Al evocar este 26 de Julio la epopeya del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, viene a la memoria ese revolucionario excepcional de acción y de pensamiento que es el Comandante en Jefe Fidel Castro, y también cada uno de los integrantes de la corajuda Generación del Centenario que lo secundó en tan arriesgada misión.
Fidel tuvo la visión política y agudeza necesaria para escoger a los valientes hijos e hijas de Cuba que lo acompañaron en la épica proeza de concebir y dirigir el ataque a la segunda fortaleza militar del país, que significó el reinicio de la lucha por la plena soberanía de la nación comenzada por el Padre de la Patria, el 10 de octubre de 1868.
En el aniversario 73 del Día de la Rebeldía Nacional, que será celebrado en tiempos difíciles, pero con el mismo patriotismo de siempre, el pueblo rinde tributo a sus héroes y mártires y rememora con emoción el gesto altruista de los combatientes que el 26 de Julio pusieron en práctica la sentencia martiana, de que el verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber.
Entre ellos, con una trayectoria menos conocida, pero valiosa, está Hugo Camejo Valdés, quien iba a participar en las acciones del cuartel de Bayamo, vilmente asesinado tras los sucesos que estremecieron a toda Cuba, en 1953, por la intrepidez de los asaltantes que no querían dejar morir a José Martí en el año de su centenario.
De solo 32 años, soltero y sin hijos, nació el 7 de mayo de 1918, en Caimito de Guayabal, actual provincia de Artemisa, de donde su familia muy pobre y de extracción social obrera se mudó para Marianao, en La Habana, siendo él un adolescente que solo alcanzó el sexto grado y tuvo que dejar el estudio en la escuela pública por enfermedad.
Realizó diferentes faenas laborales desde niño, hasta que logró estabilizarse en un trabajo asalariado permanente como carretillero en una cantera, y alternativamente ayudaba a su madre que tenía un humilde quiosco de meriendas para trabajadores, pues sus ingresos no sobrepasaban los $720 al año.
Por ese tiempo, también Camejo Valdés estudió electricidad por correspondencia con Armando Mestre, uno de los asaltantes del Moncada, lo cual debió influir en las decisiones futuras de quien nunca abandonó el gusto por la lectura, afición que igualmente le resultó muy útil.
Así fue creciendo en sus convicciones hasta afiliarse al Partido Ortodoxo, fundado por Eduardo Chibás en 1946. Después conoció a Fidel Castro y se une al destacado revolucionario en la escalinata de la Universidad de La Habana como miembro de la lucha clandestina.
Por sus actividades políticas contra el dictador Batista es detenido varias veces, y por su firmeza y coraje lo designan jefe de la Célula del Movimiento 26 de Julio en Pocito, Marianao, integrada, además, por Agustín Díaz Cartaya, Pedro Véliz Hernández, José Testa Zaragoza, Rafael Freyre Torres, Rolando San Román de la Llama, Ángel Guerra Díaz y Luciano González, entre otros.
Como militante ortodoxo y el ejemplo de Mercedes Valdés, su madre, viuda y gran luchadora política que desde antes había hecho de su casa, en Marianao, un centro de combate contra la injusticia social y la corrupción, agrupa a varios de sus parientes y amigos del barrio en una de las más numerosas células con la que puede contar Fidel para el movimiento revolucionario que organiza.
Juntos participan en movilizaciones y adiestramiento militar en la Universidad de La Habana y en fincas del interior de la provincia, hasta que el 24 de julio de 1953 parte de su hogar, en San Celestino 152, en automóviles con unos 12 hombres de su grupo de Coco Solo y un primo, en viaje a Oriente. Como pretexto le dice a su madre que irá a Matanzas por cuestiones de trabajo.
Destinado al contingente que tenía la misión de tomar el cuartel de Bayamo, se alojan en la posada que funge como lugar de concentración; mas, después de la medianoche, junto con Pedro Véliz y Andrés García Díaz, sale a buscar a su primo Hugo González, quien se ausentó del sitio de acuartelamiento y, como a las 5:15 de la madrugada no han regresado, se ven imposibilitados de participar.
Capturados los tres cuando viajaban en un ómnibus con rumbo a Manzanillo, un militar los reconoció y los asoció con la acción en Bayamo, los detuvieron de inmediato y sometieron a prisión en el cuartel.
Luego los golpearon salvajemente y llevaron a una finca, amarrados por sus cuellos con una misma soga y arrastrados detrás de un jeep, por lo que dos agonizaron asfixiados.
Abandonados al creer a todos muertos, Andrés García Díaz, el único que sobrevivió pudo relatar lo sucedido; al fingir estar sin vida se escondió en unos matojos cerca del lugar.
Al marcharse los asesinos, una familia campesina lo atendió y logró reanimarlo, y más tarde se presentó a monseñor Enrique Pérez Serantes, arzobispo de Santiago de Cuba, quien le protegió.
La historia recoge este triste episodio en que son asesinados, el 27 de julio de 1953, los revolucionarios Hugo Camejo Valdés y Pedro Véliz, por lo cual la Patria y las nuevas generaciones de cubanos se inclinan ante su vertical postura en pos de la libertad de Cuba y les rinde honores.
Asimismo, a Fidel, Raúl, Almeida y Ramiro Valdés, a Abel, Boris Luis Santa Coloma, José Luis Tassende, Renato Guitart, el único santiaguero; Mario Muñoz Monroy, Jesús Montanés Oropesa, el poeta Raúl Gómez García, que hizo estremecer a Cuba con su “Ya estamos en combate”, entre otros que del sacrificio y desinterés personal tocaron la gloria para salvar a la vilipendiada nación.
Está latente el recuerdo de las dos únicas mujeres que participaron en la gesta del Moncada, Haydée Santamaría Cuadrado y Melba Hernández Rodríguez del Rey, de las cuales dijo Fidel en el juicio por los sucesos del Moncada: “Nunca fue puesto en un lugar tan alto el heroísmo y la dignidad de la mujer cubana”.
© 2026 Agencia Cubana de Noticias. Prohibida la reproducción parcial o total de este contenido si no es suscriptor editorial
