Más que un grupo factor, esperanza en las venas

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ACN - Cuba
Flavia de los Angeles Contreras Vega | Foto de la autora
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03 Noviembre 2026

  No basta con sentir la sangre correr por las venas para saberla indispensable, quizás por su presencia segura en el cuerpo o por la certeza de que ahí estará en caso de necesitarla algún día más, cuando la premura aguarda en la entrada del salón de operaciones y la incertidumbre guía pasos, entiendes que más que un grupo factor en la lista, donar es vida.

   En 20 años de crecimiento y lecciones, jamás escuché en el hogar mencionar la importancia de esta acción, no supe de la desesperación que acompaña a quien busca sin encontrar, a quien intenta y falla y añora solo salir de la mala racha con su familiar recuperado y fuerte.

   Muchos ni siquiera llevan en la memoria la letra que acompaña el líquido vital, ni el signo, igual y diferente al de las clases de matemáticas, otros, pocos ante la inmensidad, colocan su nombre en esas hojas, útiles en emergencias y sinónimo de esperanza.

   Enseñanzas circundan a las situaciones difíciles, se entiende mejor al caminar por los pasillos fríos del hospital, al escuchar cómo el principal tema de conversación antes de programar una cirugía constituye la disponibilidad de sangre, la disposición de los donantes, y el camino familiar desde la sala hasta el banco que no resguarda monedas.

   Dar el paso, deviene en estos días golpeados por lo difícil de los tiempos, la acción más importante, porque la presión de la liga en el brazo, no se compara, con la que siente aquel familiar, que lucha entre letras, signos y requisitos y pide sangre urgente en los estados de WhatsApp.

   Nadie lleva el grupo factor en la frente o la palabra donante en el carné de identidad, entonces llegan también las situaciones que golpean y se convierten en oportunidad para conocer la bondad y la solidaridad de personas que cercanas o no, ofrecen una bolsa colmada de salud.

   Recuerdo los cuatro puntos rojos, los reactivos en la mesita llena de muestras y el portaobjetos, el pinchazo casi imperceptible y aquella muchacha que hacía bailar el trozo de plástico, mientras me decía: "no eres O, tu letra es la A, déjame ver el signo: ¡eres positivo!".

   Resulta difícil imaginar la facilidad para investigar este dato importante, entonces marché con el papel amarillo entre las manos y el A+ para siempre en la memoria, en esta ocasión no era la necesaria, pero algún día, estará mi brazo, la aguja y una bolsa llena, dispuesta a volver a dibujar la sonrisa en pacientes y familiares.


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