La fascinación de los académicos

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ACN - Cuba
Lino Luben Pérez | Tomada de la Academia de Ciencias de Cuba
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24 Febrero 2026

 Con la ley 1323 de 1976 sobre la Organización de la Administración Central del Estado, la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) surgió hace 50 años como un organismo administrativo con el status de Instituto Nacional.

   La decisión formó parte de un proceso que data del 20 de febrero de 1962, cuando Ley 1011 de la Revolución Cubana dio a conocer su Comisión Nacional organizadora, bajo la presidencia de Antonio Núñez Jiménez (1923-1998) e integrada por renombradas personalidades.

   Sin embargo, en 1980 adquirió rango ministerial y, por tanto, rector de la ciencia y la tecnología en el país, por el hecho de que le transfirió sus funciones el Comité Estatal de Ciencia y Técnica.

   Pero el perfeccionamiento de su alcance continuó en 1994, cuando asumió las estructuras de la Comisión Nacional de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y la Secretaría Ejecutiva de Asuntos Nucleares, y se convirtió en el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Nuevo ciclo en su condición de consultora

    Solo dos años después, en abril de 1996, por el Decreto-Ley 163, la ACC, integrada por expertos de relevantes méritos, representantes a título personal, con carácter honorario y en condición de académicos de la comunidad nacional, quedó establecida su condición actual.

   Sus objetivos principales están encaminados a contribuir al desarrollo de la ciencia cubana y a la divulgación de los avances científicos de la nación y universales, prestigiar su investigación de excelencia, elevar la ética profesional y su valoración social.

   Además, estrechar los vínculos de los científicos y sus organizaciones entre sí, con la sociedad y el resto del mundo, para lo cual cuenta con un Secretariado profesional que auxilia a sus Órganos de Gobierno en el desempeño de sus labores, Estatutos y su Reglamento, y un sistema de Comisiones temporales y permanentes y de Instituciones Auspiciadoras para avanzar el cumplimiento de sus propósitos legales.

    La pasión de los académicos cubanos por su colectivo se remonta a tiempos inmemoriales, exactamente en 1861, cuando la corona española demoró cerca de 40 años para autorizar la constitución de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, sucesora de la actual.

    Un mérito innegable alcanzó en la práctica por ser la primera de su tipo en América Latina y anteceder en el tiempo a la de Estados Unidos.

   Entonces, desempeñó un rol importante y útil, pues catalizó la pasión, la voluntad y la inteligencia de personalidades científicas en el plano individual, frente a un ambiente de indiferencia, cuando no de hostilidad de la época, que cambió por completo con su institucionalización hace cinco décadas.


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