Como faro de esperanza en una noche infinita de lluvia y poderosos vientos, los servicios sanitarios en Santiago de Cuba perseveraron en su misión de defender la vida ante el azote del huracán Melissa en el mes de octubre, en que mostraron su inquebrantable deber con el pueblo.
Historias sobre resiliencia y valentía en un escenario tan complejo figuran en no pocos centros del sector, sin embargo, resultan meritorias aquellas, en las cuales sobresalió el afán por proteger a embarazadas y recién nacidos.

De acuerdo con Herminio Cardona, director del Hospital Materno Tamara Bunke, de esta ciudad, expertos y nuevos especialistas aplicaron un plan de reducción de riesgos que permitió trasladar a las gestantes hacia locales seguros con las atenciones necesarias ante la cercanía del fenómeno meteorológico.
Alistamos condiciones con el personal preciso. Galenos, enfermeras, tecnólogos, camilleros y otros obreros se sumaron como voluntarios, se alejaron de sus hogares, parejas, hijos y familiares enfermos por días consecutivos para apoyarnos, narró con emoción.

Cuatro nacimientos marcaron la madrugada del 29 de octubre, en tanto las sonrisas agradecidas de las madres se convirtieron en fuente de energía para el gran movimiento recuperativo posterior a los embates de Melissa.
Según el joven médico, el colectivo se volvió una gran familia y codo con codo, en pocas semanas, repararon lo dañado, recogieron árboles caídos e higienizaron salas sin impedir la asistencia, con un latente sentido de pertenencia.
Entretanto, más de 10 nacimientos exitosos escribieron la historia de aquella noche infinita en el Hospital General Juan Bruno Zayas, donde dos enfermeras a cargo de 21 pacientes con cesáreas marcaron la diferencia en el servicio de posparto.

De acuerdo con Lisbeth Pérez, una de las profesionales de guardia, la transmisión de mensajes positivos a las mamas una vez cayó la tarde resultó fundamental para mitigar la preocupación surgida con los primeros embates del huracán.
Monitoreamos constantemente la temperatura, presión arterial y otros signos vitales de puérperas y neonatos, para prevenir cualquier manifestación negativa. No obstante, el cariño, la compañía y las conversaciones amenas se convirtieron en efectiva medicina en los momentos más tensos, afirmó.

Por su parte, la joven enfermera Amanda Pineda destacó el apoyo de otros trabajadores y acompañantes, indispensable ante la necesidad de reforzar la seguridad de puertas y ventanas durante el singular turno de guardia. Calificó de esencial la empatía en momentos tan complejos.
El puerperio quirúrgico constituye una etapa difícil para las madres, pues aflora una alta sensibilidad que puede afectar la recuperación, de ahí la relevancia de, aún con temores propios, contagiar con seguridad y serenidad a las hospitalizadas, en aras de mantenerlas sanas, expresó.
Así las dulces palabras de dos tímidas enfermeras sustituyeron la incertidumbre por confianza y convirtieron el miedo en sonrisas y anécdotas, en protección de progenitoras y bebés en tiempos de tempestad, para garantizar la llegada segura de nuevas alegrías a los hogares.
En medio de poderosas tormentas, y en la lucha por la recuperación, la sostenibilidad de los servicios de salud en la heroica Santiago de Cuba continúa erigiéndose como uno de los pilares de la Revolución cubana, a pocos días de celebrar su aniversario 67, fortaleciendo a diario el eterno compromiso del ejército de batas blancas con la vida.
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