La brillantez del abogado reivindicador de la historia

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ACN - Cuba
Orlando Ruiz Ruiz | Foto: Archivo
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28 Julio 2026

  La trayectoria de Fidel Castro en el complejo universo de la abogacía representa un legado único en la jurisprudencia cubana.

   Los procesos legales en que ejerció la defensa desde el propio momento en que se ungió la toga anticipaban ya su excepcionalidad y su palabra certera, armada con la fortaleza irrefutable de la verdad, despertó muy pronto el asombro en las cortes.

   En 1950, cumplidos los 24 años y sin vasta experiencia, sobresale al asumir su propia defensa en la Causa 543 del Tribunal de Urgencias de Las Villas, en ocasión de ser acusado por su participación en un acto político de protesta contra las disposiciones emitidas por el ministro de Educación, Aureliano Sánchez Arango.

   Su alegato “Yo acuso”, pronunciado en ese proceso, no solo adquiere trascendencia por ser una sólida denuncia de la política corrupta ejercida por el Gobierno de Carlos Prío Socarrás, sino también por hacer trizas las imputaciones legales que se le hacían y ante la demostración de la ausencia de pruebas para condenarlo resulta absuelto.

   Otro ejemplo que algunos habaneros de larga veteranía recuerdan aún es la intervención exitosa que Fidel hizo cuando vecinos de los barrios La Pelusa, La Timba y la Corea sufrieron un intento de desalojo de sus viviendas. Se enfrentó a jueces sometidos al soborno y logró vencer en este pleito, como lo hizo también en el central Merceditas donde se presentó el mismo atropello contra los campesinos por terratenientes locales.

   Entregado con pasión a las batallas por la justicia, durante esos primeros años como abogado radicaliza sus posiciones en la forja de la ortodoxia, y tras la vertiginosa consolidación de un liderazgo natural, encabeza el movimiento revolucionario que agrupó a los jóvenes de la llamada Generación del Centenario protagonistas del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

   Es precisamente la Causa 37 del Tribunal de Urgencias de Santiago de Cuba, en la que aparece como principal acusado por aquellas acciones militares, la excepcional y dramática oportunidad en que el joven revolucionario revela en toda su magnitud la brillantez del ejercicio legal y la capacidad oratoria.

   El trascendental alegato de autodefensa "La Historia me Absolverá", pronunciado por él con vehemencia y solidez de argumentos nunca antes vista en un tribunal cubano, deja atónitos a los magistrados que lo juzgaban, y de acusado pasa a ser el acusador que desenmascara los crímenes y la inmoralidad de la dictadura.

   Basta acercarse al contenido de algunos fragmentos de esta pieza única de la jurisprudencia nacional para confirmar la capacidad excepcional del abogado que sería luego el máximo líder de la revolución cubana:

   "Soy justo, comprendo que es difícil para un fiscal que juró ser fiel a la Constitución de la República, venir aquí en nombre de un gobierno inconstitucional, factual, estatuario, de ninguna legalidad y menos moralidad, a pedir que un joven cubano, abogado como él, quizás tan decente como él, sea enviado por 26 años a la cárcel."

(...)

   "... en este juicio se está debatiendo algo más que la simple libertad de un individuo: se discute sobre cuestiones fundamentales de principios, se juzga sobre el derecho de los hombres a ser libres, se debate sobre las bases mismas de nuestra existencia como nación civilizada y democrática. Cuando concluya, no quiero tener que reprocharme a mí mismo haber dejado principio por defender, verdad sin decir, ni crimen sin denunciar."

(...)

   "termino mi defensa, pero no lo haré como hacen siempre todos los letrados, pidiendo la libertad del defendido; no puedo pedirla cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión. Enviadme junto a ellos a compartir su suerte, es concebible que los hombres honrados estén muertos o presos en una República donde está de Presidente un criminal y un ladrón."

(...)

   "Condenadme, no importa, la historia me absolverá."


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