Mando Arreola
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09 Febrero 2026

  Mi primer encuentro con Fidel ocurrió durante el abanderamiento de la delegación deportiva prevista para los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, en 1999.

   El  Comandante en Jefe compartía con los deportistas y yo esperaba el momento de poder entrevistarlo y seguía sus pasos.

   Siempre pensé que el día en que tuviera la oportunidad intentaría preguntarle sobre un tema adecuado y nunca fuera de contexto.

   Al fin decidió terminar su conversación con los atletas y fui hacia él: “Comandante tengo una pregunta para usted”, mientras caminábamos hacia la salida del Coliseo de la Ciudad Deportiva. Hace 12 años, antes de los Juegos Panamericanos de Indianápolis, en Estados Unidos, usted dijo: Con el escudo o sobre el escudo, nunca sin el escudo ¿Es similar la situación actual?

   No entendió bien la pregunta y seguíamos caminando. Paramos en el pasillo escalonado que va hacia el vestíbulo de la instalación deportiva.

   La seguridad del líder revolucionario se preocupó, pasaban y me tocaban y yo me puse nervioso.

   Esperé la respuesta: “Yo creo que la situación actual es más difícil hoy”, contestó.

   Y no pude formular bien la segunda pregunta y por el asedio de los miembros de la Seguridad, decidí retirarme, pero Fidel me puso la mano en el hombro y comprendí que le gustó la pregunta y quería seguir hablando.

   Continuamos hacia el referido vestíbulo y se agregaron otros periodistas, Miguel Hernández, de Granma, y Enrique Capetillo, de la revista Bohemia, entre otros.

   Mantuvimos un largo dialogo en que Fidel relató sobre su paso a nado por la presa en el Hanabanilla y de la idea de crear piscinas en todas las provincias para que todos supieran nadar.

   Él se retiró y yo fui hacia Prensa Latina. Escribí mi nota, la editaron y transmitieron.

   Pasó más de un mes. Se celebraron los Juegos Panamericanos de Winnipeg, en los cuales los anfitriones hicieron trampa para que la nación caribeña no quedara en el segundo lugar por países.

   Varios canadienses con los que hablé me decían: “Tú crees que las autoridades de Canadá, uno de los siete más industrializados del mundo van a permitir que Cuba, una pequeña nación subdesarrollada, los supere en los Juegos. Algo harán para impedirlo.

   De ahí el supuesto dopaje del saltador de altura Javier Sotomayor, de robos en las decisiones en el boxeo y de dopaje entre los pesistas cubanos.

   Pero la delegación cubana se ubicó detrás de Estados Unidos en el medallero, pese a toda maniobra para que no se lograra ese objetivo.

   Al regreso de Winnipeg, Fidel estaba esperando a los deportistas. Se hallaba a unos metros separado de la escalerilla del avión que nos regresó.

   Yo estaba con un maletín muy grande y me daba pena bajar y hablar con él así. Me detuve en la puerta de la aeronave a la espera de que el líder revolucionario se apartara.

   Bajé tratando de que no viera, pero pese a la poca luz, me llamó: “Oye, oye, ven acá”, me gritó, y no tuve más remedio que presentarme.

   Quedé impresionado con la memoria de Fidel. Un mes antes habíamos hablado un largo rato, pero me identificó como periodista que participó en la cobertura.

   “¿Cuántas medallas conquistamos?”, preguntó.

   “Comandante, creo que quedamos en 69, porque quitaron las de los pesistas por dopaje.

   “¿Cómo, cómo fue eso?, continuó.

   “Los organizadores dijeron que había sospecha de trampa entre los pesistas y que sus medallas no valían para el cómputo total”.

   Fidel estaba rodeado de dirigentes del Inder, el presidente de la institución deportiva, Humberto Rodríguez, y de Alberto Juantorena, entre otros.

   A sus preguntas, Rodríguez y Juantorena respondieron y yo que estaba apenado por mi carga, pude salir de la escena.

   Ese fue mi segundo encuentro con Fidel.


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