Noche de brujas: ¿festejo inocente o invasión cultural? (+ Fotos)

Compartir

ACN - Cuba
Henrry Omar Pérez / Fotos: Autor
94
02 Noviembre 2026

   Hasta hace muy poco tiempo, el 31 de octubre pasaba por Cuba sin pena ni gloria, como cualquier otro día del año.

   Sin embargo, de unos años a esta parte, basta salir a la calle o asomarse a las redes sociales para ver cómo van ganando terreno las calabazas de plástico, las telarañas falsas y los disfraces de terror importados.

   No es que uno esté en contra de que la gente se divierta o de que los muchachos jueguen, pero el fenómeno invita a una reflexión que va mucho más allá de una simple fiesta de fin de semana.

   Lo que verdaderamente llama la atención —y hasta choca— es el contraste que vivimos a diario.

   Todos sabemos las dificultades reales que atraviesa el país para sacar adelante la programación cultural, falta combustible para mover a los artistas, escasean los recursos para sostener una peña campesina, las ferias del libro se acortan y hasta para armar las carrozas de las tradicionales parrandas de Remedios, Camajuaní o Caibarién hay que hacer verdaderos malabares y proezas populares.     

   Sin embargo, para montar una fiesta de Halloween privada o para vender disfraces y adornos en los negocios, los recursos aparecen de la nada, con una soltura que asombra.

   Es decir, lo propio a veces se frena por las carencias materiales, pero a lo ajeno le abrimos la puerta de par en par casi sin darnos cuenta.

   Ahí está el fondo del problema, no se trata de ponernos rígidos ni de prohibir nada, sino de entender qué estamos dejando atrás.

   Tenemos una cultura inmensa, viva y rica como pocas, el ritmo del changüí, el son que nos define, las fiestas campesinas de décima y punto cubano, o el orgullo parrandero del centro de la Isla, que es puro arte popular hecho a mano por el barrio.

   Esas no son postales viejas de museo; son las cosas que nos dan sentido, las que nos sostienen como pueblo cuando las cosas se ponen difíciles.

   La colonización cultural hoy no viene con barcos de guerra, entra suavemente por la pantalla del teléfono, por las series de moda y por los algoritmos del mercado.

   Si dejamos que ese consumo fácil nos gane la partida, corremos el riesgo de terminar avergonzados o indiferentes ante nuestras propias raíces, cambiando lo auténtico por un producto desechable de utilería.

   El reto que tenemos por delante no es encerrarnos en una casa de cristal, sino ponerle ganas, talento y recursos a lo nuestro.

   Hacer que las tradiciones no se queden sin tarima, que nuestros niños conozcan la magia que nace de su propia tierra y que sientan orgullo de ella.

   Antes de salir con una careta ajena, miremos bien adentro de nuestra propia casa, en nuestras calles, en nuestros campos y en nuestra memoria está todo lo que de verdad vale la pena defender y celebrar.


© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial