Uno de los discursos del Comandante en Jefe Fidel Castro por el 26 de Julio más conmovedores y recordados, lo pronunció en el aniversario 20 de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, ante un pueblo eufórico por su presencia en el mismo escenario de los hechos de 1953, en Santiago de Cuba, cuando se reinició la lucha por la independencia de la patria.
En medio de sus palabras siempre aleccionadoras y visionarias en torno al significado del proceso emancipador y el proyecto social en marcha, Fidel citó unos encendidos versos del poeta e intelectual revolucionario Rubén Martínez Villena, que calaron hondo en el alma de la gente.
“Hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones; para vengar los muertos, que padecen ultraje, para limpiar la costra tenaz del coloniaje, para poder un día, con prestigio y razón, extirpar el Apéndice de la Constitución (…) para que la República se mantenga de sí, para cumplir el sueño de mármol de Martí (…) para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos la patria que los padres nos ganaron de pie”.
El auditorio, compuesto por compatriotas de todo el país y amigos del mundo, respondió con un cerrado aplauso ante un Comandante en Jefe que aseguró emocionado “…Desde aquí te decimos, Rubén: el 26 de Julio fue la carga que tú pedías”.
Realmente la acción de atacar los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes resultó un revés en el terreno militar, evaluado así por el propio Fidel, sin embargo tuvo gran repercusión y alcance desde el punto de vista político y moral, al constituir el motor pequeño que encendió la llama del motor grande para avivar el coraje y la decisión de conquistar el triunfo, ocurrido poco más de cinco años después.
Entonces se acabaron para siempre en el panorama nacional aquellos centros de vejámenes, torturas y crímenes como lo fue la segunda fortaleza militar del país, donde iban a parar los valerosos jóvenes que se rebelaban contra la ignominia de un régimen dictatorial como el de Fulgencio Batista y los que le antecedieron.
En el juicio por aquellos sucesos, recogido en la Causa 37 de 1953, celebrado en la Sala de Urgencia de la Audiencia de Santiago de Cuba desde el 21 de septiembre al 16 de octubre de ese año, en el que Fidel pronunciaría su alegato de autodefensa, denunciaría ante el Tribunal:
“No se mató durante un minuto, una hora o un día entero, sino que, en una semana completa, los golpes, las torturas, los lanzamientos de azotea y los disparos no cesaron un instante como instrumento de exterminio manejados por artesanos perfectos del crimen. El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y unos hombres indignos convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros".
Aún existen imágenes del pasado oprobioso que vivió Cuba y su pueblo, que revelan frecuentes marchas de madres enlutadas, pero sin temor a las represalias que exigían el cese de tanto horror contra sus hijos.
Por eso una de las medidas más enaltecedoras adoptadas por la Revolución, tras la victoria de enero de 1959, fue convertir los cuarteles en escuelas; así el 28 de enero de 1960 el otrora Moncada pasó a ser un gigantesco plantel, para la formación integral de niños y niñas en el interés de forjarlos como buenos seres humanos y buenos patriotas.
Cumpliendo la sentencia martiana de que "Hombres recogerá quien siembre escuelas", en el aniversario 107 del natalicio de José Martí, ese sitio siempre asociado al crimen y a la represión de toda idea de libertad, de progreso, se convertía en la Ciudad Escolar 26 de Julio, uno de los centros emblemáticos de la educación cubana.
Ese día hubo un momento de fuerte emoción cuando el Comandante Raúl cargó en sus brazos a la niña Temis Tassende, hija de José Luis Tassende, uno de los torturados y asesinados en ese antiguo cuartel el 26 de julio de 1953; su compañero asaltante expresó: “Y hoy aquí Temita, mira la obra de tu padre”, una cerrada ovación no lo dejó terminar.
El cuartel Moncada es más que un simple edificio, es un símbolo poderoso de la resistencia y el cambio social en Cuba; desde su papel como cuartel militar hasta su transformación en un plantel de enseñanza este lugar ha evolucionado con el tiempo como reflejo de los valores fundamentales de la Revolución cubana: educación, cultura, historia, justicia y libertad.
De tal manera allí cursaron la enseñanza primaria, con orgullo, muchos profesionales que engrandecen hoy con su desempeño la nación, y esa estancia dejó en ellos una huella revivida en cada asalto simbólico para reeditar la hazaña de Fidel y su tropa aguerrida, cuando retumban los nombres de los héroes y mártires y las voces de los participantes con un conmovedor: ¡Presente!
Para perpetuar tanto heroísmo de los atacantes al Moncada, en la Posta No. 3 se ha ubicado el Museo Histórico 26 de Julio, inaugurado en 1967 y 11 años más tarde declarado Monumento Nacional, por atesorar un valioso patrimonio en sus salas que resguardan ese suceso de la patria con pertenencias de los protagonistas y testimonios de lo que ocurrió ese glorioso día.
Solo un patriota como Fidel fue capaz de concebir y dirigir a la Generación del Centenario para acometer tan arriesgada misión, al sustentar sus ideales y criterios de soberanía apelando a las doctrinas de Martí, y quien en varias ocasiones encumbró la sentencia martiana de que “la libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.”
El Comandante en Jefe representó para Cuba el símbolo del compromiso eterno con la patria, a la que consideró sagrada, ara y no pedestal, igual que el Maestro; ese amor por su tierra lo convirtió en tenaz luchador contra el imperialismo y cualquier manifestación de dominación externa y en defensa de la soberanía, la justicia social y la paz.
Esa convicción no faltaba en sus discursos, en esa venerada tribuna para rendir homenaje al Día de la Rebeldía Nacional y a sus héroes y mártires, que compartía con compatriotas orientales y de las provincias destacadas en la emulación por el 26 de Julio; así como también con amigos que venían a expresar respeto a Cuba y a Fidel, quien trabajó para lograr un mundo mejor, convencido de que era posible.
Una de esas celebraciones muy emotivas para los santiagueros fue la de 1998, cuando se enarboló el lema: Defendemos el socialismo con firmeza inconmovible, con motivo del aniversario 45 de la heroica gesta, en que fue reconocido el territorio indómito, al ganar la sede para la conmemoración nacional por la fecha no solo por su historia, sino también por su espíritu patriótico, consagración y resultados de trabajo.
Ese año Santiago de Cuba obtuvo otro premio por la labor destacada y sostenida de los trabajadores y el pueblo, al merecer, además, los festejos por el aniversario 40 del triunfo de la Revolución, ocasión en que se escuchó con orgullo los pronunciamientos del máximo líder frente al Antiguo Ayuntamiento, en el Parque Céspedes, desde donde se dirigió a los cubanos el primero de enero de 1959.
Con vehemente lealtad el líder de la Revolución, Raúl Castro, estuvo al lado de su hermano de sangre e ideales, al que secundó en la epopeya moncadista y en el duro bregar del proceso emancipador de la isla, con un acápite singular al frente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias por casi cinco décadas y, después, al asumir la responsabilidad de primer secretario del Comité Central del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros por varios años.
Al depositar la continuidad de la Revolución en las nuevas generaciones y siguiendo el legado de su jefe, Raúl ha convocado siempre a cuidar la unidad como la niña de los ojos, nuestra principal fortaleza para preservar la pureza de la obra conquistada ante la necesidad del combate sin tregua contra el poderoso imperio, más peligroso aun con su escalada belicista de los últimos tiempos.
Igual que Fidel ha dado lecciones en las conmemoraciones de la gesta del Moncada, al analizar cuestiones internas de máxima prioridad, evaluar situaciones, celebrar logros y sentar pautas para continuar la marcha inexorable hacia el futuro o fustigar al enemigo histórico, que no se conforma con un país libre y soberano a solo 90 millas.
El noble y leal pueblo santiaguero ha tenido el honor de contar con su compañía y aliento en los días de apremio y en los de gloria, como en la celebración del aniversario 65 del 26 de Julio, en 2018, cuando enunció para toda Cuba y para el mundo: “Por difíciles que sean las circunstancias, por grandes que sean los desafíos, nuestro pueblo defenderá por siempre su Revolución Socialista”.
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