No es una realidad placentera la que marca el transcurrir de los días de la Cuba de estos tiempos. Pesa el agobio de duras carencias, trastornan el bienestar y el normal desenvolvimiento de la vida diaria, necesidades insatisfechas que el ciudadano medio de este país no imaginó padecer, tras la indiscutible bonanza y seguridad de tantos años de Revolución.
Es un hecho cierto que se ha tornado muy difícil la existencia y hasta el subsistir mismo en las condiciones actuales. Las potencialidades de realización humana se balancean en el columpiar de la incertidumbre, y la espera de lo que se alcanzará mañana solo parece a veces estar sujeto a la dimensión de la esperanza y la quimera.
Pero en medio de esta debacle real asombra cómo los hombres y mujeres sencillos que, en mayoría aplastante, pueblan este archipiélago, abrazan la convicción de que es posible salir adelante, como si estuvieran tocados por la fuerza de un vendaval. Esos son los que no piensan ni por un instante en abandonar la batalla; y empeñosa y resueltamente se levantan cada día con la convicción de la victoria.
No hay misteriosas razones. Es la energía que emana del amor por la obra hermosa que se ha construido con la voluntad de todos; ahí está la fuerza del poderoso impulso que sostiene a la nación frente al enorme desafío que significa no disponer en esta coyuntura difícil de los recursos mínimos: luz, alimento, medicina, transporte, higiene pública, agua...
Quienes imaginaron quebrar la resistencia del pueblo cubano al poner un cerco sobre cuánto es imprescindible para el desenvolvimiento de la existencia no fueron capaces de calcular el poder indestructible de ese elemento "real y maravilloso" que convierte en hazaña la resistencia y no deja extinguir los leños que son aliento y perdurabilidad de la soberanía. Los que "aman y fundan" han sido y serán los soportes de acero de la nación.
Aunque hoy se sufren en Cuba los rigores de un infortunio que debe mucho a la venganza fraguada en Washington contra el ejemplo de la Revolución, cabe recordar las alusivas estrofas de Nicolás Guillén que parecen escritas para este momento histórico:
"Yanqui de olfato canino, / cachorro de tu embajada/ que ya suelto, ya en manada, / ladras en nuestro camino:/ no conseguirás ladino/ llenarnos de sombra el día, / y ante la inútil porfía, / de aquí marcharás al cabo, / sin dientes, collar, ni rabo, / ni chapa de policía."
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