Treinta y cinco años después, la actuación de Cuba en los 11nos Juegos Panamericanos que concluyeron en La Habana, el 18 de agosto de 1991, se insinúa como un suceso prácticamente irrepetible, si analizamos el desempeño de nuestras delegaciones en las últimas citas multideportivas, en medio de la difícil situación por la que atraviesa el país en la actualidad.
Pensar que la mayor de Las Antillas desplazaría a la poderosa representación de Estados Unidos de la cima del medallero continental, resultaba una quimera, aún con las ventajas que proporciona ser la sede de un evento de tal magnitud y la cantidad de estrellas a nivel mundial que poseía nuestro archipiélago, lo cual se ratificó un año después con la quinta posición alcanzada en la cita estival de Barcelona, 1992.
Afianzarse como la segunda potencia deportiva de aquel entonces en América desde Cali, 1971, condición mantenida en las versiones de Ciudad México, 1975; San Juan, 1979; Caracas, 1983; e Indianápolis, 1987; y sobrepasar su cifra récord de 80 títulos en la capital venezolana parecía lo más lógico.
Sin embargo, en medio del asombro general, en la justa que acogió la principal urbe del Verde Caimán y Santiago de Cuba como subsede, con la participación de cuatro mil 519 atletas de 39 naciones, los anfitriones se llevaron los máximos honores con una impresionante cifra de 140 medallas de oro, a las que sumaron 62 de plata y 63 de bronce, para un total de 265.
Aunque obtuvo una cantidad superior de metales (352), ) EE.UU. se agenció 130 medallas de oro, diez menos que los cubanos, por lo que descendió al segundo peldaño, algo que únicamente había ocurrido cuarenta años atrás, en la porfía fundacional en Buenos Aires, 1951.
En esa ocasión la representación de Argentina aprovechó la localía, para con 68 escaladas a lo más alto del podio dominar el medallero, pues los norteamericanos archivaron 46 premios dorados.
Luego, La Unión encabezó los Juegos en nueve oportunidades consecutivas desde Ciudad México 1955 hasta Indianápolis, 1987.
Fue Alberto Cuba el que abrió la insospechada hegemonía criolla con su triunfo en la agotadora prueba de maratón, el 3 de agosto de 1991, un día después que el Comandante en Jefe Fidel Castro, a las 6 y 45 p.m. pronunció las siguientes palabras: «Distinguidos invitados, atletas, compatriotas: declaro inaugurados los Oncenos Juegos Panamericanos. ¡Muchas gracias!».
Vendrían entonces 17 jornadas de intensas emociones hasta el 18 de agosto, cuando la selección masculina de voleibol recuperó el cetro perdido en 1983, al doblegar a Brasil, para archivar la medalla de oro número 140, que selló la cifra récord de coronaciones de nuestros deportistas en lides de este rango.
Ante su afición, los cubanos protagonizaron hazañas memorables, algunas constituyeron hitos como el triunfo de Mario González en 200 metros estilo pecho, para convertirse en el primer campeón de la mayor Isla del Caribe en natación.
Lo mismo sucedió con el elenco varonil de polo acuático que en presencia de Fidel conquistó su primer de título en este deporte, al derrotar a los norteamericanos.
Rioger Ramírez, monarca en plataforma de 10 metros, se erigió en el primer exponente del clavados del país en ocupar el sitio más importante en el estrado de premiación en alguna modalidad de esta disciplina.
La posta varonil de 4x400 integrada por Agustín Pavó, Héctor Herrera, Jorge Valentín y Lázaro Martínez conquistó la primera medalla oro de Cuba en esta prueba del atletismo.
Igualmente, en el llamado deporte rey, Liliana Allen marcó un hito, al ser nuestra primera fémina en consagrarse reina de la velocidad, tras salir airosa en 100 y 200 metros planos y formar parte del relevo 4x100, que entró segundo en la meta, detrás de Jamaica.
Los villaclareños Nélido Manso y Octavio Lorenzo abrieron el sendero dorado de las velas en este nivel al salir airosos en el snipe.
El boxeo se adjudicó 11 de los 12 metales áureos en disputa, solo se le escapó la faja de los 63.5 kilogramos que se ajustó el estadounidense Steve Johnston, mientras los forzudos se adueñaban de 29 de las 30 doradas.
Solo el venezolano Humberto Fuentes pudo quebrar el dominio de los halteristas de casa al superar en la prueba de arranque a Héctor Arzola, quien finalmente se coronó en envión y total, en la división de 52 kilogramos.
El béisbol consiguió su sexto gallardete sucesivo con varios hechos que le dieron más brillo al éxito como fueron los tres jonrones y seis inatrapables del tunero Ermidelio Urrutia en el choque decisivo contra Puerto Rico, labor que llamó la atención del Comandante en Jefe Fidel Castro, quien le preguntó si iba a llenar las gradas de pelotas y posteriormente se interesó por saber de dónde sacaba tanta fuerza siendo tan chiquito.
El desaparecido lanzador zurdo de Jovellanos, Jorge Luis Valdés Berrier, dejó sin jits ni carreras al equipo de Canadá.
Las judocas del profesor Ronaldo Veitía demostraron la extraordinaria calidad que tenían en ese periodo, al acaparar ocho de las nueve medallas de oro posibles.
Únicamente cedieron el reinado en la categoría de los 56 kilogramos, en la cual la norteamericana Kate Donahoo se apoderó del trono, en tanto a Kenia Rodríguez no le quedó más remedio que conformarse con el bronce.
En el atletismo la legendaria Ana Fidelia Quirós repitió su doblete de Indianápolis, 1987, en las carreras de 400 y 800 metros planos; y Javier Sotomayor estableció primacía para los Juegos en salto de altura, al elevarse sobre los 2 metros y 35 centímetros.
Lourdes Medina acaparó cuatro metales áureos y dos de plata en gimnasia rítmica, mientras que Erick López acaparaba similar cantidad de preseas del color más preciado y una de plata en gimnasia artística.
Los Panamericanos de La Habana coincidieron con el 65 cumpleaños del líder histórico de la Revolución, quien estuvo presente en la inauguración y la clausura de los Juegos, disfrutó de varias de las competencias, participó en ceremonias de premiación e intercambió con varios de los asistentes a la gran fiesta del deporte en este hemisferio.
Cuba resultó una gran anfitriona, sus representantes rubricaron la página más hermosa en estos certámenes, con la mencionada suma de 140 títulos que sirvieron para llegar sorprendentemente a la cima, demostrativa de la buena salud con que contaba el deporte en nuestra nación en aquella época.
Entonces, en el Nuevo Continente solo era superada por Estados Unidos, que retomó su puesto de vanguardia a partir de Mar del Plata, 1995 y mayoreaba ampliamente en Centroamérica y el Caribe, panorama que hoy por diversas razones se presenta diferente.
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