Cuando Jorge Sosa improvisa dibuja los versos con una maestría sin igual, los símiles y las metáforas genialmente engarzados convierten cada décima en una obra pictórica ilustrativa.
Quienes le conocen aseguran que el conocimiento y dominio de la técnica de la improvisación le dan un lugar privilegiado en el mundo de la espinela, esa realidad no le resta destreza para contestar con rapidez los pies forzados que surgen al calor de las controversias.
Este guajiro llegó al mundo el 2 de septiembre de 1955 en el poblado Tres Picos, de Cartagena, municipio de Rodas, provincia de Cienfuegos, y con el buen decir del poeta asegura que nació el día que comenzó a improvisar.
“La décima sale de mí y regresa, es una comunión personal muy difícil de definir. Siempre está conmigo, en mis penas, alegrías, resulta mi confidente más fiel, anda de mi brazo como la novia de la juventud devenida esposa de muchos años", asegura con vehemencia.
Sosa recuerda, entre los momentos más importantes de su vida, cuando desde pequeño disfrutó en su casa de encuentros de bardos, entre los que se encontraba asiduamente Luis Gómez, el Rey de la Carvajal.
Afirma que la rapidez en las respuestas de los contrincantes, la amalgama poética con que describían en solo 10 versos los temas que cantaban, marcó su vida para siempre.
Para él la mujer es una creación divina, la considera una obra de Dios que merece todo el amor y respeto del mundo por ser fundadora de vida, sostén espiritual de la familia, portadora de amor infinito y de una gracia sensual que hace honor a las musas del Olimpo.
En cuanto a la amistad, el poeta cienfueguero reconoce que un buen amigo es como la lectura preferida, compuesta por muy pocos libros, pero a los que vuelves una y otra vez.
La impronta de Sosa está recogida, junto a otros grandes de la improvisación, en discos como: Luis Gómez canta y cuenta, primera y segunda parte; Repentistas y Soy la décima guajira. Además de reiteradas presentaciones en el programa Palmas y Cañas, junto a Tomasita Quiala.
Inolvidable constituye el concierto en la Casa de las Américas para homenajear al Rey de la Tonada Carvajal, donde tuvo el placer de compartir micrófonos con ese grande de la música guajira
El paso de los años y la madurez le permiten la recopilación de su obra para el libro Huellas en el viento, que agrupa a los mejores pies forzados contestados por el creador, hilvanados en orden cronológico. El título está en espera de impresión.
Como tal, el repentismo lo llevó en tres ocasiones a Tacotalpan, en México, con motivo de las fiestas de San Miguelito, en las cuales la espinela cubana brilló y se alzó entre tantos concurrentes.
“La salud del canto improvisado acompañado del Punto Cubano, declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, al menos en la Perla del Sur, requiere una mayor atención de los decisores”, asevera.
Dice el entrevistado que deben retomarse los talleres de repentismo, las canturías en las diferentes comunidades y por supuesto el Festival Luis Gómez, que desde hace dos años no se realiza.
Muchos jóvenes están interesados en la décima y el repentismo, músicos bisoños añoran dominar el punto cubano, aprender, perfeccionar sus estilos, pero la falta de los espacios hace un tiempo habituales, afecta el buen desarrollo de esta manera cubanísima de hacer poesía, asegura.
Con 70 años cumplidos y casi todos ellos entre versos y canturías, espera que no muy tarde verá renacer los sitios donde el cantar guajiro se alce y convierta cada fiesta en un derroche de rimas y talento.
Sosa sabe que la pasión por el repentismo y la espinela marcan hasta los más íntimos instantes de su existencia, por eso confirma que sabe quién es porque la décima lo lleva del brazo.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
