A lo largo de la historia Santiago de Cuba se ha distinguido por ser un reservorio de tradiciones patrióticas, un escenario de efervescencia revolucionaria, donde sus hombres y mujeres batallan y escriben páginas de gloria por mantener inhiesta la bandera, un respeto ganado en el combate y en el trabajo creador que constituye estímulo para varias generaciones de cubanos.
Al Comandante en Jefe Fidel Castro le impactó la muy noble y leal urbe, a la que no vaciló en calificar como el baluarte más firme de la Revolución desde el triunfo, en 1959, por su apoyo incondicional a la lucha por la libertad; y el primero de enero de 1984, cuando le entregó el Título Honorífico de Ciudad Héroe, le dio un ¡Gracias Santiago!, que caló profundo en el alma de su gente.
Sentimientos similares ha provocado en su hermano de sangre e ideales, el líder de la Revolución Raúl Castro, quien le ha mostrado alta consideración a esa tierra indómita, a la que hay que mirar y seguir a la hora de salvaguardar los sueños de la nación, y donde sintió respaldo vital en los días de la guerra y los brazos extendidos en tiempos de la construcción de la Patria nueva.
El encanto y seducción de una ciudad que enamora a sus hijos fieles no fue nunca ajeno a Raúl, que la sintió valiente y protectora al ser uno de los atacantes en la gesta del Moncada, en 1953, y como expedicionario del yate Granma experimentó el respaldo de hermanos de lucha que levantaron en armas a Santiago, al mando de Frank País, para apoyar el corajudo desembarco, en 1956.
A su regazo venía una y otra vez a llenarse de su rebeldía, hospitalidad y heroísmo de siempre, en jornadas de sus celebraciones más connotadas como el 26 de Julio y el Primero de Enero, en días de amenazas y peligros, en tiempos en que como Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias había que “afilar” el fusil, cual machete mambí, para preservar el cielo y suelo soberano de la nación.
Su vínculo afectivo e histórico con la legendaria urbe fue muy especial; de tal manera que en los días de apremios como cuando el huracán Sandy azotó el territorio, en 2012, y lo dejó prácticamente devastado, ahí también estuvo Raúl, ofreciendo orientaciones, dando alternativas, caminos, cual adalid de la misma estirpe de Fidel y siguiendo el ejemplo de su Comandante en Jefe.
Acompañó a su gente patriótica, afable y generosa en la celebración del aniversario 65 del Día de la Rebeldía Nacional, en 2018, cuando enunció para toda Cuba y tan alto que debió llegar hasta los propios oídos del imperio: “Por difíciles que sean las circunstancias, por grandes que sean los desafíos, nuestro pueblo defenderá por siempre su Revolución Socialista”.
Con la experiencia que le otorga su veteranía revolucionaria y conociendo los peligrosos tiempos que vivimos por el espíritu belicista de los Estados Unidos, Raúl convocó a cuidar la unidad como la niña de los ojos, como nuestra principal fortaleza, al ser protagonista singular del aniversario 65 del triunfo de la Revolución, celebrado en el histórico Parque Céspedes de Santiago de Cuba.
Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio santiaguero de Segundo Frente, el cual está vinculado a una de sus obras más notables: la creación del II Frente Oriental Frank País, en el que mostró sus dotes de pelea y mando y se enamoró de la hermosa guerrillera Vilma, madre de sus cuatro hijos que lo convirtió en un padre y abuelo amoroso y dedicado.
Aquel paraje custodiado por las montañas de la sierra guarda evocadores e íntimos momentos para Raúl; allí fue erigido el mausoleo a los héroes y mártires de ese frente, vital durante la guerra de liberación nacional. Allí con visible emoción depositó las cenizas de su compañera de toda la vida, tras la muerte de la Heroína un aciago 18 de junio de 2007.
Las palabras que nunca hubiera querido pronunciar las expresó con profundo dolor en el homenaje póstumo a Fidel en su camino hacia a la inmortalidad, poco antes de sembrar sus cenizas en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, en masivo acto en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo cuando, ante un pueblo conmovido por la muerte de su invicto líder, exclamó: ¡Hasta la victoria siempre!
Consternado y firme, al despedir al revolucionario excepcional que se iba hacia otra dimensión de su lucha, juró defender la Patria y el Socialismo ante cualquier circunstancia, y lealtad a las ideas y la obra de un soldado ejemplar, el continuador martiano de la obra grande que nos hizo crecer como nación ante los ojos de un mundo que nos respeta y admira, acentuó.
Sus coterráneos se sienten honrados de tener a un compatriota recto y sensible como Raúl, sempiterno defensor de la paz y la solidaridad entre los pueblos, convencido de que un mundo mejor es posible, igual que su Comandante en Jefe, y el cual ha demostrado con los hechos ser un hombre de palabra, de ley, el más fidelista de los cubanos.
Con los pies en el estribo sigue el líder indiscutible de la Revolución, todo un símbolo que se mantiene de lleno en la pelea con su convocatoria de que sí se pudo, sí se puede y se podrá, enseñando y garantizando con su proverbial ejemplo a las nuevas generaciones encargadas de la continuidad de la Revolución.
Orgullo para esta nación soberana de haber tenido la prerrogativa histórica de contar, en la última etapa de contienda libertaria, con un adalid de la estirpe de Raúl que, como heredero de las sólidas tradiciones de lucha del pueblo, asumió con altura ética y revolucionaria el ideario de Fidel y el legado de los próceres de la independencia de la Patria y de la América nuestra.
Desde su singularidad ha mantenido viva la fuerza de la Revolución este patriota de épica e inspiración, que estará cumpliendo 95 años el próximo 3 de junio y recibe el cariño y el respeto del pueblo y, especialmente, de su Santiago querido, al que lo unen historia gloriosa y afectivos vínculos.
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