección que influyó mucho en mi desempeño futuro”, subrayó.
“Percibí en Fidel un sentimiento de regocijo de que aquella fábrica llevara el nombre de Celia, la intrépida guerrillera. Nos solicitó inspirarnos en el ejemplo de la heroína a la hora de asumir la misión productiva que había por delante.
“Fue el momento más significativo de mi trayectoria laboral; a su lado, qué cubano no sentía orgullo de ser contemporáneo de ese hombre visionario y excepcional”, acotó.
Igualmente considera la jurista Solanch Sanz Suárez, para quien la juventud cubana adquiere cada día un nuevo y gran compromiso con Fidel, que la convocó a soñar y a construir un mejor país, una tarea de choque en la que precisa estar a la vanguardia para cumplir el mandato de su invicto líder.
El protagonismo de esta santiaguera fue crucial en la Batalla de Ideas liderada por el Comandante en Jefe. Cuando comenzó ella tenía la misma edad que Elián y sentirse parte de esa lucha por el retorno del niño al seno de su familia y a la Patria, era como exigir su propio derecho a una infancia feliz en esta tierra libre y soberana.
Cada jornada de esos días memorables generó un contexto idóneo para que los jóvenes asumieran decisivas misiones con la Patria, además de crecerse y demostrar que la Revolución podía contar con ellos para cualquier empeño. Ahí está la dimensión humana e impronta política del querido Comandante.
Por eso al pensar en Fidel, ahora que se ha marchado, quiero verlo como un Quijote de todos los tiempos y en todas las batallas, allí donde cada cubano siente por el más próximo, donde cada uno cumpla con su deber sencilla y naturalmente, subraya Solanch, ahora con 32 años y madre de una niña.
Quien fuera oradora de 10 Tribunas Abiertas de la Revolución y panelista en dos Mesas Redondas, en los primeros años del corriente siglo, afirma que no es posible pensar en la Batalla de Ideas, sin pensar necesariamente en la grandeza del pensamiento fidelista y de su capacidad de movilizar y aunar a las masas, con esa especial fuerza para vencer obstáculos y salir adelante.
“Fidel representa también la constante búsqueda de soluciones a los problemas y la infatigable voluntad de pensar a Cuba, por lo que seguir su ejemplo es seguir haciendo esa hermosa Revolución que nos legara, no solo en concepto, sino también en el cotidiano quehacer”, dice convencida de lo que expresa.
El doctor Edilberto Aguilera Aldana inscribe entre los premios de su vida las cuatro ocasiones en que estuvo muy cerca de Fidel, por su condición de estudiante primero y graduado de la carrera después; y las tres misiones internacionalistas en las que ha puesto el nombre de la Medicina cubana en los sitiales más altos.
“Integrar el Contingente de Ciencias Médicas Carlos J. Finlay fue gratificante para mí, decisivo en mi existencia, porque me ofreció el privilegio de tenerlo frente a frente, dialogar con él, y expresarle mi felicidad de poder poner mi granito de arena para hacer realidad su sueño de que un mundo mejor es posible”, recuerda.
Edilberto estuvo junto al Comandante en Jefe en 1982, cuando se constituyó el Contingente en La Habana; en 1988, al estar en el hospital Olo Pantoja, de Contramaestre, inaugurado por el Máximo Líder, también ese año en la graduación del “Carlos J. Finlay”, y en 2003 en la despedida para la misión en Venezuela.
“Todas esas vivencias e intercambios con Fidel creó en mí un mayor compromiso con mi país, con mi historia y, especialmente, con él, que es mi ídolo, mi modelo revolucionario, mi maestro”, confiesa con emoción Edilberto.
Con esa convicción ha cumplido varias misiones. Desde el 2019 está en Tanzania, donde ejerce como especialista en Urgencia y Emergencia Médicas en el hospital privado Bugando Medical Centre, en Mwanza, pero antes fue a Venezuela y a Brasil, “lo que me ha permitido crecer profesional y humanamente, y ser más patriota y más revolucionario, al apreciar la grandeza de lo que tenemos en Cuba.
Me recompensa evocar lo que aprendí del Héroe Nacional José Martí y de Fidel, su mejor discípulo, que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”, subraya el galeno santiaguero.
La humildad constituye la mayor virtud de una vida de entrega total a la Revolución como la de Antonio Samuel Matos Díaz, quien no conoció en persona a Fidel, sin embargo, tuvo el privilegio de ser escogido como ejecutor de la roca eterna que atesora, desde el 4 de diciembre de 2016, las cenizas del Comandante en Jefe en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, de Santiago de Cuba.
Hombre sencillo, discreto, apasionado, cualidades imprescindibles para asumir una histórica misión que no hubiera deseado acometer nunca, porque lo quería vivo para siempre, como tantos compatriotas que no concebían aún soltarse de sus manos.
“Pienso que esa selección respondió a mi aval de trabajo caracterizado por la disposición, entereza, lealtad y compromiso demostrados en 48 años de trayectoria laboral en la Empresa Constructora Militar número 1, de la Ciudad Héroe”, expresa.
“Ese alto honor, agrega, me fue concedido después de haberse aprobado en 2006 el proyecto del arquitecto Eduardo Losada, con su interpretación del entorno histórico de la obra que yo debía ejecutar para ser colocada bien cerca del Maestro Martí, además de Céspedes y Mariana, en ese sagrado altar de la Patria”.
Nunca imaginó que en 2009 siendo representante de calidad de la industria de materiales de su entidad pasara a formar parte de un reducido grupo de trabajo, asesorado por el General de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa Martín, para transformar una bloquera en un sitial especial donde se preparó el monolito amado por Cuba desde hace nueve años.
“Mi consagración a ese empeño me permitió asimilar mejor el sentido del momento histórico que me tocó vivir, es mi tributo íntimo a Fidel, mi modesto legado a la familia y, en particular, a Santiago de Cuba, donde realicé mi sueño y me vinculé ineludiblemente a la epopeya del Comandante en Jefe”, confiesa con emoción.
“Me consuela saber, añade, que Fidel nunca está solo, junto a ese grano de maíz donde cabe toda su gloria, está el pueblo que lo venera y evoca ante cada combate y sus amigos del mundo continuadores de su ejemplo; lo acompañan elementos alegóricos de su entrañable Sierra Maestra, los helechos y el jazmín de café del perpetuo verde olivo, las chinas pelonas de los riachuelos y los balaustres representativos de las columnas guerrilleras forjadas en la guerra”.
