Cien años se cumplen este lunes 2 de noviembre de la clausura de los 1ros Juegos Centroamericanos que después pasaron a llamarse como se conoce en la actualidad: Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Vale recordar que la idea de efectuar estas confrontaciones nació en 1924 por iniciativa de la Sociedad Olímpica Mexicana que, después de la actuación de los deportistas del país de los aztecas en los Juegos Olímpicos de París, decidieron realizar un certamen entre países centroamericanos para aumentar el nivel competitivo de la región.
México, Cuba y Guatemala firmaron el acta de creación de esas justas en la capital francesa y dos años más tarde Ciudad México acogió a 269 deportistas de los tres territorios que el 12 de octubre de 1926 dieron vida a esas lides.
La fecha de inauguración, al decir del fallecido periodista Enrique Montesinos Delvaty, fue intencionalmente planificada para hacerla coincidir con el aniversario 434 del arribo de Cristóbal Colón a tierras de América.
Los anfitriones dominaron el medallero con 25 preseas de oro, 24 de plata y 18 de bronce, para un total de 67 metales.
Se situaron en la segunda plaza los cubanos, con 14 doradas, 15 de plata e igual número de bronce, mientras los guatemaltecos solo ganaron tres premios de bronce.
Ciento 10 cubanos compitieron en la capital mexicana en ocho disciplinas: atletismo, baloncesto, béisbol, esgrima, natación, clavados, tenis de campo y tiro.
Las grandes figuras del Verde Caimán resultaron el esgrimista Ramón Fonst Segundo y el nadador Leonel “Bebito” Smith y Polo.
Fonst, primer campeón olímpico cubano en la historia de las citas estivales, paseó las pruebas de florete, espada y sable, con un total de 24 victorias ante un revés.
Smith también se colgó en el cuello tres medallas de oro, al salir airoso en los 400 y mil 500 metros libres e integrar la cuarteta ganadora en el relevo 4X100 libres, junto a Carlos González, Alberto Gou y Gonzalo Silverio, quien se adjudicó otro lauro dorado en los 100 metros libres.
Los exponentes del campo y la pista realizaron la mayor contribución al botín cubano con 23 preseas en total, entre ellas cinco áureas, todos en las áreas de lanzamientos y saltos.
Pedro Rodríguez triunfó en impulsión de la bala, secundado por el mexicano Jesús Aguirre y su compatriota Ricardo Villar Kelly, en tanto Troadio Hernández subió al sitio más alto del podio en el lanzamiento del martillo.
Por su parte, Jorge Sanjurjo y Fernando Álvarez hicieron el uno-dos en la pértiga, al igual que Sergio Macías y Manuel Montes en triple salto y Luis Lewis y Luis Estévez en el lanzamiento de la jabalina.
El tirador Enrique Ross aportó un título en pistola libre, especialidad en la que el mexicano Miguel Peralta concluyó segundo y el cubano Antonio Guntín, en tercero.
Entretanto, el béisbol inició la senda victoriosa de los deportes colectivos, al conquistar el primero de sus quince banderines en esas porfías, en una competencia que terminó reducida a tres encuentros entre Cuba y México, únicos participantes.
Los nuestros aventajaron a sus adversarios con extrema facilidad como lo muestran los marcadores en los duelos que efectuaron, los cuales concluyeron con pizarra de 12 a cero, 10 a tres y ocho a dos.
Cuatro años después, en 1930, Cuba acogió por primera vez los Juegos regionales que contaron con una participación más amplia, pues asistieron nueve naciones y, además de la sede y México, Panamá se inscribió como la tercera representación en conquistar medallas del color más codiciado en estas justas.
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