Conocido es aquel hecho protagonizado por Giraldo Córdova Cardín, quien en la noche del 25 de julio no se presentó a la esperada revancha con Julio Rojas, porque la patria reclamó su presencia en una pelea más importante.
Dicen que el viernes 24 de julio, sobre las 2:00 de la tarde, se despidió de su papá Lázaro Córdova Soler, con el pretexto de que iba a Matanzas en busca de un trabajo que le permitiera mejorar el que hasta entonces desempeñaba, y que esperaba estar de regreso a tiempo para su combate del día siguiente, en la arena Rafael Trejo.
No hubo retorno, luego se supo la verdad de la causa de su derrota por no presentación cuando se difundió lo sucedido en Santiago de Cuba, donde más de un centenar de jóvenes liderados por Fidel Castro asaltaron al Cuartel Moncada y entre ellos estaba Córdova Cardín.
Nacido en el Cerro, el 5 de diciembre de 1930, cuentan que su padre, a quien apodaban Chaco, que había practicado el boxeo hasta llegar a semiprofesional, llevaba desde pequeño a Giraldo a los entrenamientos.
Siguiendo los pasos de su progenitor desarrolló una incipiente carrera sobre el cuadrilátero. Había celebrado seis combates, con cinco triunfos y una tabla, cuando con solo 22 años participó en el asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953.
Años después, en el periodo revolucionario, en su memoria comenzó a desarrollarse en Cuba el Torneo de Boxeo Giraldo Córdova Cardín, que primero tuvo categoría nacional al surgir en 1968, pero a partir de 1969 se convirtió en internacional hasta que en el 2017 dejó de realizarse.
Por las diferentes versiones del prestigioso evento desfilaron los mejores púgiles cubanos y varias figuras foráneas importantes como el Tigre de Taskent, Rufat Riskiek, campeón mundial en La Habana, 1974 y único extranjero que se impuso en dos oportunidades en la justa.
Igualmente, el alemán Richard Nowakowski, subtitular olímpico en Montreal, 1976, el venezolano Alfredo Pérez, medallista de plata en la justa del orbe de 1974, y el argentino Omar Narváez, por mencionar algunos.
En su honor la Escuela Superior de Formación de Atletas de Alto Rendimiento (Esfaar) lleva su nombre, lo mismo que en Ciego de Ávila existe una sala techada que se llama igual.
Como Giraldo muchos de los que ofrendaron su vida aquel 26 de julio de 1953 en la gesta heroica del Moncada tuvieron vínculos con la actividad deportiva.
El doctor Mario Muñoz Monroy, quien cumplió 41 años precisamente en esa jornada, practicó baloncesto, natación y aeronáutica. En el deporte de los aros y las canastas integró un equipo de Colón en la primera mitad de la década de los 30 del pasado siglo.
En esa misma ciudad organizó un Comité para recaudar fondos con el fin de construir una piscina.
A Renato Guitart le fascinaba el yatismo, al extremo de comprar una embarcación que bautizó con el nombre de Capitán Simbad.
Tomó parte en varias competencias efectuadas en la bahía santiaguera, auspiciadas por el entonces Club Náutico e incluso anotaba en un libro todos los incidentes.
También amaba la natación, el tiro, el baloncesto y poco antes de la acción del Moncada había incorporado en sus prácticas deportivas el levantamiento de pesas.
Por el deporte de los puños al igual que Giraldo Córdova Cardín se interesó Fernando Chenard Piña, quien jugaba fútbol y béisbol. Esta última disciplina apasionaba también a Hugo Camejo.
El Poeta de la Generación del Centenario, Raúl Gómez García, practicó el voleibol con el equipo del Instituto de Segunda Enseñanza de Güines, mientras Pedro Marrero tenía predilección por el balompié y la natación.
Todos estos jóvenes, además de esas ocupaciones, tuvieron dos grandes amores: la patria y el deporte.
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