“A Fidel lo conocí en la casa de José (Pepe) Suárez, quien nos presentó, luego de una visita a la región de Pinar del Río”, afirmó en entrevista concedida por Ramón Pez Ferro, el único combatiente sobreviviente del asalto al antiguo Hospital Civil Saturnino Lora, realizado el 26 de julio de 1953, a fin de apoyar el asalto al Cuartel Moncada.
Con solo 16 años, mostró su rechazo al golpe de Estado de Fulgencio Batista. Pez Ferro fue presidente de la Juventud Ortodoxa en Artemisa, además de dirigente de la Asociación de Estudiantes. Desde el primer día se destacó en la lucha contra Batista: participó en numerosas manifestaciones, mítines de repudio y huelgas en el Instituto.
De 1952 a 1953, Pez Ferro era el Perfecto Guía de la Asociación de Jóvenes Esperanza de la Fraternidad (AJEF) y la representaba ante la logia; por eso tenía la llave del local.
“La impresión que recibí de él fue agradable; Fidel es una persona carismática. Me saludó con mucho afecto. Expresó su satisfacción con lo que se hacía en Artemisa; nos dio aliento y nos dijo: “Hay que seguir preparándose, hay que profundizar en los entrenamientos. Yo me marché. Esa impresión, ese contacto primero con Fidel, lo tengo muy presente también”, recordó.
Ramón Pez Ferro, como todos sus compañeros, tenía conciencia de lo cuidadoso que debía ser en la reunión que se iba a celebrar en la logia con Fidel, quien para entonces era conocido. Se había destacado por sus denuncias al Gobierno de Carlos Prío y el recurso que presentó ante el Tribunal Supremo contra el golpe de Estado.
Bajo la escasa luz proveniente del ala masónica, los futuros asaltantes escucharon las palabras de su líder. Fidel, después de reafirmar su satisfacción por cómo marchaban las cosas en Artemisa y en todo el país, expresó que debían estar preparados para el momento decisivo.
“Nos volvió a hablar de los objetivos del movimiento, de su carácter político-ideológico y de las ideas políticas que se iban a poner en práctica. Ratificó su confianza en nosotros y subrayó que era una obra puramente voluntaria, y esperaba que mantuviéramos la firmeza de siempre. Los compañeros hicieron algunas preguntas, no recuerdo cuáles, y él las aclaró. Fue una reunión breve”.
A la altura de tantos años, asegura que nadie tiene claro todo lo que dijo Fidel en aquellos momentos; pues allí no se escribió nada. “Sí recuerdo los temas de los que habló, porque eso nos llegó muy adentro”.
“El último contacto con Fidel fue poco antes de la acción, en la casa de Abel, donde aseguró que el movimiento estaba muy adelantado, que las cosas habían estado marchando bien, y nos halagó porque se veía que el movimiento en Artemisa estaba bien organizado. Señaló sentirse satisfecho de lo que habíamos hecho.
“Nos orientó que estuviéramos preparados porque próximamente iba a haber un entrenamiento de más envergadura, el cual duraría dos o tres días. Nos iban a avisar; debíamos crear condiciones en las casas para evitar cualquier situación que perjudicara la discreción hasta ese momento mantenida”.
Para entonces, ya los muchachos de Artemisa, que emplearon como centro principal de conspiración la Logia Evolución —aunque no fue el único—, se encontraban dispuestos a dar sus propias vidas por derrocar al tirano Fulgencio Batista.

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