Justo en la intersección de las calles Luis Estévez y Martí, en el corazón de Santa Clara, una casa familiar se erige como testigo mudo de un hecho fundacional en la vida de Fidel Castro Ruz. No es un monumento oficial, sino la vivienda del abogado Benito Besada Ramos, un eslabón crucial en la biografía del Comandante en Jefe jefe.
En el año de su centenario, la ciudad recuerda que fue ahí, hace 76 años, donde un joven jurista recién graduado preparó su primera gran confrontación forense y política, la primera vez que Fidel Castro se defendió a sí mismo.
La relación entre Fidel Castro y Benito Besada se forjó en las aulas de la Universidad de La Habana, donde ambos estudiaron Derecho. Esa amistad estudiantil se transformó en solidaridad profesional en un momento decisivo, declaró a la Agencia Cubana de Noticias la historiadora de Santa Clara Hedy Hermina Águila Zamora.
En noviembre de 1950, Fidel, con 24 años y recién inscrito en el Colegio de Abogados, es detenido junto a su compañero Enrique Benavides en Cienfuegos. Ambos eran líderes de la Federación Estudiantil Universitaria y participaban en protestas contra medidas del ministro de Educación. Son trasladados a Santa Clara para ser juzgados. El proceso se fijó para el 14 de diciembre de 1950.
Fue entonces cuando Besada, ya ejerciendo en esa urbe, se convirtió en su apoyo clave. En la madrugada del 13 de diciembre, Fidel y Benavides llegaron casi al amanecer al hogar del santaclareño, visiblemente cansados.
Besada los acogió, ofreció desayuno y, como colega experimentado, se adelantó a la Audiencia para sondear el ambiente del tribunal y trazar la estrategia defensiva. Esa noche, Fidel durmió bajo el techo de su amigo, descansando, según el mito popular, sobre un libro que marcaría el tono de lo que vendría: “¡Yo acuso!”, de Émile Zola.
Al mediodía del 14, los tres se presentaron en la Sala de Justicia de la antigua provincia de Las Villas para la vista de la Causa 543/50. Benito Besada asumió la defensa formal de Benavides.
Cuando el presidente del tribunal preguntó a Fidel quién lo defendería, su respuesta fue contundente: “Yo asumiré mi defensa”.
Como ha señalado la investigadora Daily Sánchez Lemus, subdirectora de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado, “este es un documento de gran valor histórico porque se conoce la historia del alegato más famoso, pero esta es una historia que, aunque se ha documentado, es menos conocida y es una historia que hay que socializar”.
Lo que siguió no fue una defensa jurídica al uso. Fidel, vistiendo la toga, transformó el estrado en una tribuna política. Según el relato publicado años después por el propio Besada: “pronunció una alocución violenta; hizo una apasionada denuncia contra la política corrupta del régimen de Prío; la falta de garantías constitucionales; la malversación de nuestras riquezas...”.
Su alegato fue un valiente “yo acuso”, que apenas se refirió a los cargos en su contra para emplazar directamente a los gobernantes de aquella república mediatizada.
El historiador Abel Aguilera Vega, especialista del centro de estudios Fidel Castro, señaló que en esta causa Fidel “va a demostrar sus habilidades como líder de masas, principalmente en su defensa de las causas que él consideró que eran justas”, elementos que caracterizarían toda su trayectoria como abogado y como político.
En la sala el impacto fue absoluto: “Jamás en la Audiencia de Las Villas se había hablado en esos términos”, recordaría Besada. Contra todo pronóstico, el tribunal, visiblemente impresionado, dictó sentencia absolutoria.
Al salir, Fidel se dirigió a su amigo con una frase que resumía su convicción: “No importa la suerte que corramos, Benny, estas verdades había que decirlas”.
Por décadas, el expediente de la Causa 543 permaneció olvidado en los archivos de la Audiencia. Fue el periodista villaclareño Aldo Isidrón del Valle quien, en una acuciosa investigación, lo rescató para el patrimonio nacional en la década de 2010.
La pista inicial la había dado el propio Fidel en 1977, durante un discurso en Santa Clara, donde mencionó de pasada aquel juicio de su juventud. Isidrón del Valle localizó la carpeta rosada, y el hallazgo fue presentado a Celia Sánchez en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.
Hoy, una tarja en la esquina de Luis Estévez y Martí señala el lugar exacto de la casa de Besada. Más que un dato anecdótico, aquella estancia representa un momento de transición íntima y política: el paso del estudiante al profesional, la primera vez que el futuro Comandante en Jefe empleó las leyes como arma de denuncia masiva, y la ocasión en que una amistad se puso a prueba en la coyuntura del deber.
La primera autodefensa de Fidel en Santa Clara fue el antecedente directo de lo que sostendría el 16 de octubre de 1953 ante el Tribunal de Santiago de Cuba por los hechos del Moncada, cuando pronunció su inmortal alegato “La Historia me Absolverá”. En el año de su centenario, la ciudad donde Fidel ensayó por primera vez la autodefensa política lo recuerda y reivindica como uno de los suyos
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